Martes, 01 Agosto 2017 00:00

Al fin dos sectores clave salen a escena: la industria y el comercio - Por Alcadio Oña

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Algunos brotes verdes ya había, pero ahora, después de meses y meses esperándolos, están apareciendo aquellos que en varios sentidos pesan fuerte sobre la actividad económica y tienen por lo tanto un valor diferente: los de la industria y el comercio tanto mayorista como minorista.

 

Un repunte del 6,6% en junio acaba de anotarle el INDEC a la industria. Pero hay otra forma de medir el rebote: el sector había transitado 15 meses en caída sobre 17 y en alguno de ellos llegó a bajar 10%.

Para el comercio la última estadística, de mayo, arrojó 4,5% positivo. Y si se le aplica el mismo procedimiento que a la industria la cuenta da: 11 meses en retroceso sobre 17, con un bache extremo del 8,5%.

Otra dimensión de lo que ambos sectores representan dice que entre los dos suman el 27% del PBI, o sea, que casi un tercio de la economía depende de cómo les vaya. Y una más, el empleo: juntos, ocupan cerca de 2,4 millones de trabajadores en blanco o un 30% del total.

Está a la vista, entonces, que una recuperación continuada de la industria y del comercio puede darle vigor a una economía que viene moviéndose desparejo. Habría sido desde luego mejor para el macrismo que esos brotes verdes hubiesen llegado antes de la campaña electoral, pero la demora misma habla de las limitaciones de la política económica oficial.

El sector agropecuario está en claro ascenso, solo que desde noviembre del año pasado y ya con el beneficio de la eliminación-quita de retenciones. También levantó la construcción, empujada al comienzo por la obra pública del tiempo político.

De nuevo, una cuestión de dimensiones. Acoplados, el sector agropecuario y la construcción representan el 10% del PBI o 17 puntos menos que la industria y el comercio juntos. Todo suma, aunque surge evidente que algunas cosas suman más que otras.

La recuperación de 77.600 puestos de trabajo formales, en blanco, durante los primeros cinco meses del año también es parte del escenario. Un dato alentador tras el crudo 2016, salvo por algunos otros que plantea un informe de la consultora LCG.

Uno de ellos revela que de cada 10 puestos creados, 6 son monotributistas o empleo doméstico; que 2 vienen del Estado y otros 2 del sector privado. Esto significa ocupaciones de muy escaso valor productivo.

El dato siguiente del informe cuenta que la industria todavía está destruyendo trabajo. Nada comparable, se trata ahora de trabajo con alto impacto reproductivo.

¿Y cómo puede continuar la película de los sectores que traccionan el 27% del PBI? Por si hace falta decirlo: dependerá de una recuperación contundente de la demanda interna y, en cierto sentido, de que la economía brasileña empiece a salir del pozo.

Unos cuantos analistas pronostican viento a favor del macrismo hacia las vísperas de octubre. Y así el resultado de las primarias no pinte demasiado alentador, el Gobierno apuesta llegar al conteo decisivo con una reactivación realmente perceptible.

El problema conocido es que el repunte alcance para cambiarle el humor a la población y mostrarle, al final, un horizonte más esperanzador que el actual. Puesto en clave electoral, uno que se sienta al interior del ancho y crucial Gran Buenos Aires.

Ocurre que encima se viene de tres años, los últimos tres, malos como pocos: según el economista José María Fanelli, calculado por habitante el PBI cayó nada menos que 5,1%. Esa es, entre varias, la verdadera dimensión del retroceso de la Argentina.

Y si la expectativa pasa por cuánto Brasil puede ayudar a una industria demasiado Brasil-dependiente, vale otro número de Fanelli: en los mismos tres años, allí el PBI por habitante bajó un impresionante 9,7%.

Tal cual podrá deducirse, el gran socio del Mercosur no parece en situación de comprarnos mucho sino en la de vendernos todo lo que pueda para activar su propia economía. Y ya se advierte en el superávit comercial bilateral que Brasil obtuvo durante el primer semestre: US$ 3.936 millones o 64% más que en igual período del año pasado.

Será el posible o el que las políticas del Gobierno hagan posible, pero luce bastante magro el crecimiento que en principio proyecta el Presupuesto Nacional para el año próximo: un 3,2%.

Afirma a cuento de esa performance alguien que pasó por el ministerio que hoy ocupa Nicolás Dujovne: “La economía debe avanzar a tasas mayores, si pretendemos crear empleo que genere valor, incentivar inversiones también productivas y sectorialmente extendidas o ir reduciendo la pobreza. Está claro que con sólo un 3,2% no alcanza”.

Por alguna razón el número que lleva la meta del Presupuesto es exactamente idéntico al 3,2% fijado para el déficit fiscal. Y bien puede ser porque la mitad del punto en que será recortado sale de reducir “subsidios al consumo de energía y otros servicios públicos”, como dice la hoja de ruta de Dujovne.

La traducción directa diría también aumentos en las tarifas o efectos sobre la demanda interna.

Se verá, de nuevo, qué clase de ajuste tolera la población. Porque el gradualismo, el papel del Estado y el uso del gasto público no han nacido precisamente de un repollo.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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