Viernes, 23 Junio 2017 00:00

Dicen que no habrá inversiones mientras Cristina tenga chances - Por Marcelo Bonelli

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La decisión de Wall Street de no darle un espaldarazo a la nueva estrategia económica de la Argentina responde a una cuestión central: la posibilidad de que Cristina Kirchner gane la elección bonaerense y haga baza en la nacional.

 

El comité técnico de Morgan Stanley Capital Investment rechazó la re-categorización económica de la Argentina centralmente por ese riesgo.

Para los banqueros, la vuelta de Cristina frenará cualquier tipo de recuperación e impedirá reformas centrales para corregir los fuertes -aún no tocados por Macri- desequilibrios macroeconómicos. La Casa Rosada recibió un informe secreto, por parte del ministro de Finanzas. Luis Caputo comunicó que ese fue el motivo central del veredicto y del inesperado traspié en el exterior. Fue cuando informó sobre la colocación del exitoso pero también polémico bono a cien años. Caputo sostiene que un eventual crecimiento de Cristina pone en duda los fuertes avances de Macri. El gabinete económico –en su totalidad– se sorprendió ante la decisión de MSCI y no esperaba ese sacudón internacional. Así, la principal estrategia electoral de polarización que tiene Cambiemos se volvió en contra de las aspiraciones de atraer inversiones y de que Argentina regrese al atractivo mercado emergente. El Gobierno –como lo hizo CFK– profundiza la grieta para tratar de ganar las elecciones. Esa decisión espanta a los inversores. Peor aún: en Wall Street creen que si Cristina no triunfa pero tiene una buena performance, se extenderá el temor de un eventual retorno a la Casa Rosada.

El comité de Morgan Stanley tomó la determinación de no elevar la calificación de la Argentina después de muchas consultas con un centenar grupos de inversión. De ese sondeo surge el alerta que lanzó sobre el país: el escenario político y peligro Cristina no dan garantías. Por eso se utilizó un atajo político y no una evaluación económica para anunciar el revés internacional: “la irreversibilidad de los cambios (económicos) todavía necesita ser evaluada”. En otras palabras: falta saber quién gana las elecciones y como queda posicionada Cristina. Mauricio Macri -en estos 18 meses– tuvo una estrategia central: abrir su relación con el mundo y tomar medidas que normalicen los vínculos con los centros financieros internacionales. El Presidente lo hace convencido de una cosa: que así vendrán abundantes inversiones productivas que aseguren el crecimiento sostenido de Argentina. Hasta ahora, no tuvo éxito.

Pero ese esfuerzo choca con la posibilidad de la “vuelta de Cristina”. Nadie en el mundo y menos apresuradamente va a poner fondos importantes en la Argentina, mientras haya una chance para la líder de “Unidad Ciudadana.” Por ahora lo hacen en la bicicleta, porque su “viabilidad” política ahuyenta cualquier toma de riesgo productivo. Lo mismo se admite en la UIA y en ADEBA.

Cristina va asociada a Venezuela y esa imagen espanta a todos en el mundo de los negocios. Tampoco habrá inversiones fuertes mientras aquí exista impunidad, a pesar de las concretas pruebas de corrupción. Mañana –si es candidata– Cristina puede empezar a consolidar su protección judicial por 4 años.

En todos los contactos que tuvo Macri con los líderes internacionales (Angela Merkel y Mariano Rajoy por de pronto) aparecieron estas tres cuestiones: aval a Macri, advertencias por el persistente desorden económico y la impunidad frente a la corrupción. El propio Felipe González se lo dijo claramente. Aunque lo haya desmentido en público, en una reunión a solas, le comentó a Macri que no vendrán inversiones mientras exista impunidad sobre Cristina y no exista una condena judicial firme para la ex presidenta. De hecho –después de varios meses- aún no existe un solo anuncio de inversión desde España. El único que ocurrirá –para la Argentina significa un simple traspaso de activos– será la compra que concretará el BBVA del banco brasileño Patagonia.

El Gobierno se sorprendió por el dictamen de Morgan Stanley. Clarín habló el lunes con dos ministros claves y ambos estaban convencidos del regreso al mercado emergente.

Sucede que hubo tres informes secretos de Wall Street pronosticando lo que -al final- no ocurrió. Eso ratifica la endeblez de los analistas internacionales. Uno fue del propio Morgan Stanley, en abril, a cargo de Guilherme Paiva. Otros, el mismo martes, de Julio Zamora, del Citi, y el de Diego Celedon, del JP Morgan. También la ausencia de buena nota final del MSCI se debe a problemas irresueltos del propio Gobierno. Cuestiones económicas centrales que la Casa Rosada no aborda: la ausencia de un plan integral para corregir los desequilibrios y la imprevisibilidad que genera tapar solo con deuda los desajustes.

En Buenos Aires, el escándalo de “La Salada” puede complicar a Guillermo Moreno. Hace años en la UIA que lideraban Héctor Méndez e Ignacio De Mendiguren, se hizo una investigación sobre ese mercado. Participaron la Federación Textil y la Cámara de Indumentaria. Las conclusiones fueron tan fuertes que ninguno se atrevió a contarlas. Era la época de la persecución. En esos trabajos se confirmó que no solo Guillermo Moreno protegía la actividad ilegal. Sino, otra cosa: a cambio habría recibido financiación para sus actividades políticas. 

Marcelo Bonelli

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