Martes, 11 Julio 2017 00:00

Dólar impredecible, un riesgo dela flotación estilo Sturzenegger - Por Alcadio Oña

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Hacia mediados del mes pasado, el jefe del Banco Central usó un ejemplo de la cocina interna para mostrar lo bien que está funcionando el sistema de flotación del dólar.

 

Dijo que desde el levantamiento del cepo, “el 51% de los días el tipo de cambio subió mientras que en el 49% restante bajó”. Fue, también según sus propias palabras, una prueba de que ese es un precio “impredecible en contextos de flotación”.

No sin cierto asombro, por lo de “impredecible” para un mercado donde algún grado de certidumbre resulta esencial, lo escuchaban operadores que manejan las finanzas de fondos de inversión, de bancos y empresas de primera línea.

En los hechos, la explicación de Federico Sturzenegger apuntaba a otro objetivo: retrucarles a quienes lo acusan de alimentar una muy rentable bicicleta financiera, con el mix de tipo de cambio casi clavado y tasas de interés elevadas.

Lo cierto es que en los doce meses previos a sus declaraciones, el dólar había subido apenas un 15%, contra tasas del Central cercanas al doble y una inflación anual del 24% según la estadística del INDEC. Esto es, un trío de variables económicas clave notoriamente desacopladas.

Con la misma metodología, podría afirmarse que en las dos semanas que siguieron a aquellas palabras del jefe del BCRA el 93% de los días el tipo de cambio aumentó y sólo el 7% restante bajó. El fenómeno inverso también sería una muestra de cómo funciona el sistema de flotación.

Pero algo de ese contraste metió ruido: en tan poco tiempo el dólar subió alrededor del 8%, más de la mitad de lo que había subido en doce meses. Un salto demasiado brusco para un precio demasiado sensible.

“Es el estilo Sturzenegger, capaz de dejar que el dólar duerma durante meses y a la vez tolerar un brinco tan abrupto”, dice un analista que no milita entre los más críticos. Continúa: “Quizás pretenda demostrarles a los operadores que así son las reglas de la flotación y que a eso deben acostumbrarse”.

Pero también contrapone otros estilos al estilo de Sturzenegger: “Hasta los bancos centrales menos inclinados a meterse con los mercados actúan en los mercados, cuando juzgan necesario suavizar altibajos repentinos e inconvenientes. Porque nunca es bueno que allí haya mucho ruido”. Cita el ejemplo de los bancos de Brasil y de Colombia.

Seguramente dentro del BCRA han festejado la recuperación del tipo de cambio dado el retraso acumulado. Lo que no parece tan claro es que otras áreas del Gobierno hayan festejado el modo como se produjo. Y eso explica que un banco oficial hubiese salido al ruedo para enfriar la trepada del dólar.

Y si ese banco fue el Nación, como parece, allí estuvo la mano de Mario Quintana, uno de los vicejefes de Gabinete. Otro dato del mismo boletín: tras de replegarse jueves y viernes, aunque larvada ayer reapareció la demanda.

El problema detrás del problema es cuál sería, entre todas, la razón que impulsa la decisión de retener dólares o comprar dólares. Un especialista que ha pasado por el área financiera oficial la cuenta sin demasiados rodeos: “El nerviosismo nace del rol que Cristina Kirchner juega en la elección. O, mejor dicho, la probabilidad de que a ella le vaya bien, así no gane en la Provincia”. Ya ni hace falta agregar que ese temor está bastante difundido entre quienes operan con fuertes sumas de dinero.

Y luce igualmente claro que la mira va de los avatares del presente a lo que pueda ocurrir pasado octubre. Se sabe: son los riesgos que acarrea la polarización extrema cuando, aún desde el propio Gobierno, se agita el fantasma de la ex presidente.

Quizás eso explique cierto corrimiento en la estrategia oficial, como es el de poner ahora el foco en la corrupción kirchnerista y martillar sobre ese frente. Está visto: en el arte de la política hay cosas que sólo conocen quienes de verdad conocen del arte de la política.

Existe una cuestión adicional, nada despreciable por cierto, que ancla en los desarreglos de la economía. Y claramente en tres: el retraso cambiario; el notable déficit fiscal y una inflación que la rígida política monetaria del BCRA no termina de poner en caja.

Sobre el precio del dólar hablan el atractivo de las letras en divisas emitidas por el Gobierno y también los gastos en turismo al exterior, que crecieron 21% durante el primer trimestre o US$ 670 millones respecto de los ya abultados registros del año pasado.

El déficit fiscal implica endeudamiento y, de seguido, una oferta que sin la contrapartida de una demanda similar presiona a la baja del tipo de cambio.

Finalmente, la decisión de mantener altas sus tasas de interés revela que el comportamiento de los precios sigue fuera del radar del Central, tal cual sus autoridades admiten y podría ratificarse con el índice de julio.

Y si de trastornos se trata, para después de octubre ya están agendados incrementos en la luz, el gas y en el boleto del transporte. A propósito, a Sturzenegger no le cayó nada bien el nuevo aumento de los combustibles y hasta se metió con el ministro de Agroindustria, por una suba en el precio de la yerba.

Anclar las expectativas de devaluación suena ya a objetivo de hierro para la Casa Rosada. ¿Equivaldrá a imaginar un dólar menos impredecible en la flotación de Sturzenegger?  

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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