Martes, 05 Septiembre 2017 00:00

Dujovne más Caputo: el optimismo económico al palo - Por Alcadio Oña

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Falta avanzar mucho para alcanzar ciertos estándares augurados.

 

Desde el regreso de la democracia, la economía registró 20 años de crecimiento y 13 de caída.

Sin incluir el actual, nada encomiable sino una performance definitivamente pobre sale de la síntesis del período completo: la mejora promedió un 2,2% anual y, medida por habitante, resultó del 1,2%.

Frente a semejante historia la frase del ministro de Hacienda Nicolás Dujovne sonó a augurio excesivo: “Vienen 20 años de crecimiento”.

Sonó así, además, porque aún siguen pendientes o sin conocerse una serie de reformas estructurales que se supone debieran sostener el pronóstico, como la tributaria, la previsional, la del Estado y la laboral.

Dujovne se permitió afirmar, también, que “esta será la primera generación que dejará un país mejor al que recibió”.

Habla desde luego de su generación, y el precedente contra el cual compara la gesta es el desastre heredado del cristinismo.

En tren de sumar pronósticos ampulosos, el ministro de Finanzas Luis Caputo ha sentenciado: “La Argentina va a ser la estrella de la región por 20 años”. De nuevo 20 años y esta vez el recuerdo de todas las veces en que la Argentina fue estrella de algo.

Crecer sin pausa durante dos décadas significaría una proeza para cualquier país y una impresionante para uno como el nuestro, cuya característica saliente han sido los altibajos permanentes.

En estos años de democracia la Argentina tuvo dos períodos verdaderamente expansivos y más o menos prolongados: uno el de 1991-98 y otro del 2003 al 2011.

El primero fue el de la convertibilidad Menem-Cavallo, que ya sabemos cómo terminó.

El segundo convivió con la supersoja, duró hasta que el kirchnerismo agotó los recursos disponibles y cedió paso a los desbarajustes del combo Cristina Kirchner-Axel Kicillof.

Los vaticinios económicos grandiosos implican aquí un riesgo alto y, ahora, el de que huelan a promesas de ocasión o traigan a la memoria el bendito “segundo semestre” y la famosa “lluvia de inversiones”.

Es cierto que las proyecciones de Dujovne-Caputo fueron precedidas por una similar de Mauricio Macri, en la misma noche de las PASO: “Empezamos a recorrer los mejores 20 años de la historia del país”, dijo.

Pero hay una clara diferencia cualitativa: el Presidente es siempre el presidente y los ministros son los ministros, aunque detrás de todo flote una consigna con membrete de la Casa Rosada.

Menos del larguísimo plazo y por ser justamente de estos días, pesan nuevas, buenas noticias. Surgieron del INDEC y desde la AFIP.

Una cuenta que la industria creció 5,9% en julio y por tercer mes consecutivo. Aunque también tiene un lado flaco: el repunte no alcanzará para remontar la caída del 4,6% que la industria registró el año pasado.

Con mucho de obra pública y obra privada incipiente, la construcción anotó un impactante 20,3% para julio y seis meses seguidos en alza. El acumulado del año parece indicar que aquí sí podría superarse el bajón de 2016: fue del 12,7%.

Ya sobre agosto, la noticia de la AFIP agrega a la serie fuertes incrementos en la recaudación de un par de gravámenes ligados al consumo y a la actividad económica: 37,5% en el IVA-DGI y 36,5% en el impuesto al cheque.

Pero en el medio desentonaron otros indicadores potentes del INDEC: uno dice que, segundo trimestre de este año contra segundo trimestre del pasado, la generación de energía eléctrica retrocedió 3,5%. Y que la misma cuenta da una caída del 12% en el gas entregado a centrales térmicas.

Por si hace falta decirlo, y hace falta decirlo, los números reflejan la demanda interna de electricidad o su equivalente, el consumo. También, el impacto de las tarifas.

Datos privados de fuentes oficiales dan cuenta, además, de un inquietante retroceso en la producción de petróleo, con bajas que llegaron al 7,5% en julio y al 7,8% en junio.

Positiva, aunque magra, la producción de gas dice suba del 1,8% para los últimos 12 meses.

Todavía sin grandes aportes de Vaca Muerta, el problema es que así andan insumos que definen los márgenes de la economía.

Aun con todo eso adentro, varios consultores advierten que “la reactivación tiende a afirmarse”.

Otros, que hasta hace poco calculaban crecimiento del 2,7%, ahora ponen 3,1%.

Y aquellos que todavía mantienen un 2,5% advierten que eso es el piso.

El más representativo relevamiento del Banco Central, conocido ayer, eleva la estimación de medio centenar de analistas del 2,7% al 2,8%.

Nadie ha arriesgado hasta ahora el 3,5% del Ministerio de Hacienda. Y difícilmente haya quien se arriesgue.

Claro que si el punto es el largo plazo, como lo es en las definiciones de Dujovne y de Caputo, ya no luce muy alentador que el ahorro interno sea del 13,6% del PBI, como también informó el INDEC.

En América latina, según una calificación del BID, es de “tan sólo” el 17,5%. Muy lejos de las economías avanzadas y un poco mayor a la tasa del África subsahariana: un 13,8%, casi idéntica a la argentina.

Para que se entienda mejor: ahorro interno equivale a inversión y el crecimiento de ambos, a garantía de crecimiento económico sustentable y sostenido.

El 13,8% plantea que todavía falta avanzar mucho y acertar con mucha política económica para alcanzar los estándares augurados por los ministros. 

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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