Jueves, 24 Agosto 2017 00:00

Hay más brotes verdes, pero aún tienen sus raíces débiles - Por Daniel Sticco

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En el equipo económico se entusiasman por el buen giro de los indicadores de producción, consumo e incluso de empleo, inflación y fiscales. Y también por el pulso del electorado

 

Casi exactamente con un año de retraso respecto de lo anunciado por el anterior ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, la actividad en todos los grandes frentes comienza a consolidar mes a mes resultados crecientemente positivos, claro está, comparado con lo peor de los últimos tres años.

Después del resultado provisorio de las PASO, los mercados se tranquilizaron y no hubo necesidad de subir las tasas de interés para intentar calmarlos y evitar que la cotización del dólar generara preocupación en el Banco Central.

Además, la mini semana comenzó con el anuncio de un notable ahorro en las finanzas públicas, antes del pago de los intereses de la deuda, que se sumó a la larga lista de indicadores que desde el Ministerio de Hacienda se habían ocupado de difundir la semana anterior, con un extenso Monitor de la Economía que llevó al ministro, Nicolás Dujovne, a sumarse al entusiasmo presidencial y decir: "Se vienen 20 años de crecimiento para la Argentina".

Como spot de campaña suena muy lindo, porque nadie de bien puede desear lo contrario ni trabajar para que ese vaticinio no se cumpla.

Pero aún la economía argentina ni siquiera ha completado la primera etapa del ciclo que significa pasar de un largo proceso de estancamiento y recesión por habitante al de recuperación o reactivación consolidada, para luego dar paso a la hora del crecimiento o la expansión respecto del punto máximo previo.

Todavía se advierten altos índices de capacidad ociosa en varios frentes, en particular la industria, el uso de los servicios públicos y privados, más aún en el mercado laboral, y en menor medida en el agro. De ahí que en esta etapa no sorprende que, a tono con el gradualismo que eligió el Gobierno, la inversión se demore en mostrar su potencial. Eso no desmerece que también empieza a subir, pero lo hace a ritmo débil considerando el punto de partida. Las importaciones de bienes de capital crecieron 10% en cantidad en el semestre y apenas 3,4% en junio, respecto de igual período del año anterior, según reveló el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Más aún, porque como parte del gradualismo las autoridades económicas se muestran más abocadas a fomentar programas ad hoc que incentiven la inversión productiva con exenciones impositivas y reducción de cargas sobre la nómina salarial que a impulsar acciones integrales y generalistas para que todos los que tienen potencial e intenciones de iniciar un proceso de inversión actúen con rapidez.

Con esa estrategia, al que no le llegó el turno del beneficio se quedará esperando hasta que sea su hora, probablemente cuando en 2018, se espera, el Congreso apruebe sendos proyectos que el Poder Ejecutivo anticipó que enviará sobre reformas tributaria y laboral que incentiven a los emprendedores a ejecutar acciones de largo plazo.

Ahí se encontraría una de las tantas causas por la que los "brotes verdes" de la economía demoran en echar raíces profundas y fuertes que aseguren el desarrollo y crecimiento sustentable capaz de soportar nuevos vientos.

Salvo muy pocos sectores, como el de las energías renovables, el agro pampeano y sus industrias conexas, la construcción y el lanzamiento de modelos de autos en simultáneo con el resto del mundo, en general no se advierten anuncios de inversiones extendidos, no sólo para aumentar la oferta competitiva de la Argentina, sino incluso de la necesaria para revertir la enorme pérdida de productividad que provocó ya más de una década de atraso en la renovación tecnológica y de los procesos productivos, como siguieron muchos países de la región.

Muy pocos se atreven a negar la pesada herencia recibida por el gobierno de Cambiemos, y el freno que eso implicó para impulsar un cambio de ciclo más acelerado. Sin embargo, el camino por recorrer parece duro y largo, por la estrategia elegida; por tanto, caer en la tentación de creer que "ahora sí" están dadas las condiciones para iniciar un sendero de décadas de sostenido crecimiento sólo puede llevar a generar sobreexpectativas que se vuelvan en contra.

Más aún cuando si bien la Argentina depende mucho de sí para superar el largo período de estancamiento, no está sola, sino que también depende mucho de las corrientes de precios y tasas de interés internacionales en general, y de la normalización política de su principal socio comercial, Brasil.

Hasta octubre o noviembre, cuando se difundan los datos de actividad de los meses previos en comparación con el año previo, todos los indicadores económicos y sociales mostrarán apreciables mejoras, pero a partir de allí el proceso de "efecto estadístico" tenderá gradualmente a desvanecerse, y por tanto serán necesarias acciones concretas que contribuyan a consolidar el esperado crecimiento sostenido y sustentable. 

Daniel Sticco 
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