Miércoles, 14 Junio 2017 00:00

Luces, grises y sombras - Por Néstor Scibona

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En vísperas del cierre del plazo para la presentación de alianzas en las PASO, con una campaña electoral polarizada y una sociedad dividida, es habitual que los diagnósticos políticos sobre la marcha de la economía sean binarios: todo bien o todo mal.

 

Sin embargo, el economista Ricardo Arriazu rompió ese molde al hablar en el 34º Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), realizado días atrás en Buenos Aires. Allí, no sólo reiteró una afirmación formulada hace cinco años, en el sentido de que el potencial de recursos de Vaca Muerta equivale a 22 veces el PBI de la Argentina y la coloca frente al desafío de dilapidarlos como Venezuela o aprovecharlos como motor del desarrollo futuro a la manera de Noruega, según la política energética que se adopte. También dividió en tres su diagnóstico sobre la actual situación económica, con luces, grises y sombras. “No todo es tan brillante, ni tan malo”, sostuvo.

Previamente, cuestionó el arranque de la gestión de Mauricio Macri al señalar que debió haber sincerado que la perinola argentina debía indicar “todos ponen” y no crear la sensación de “todos reciben”. En este sentido, consideró que poca gente era consciente al final de la etapa K que las facturas de gas cubrían apenas el 4% de los costos y que era imposible pretender un mayor flujo de inversiones en exploración y explotación de yacimientos no convencionales sin una recuperación de ese precio relativo. De ahí que luego elogió el acuerdo tripartito para reactivar la inversión en Vaca Muerta.

Al enumerar las “luces” de los primeros 18 meses del gobierno, el economista mencionó el fin del cepo cambiario, con la devaluación acompañada de un refuerzo de reservas (prestadas) para evitar corridas; el rápido acuerdo con los holdouts para reinsertar al país en los mercados financieros externos (a riesgo de endeudarse para atender gastos corrientes del sector público) y el resultado récord del blanqueo de capitales (116.800 millones de dólares). En el terreno productivo, a su vez, destacó que hubo “shocks sectoriales” para promover inversiones en la actividad agropecuaria, energía, comunicaciones y, parcialmente, construcción de infraestructura, que son hoy los que más crecen. A su juicio, otro dato importante es que, a pesar de los problemas presentes, en buena parte de la sociedad hay confianza en una recuperación económica a mediano plazo.

En el terreno de los “grises”, Arriazu utilizó la definición de lenta y heterogénea como denominador común para la reactivación de la economía, la baja de la inflación y el aumento de la inversión. “Vivimos por encima de nuestros medios, como lo demuestra el alto déficit fiscal, y debe haber más inversión privada para salir a flote”, expresó.

Aun así, explicó que entre abril y mayo la economía viene creciendo a un ritmo anualizado de 7% (frente a 0,8% en el mismo período del 2015), empujado principalmente por la construcción de obras públicas (en ambos meses subió más de 10% interanual) que va a crecer 15%, pronosticó. También la inversión bruta recuperó ritmo en el primer trimestre con una suba de 5,5% (frente a variaciones negativas de -7,7 y -8,2% en el tercer y cuarto trimestre del 2016), más acentuada en maquinarias (7,5%) y equipos de transporte (13,2%). En cuanto al consumo, estimó que está comenzando a crecer por sectores, como lo demuestra la suba de 35,3% en la recaudación del IVA de mayo, aunque exhibe bajas en industria, petróleo y comercio, mientras que buena parte del alza del empleo registrado se verifica en los monotributistas sociales y el blanqueo de empleo público. Según Arriazu, el fin de la recesión –que técnicamente ubicó en el tercer trimestre del 2016–, se nota ahora menos que en otras (como las posteriores al “efecto tequila” o la crisis global del 2009), porque la caída previa fue más corta y de menor magnitud, lo cual produce la sensación opuesta, pese a que estimó un repunte del PBI en torno de 3% para este año. A su vez, pronosticó una inflación de 24% anual, debido al impacto de las tarifas energéticas, pero también de las subas en cigarrillos, aceites, bebidas alcohólicas y servicios en los últimos doce meses.

Finalmente llegó el turno de las “sombras”, que ubicó especialmente en la inconsistencia entre la política de dureza monetaria para bajar la inflación y la política de expansión fiscal para reactivar la economía y el empleo.

El economista puso de relieve que el gasto primario del sector público se mantiene estable en el 2017 a pesar de la baja de los subsidios a la energía y que el déficit fiscal sube –en parte por la baja de algunos impuestos–, si no se incluyen los ingresos por única vez del blanqueo. Por eso sostuvo que estos datos refutan a los sectores de la oposición que hablan de un “ajuste salvaje”. También remarcó que varias provincias, que no identificó, están colocando deuda externa por encima de lo necesario y que la economía enfrenta un escenario de “déficits gemelos” (fiscal y externo), debido al ingreso de dólares para financiar el desequilibrio fiscal nacional y provincial, que se traduce en el deterioro del tipo de cambio real.

Para Arriazu, si bien el estancamiento del tipo de cambio funciona como un ancla para la inflación, no impide que aumenten los precios en dólares de los servicios no transables. Del mismo modo, sostuvo que el costo laboral unitario no descendió para las empresas y se ubica como el más alto del Cono Sur, a la vez que advirtió que, si suben mucho los salarios, la contrapartida será una menor actividad. Tras estimar para este año un déficit de 19.000 millones de dólares en la cuenta corriente del balance de pagos, ya que “las reservas suben debido a un endeudamiento excesivo del sector público”, repuso que eso no sería malo si se destinara a inversión, como en cualquier empresa, y que la reactivación de Vaca Muerta puede cambiar la tendencia. Aun así, estimó que no hay peligro en el corto plazo, pero que será necesario corregir el déficit fiscal y externo.

Como principales riesgos dentro de la zona de sombras, señaló a la incertidumbre por el resultado electoral de octubre que frena inversiones extranjeras y la crisis en Brasil, no tanto porque cada punto porcentual de caída del PBI repercute en una baja de 0,15% en la Argentina, sino por el riesgo de que se complique el acceso a los mercados financieros. Y como tercer factor señaló, finalmente, que “[Donald] Trump haga lo que prometió en la campaña”. Por eso sostuvo que el desafío es salir de los desequilibrios macroeconómicos después de las elecciones, para no seguir deteriorando el tipo de cambio real que juzgó muy bajo para la competitividad de la economía argentina.

Un dato importante es que, a pesar de los problemas presentes, en buena parte de la sociedad hay confianza en una recuperación económica a mediano plazo.

El desafío es salir de los desequilibrios macroeconómicos después de las elecciones, para no seguir deteriorando el tipo de cambio real.  

Néstor Scibona

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