Viernes, 08 Septiembre 2017 00:00

El estilo de gestión suele dejar al Gobierno detrás de reclamos que ya fueron respondidos - Por Hernán de Goñi

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El planteo que ayer expuso la Unión Industrial Argentina, preocupada por el efecto que pueda tener en la recuperación de la actividad industrial el alto flujo de importaciones provenientes de Brasil, tiene razones para atender y argumentos para discutir.

 

A los empresarios los inquieta que los productos vecinos desplacen a los locales y para protegerse de esa tendencia reclaman un comercio más administrado con el uso de medidas no arancelarias, un paso que podría habilitar arbitrariedades riesgosas.

El dato que usan a su favor es que casi todos los países, sin importar su tamaño, utilizan estas herramientas. Estados Unidos cambió su norte en esta materia y Donald Trump se está mostrando como un esforzado constructor de barreras comerciales.

Lo que los industriales no advierten es que este camino no es de una sola vía. Brasil es también uno de los mercados más relevantes para otros sectores fabriles, y el bloqueo a ciertos productos puede generar trabas para otros bienes argentinos. Las exportaciones a Brasil crecen en el año 6% acumulado pero todavía están 14,7% abajo del nivel de 2015, según la Fundación Mediterránea. O sea que lo que queda para recuperar todavía es importante.

Las importaciones de ese origen subieron 30% frente a igual período de 2016. Y según la UIA, explican el 45% del alza total de las compras al exterior. Si eso sucede es porque en un rubro como el automotor, Brasil provee modelos más demandados que los fabricados aquí. Es cierto que influye en esto el diseño de la integración del sector. Pero para que el escenario del comercio bilateral cambie, el país necesita mejorar su productividad, bajar costos internos y atraer inversiones nacionales y extranjeras. De ese modo se podrán sustituir con producción interna componentes importados -que muchas veces son más baratos que los locales- y en paralelo se podrá conseguir una mejora del empleo y de las ventas al exterior de productos más competitivos.

El Gobierno apostó a generar acuerdos sectoriales para ayudar a las industrias más comprometidas. Los privados saben que ese camino es correcto pero lo ven como demasiado largo.

Elevar el proteccionismo en una economía que todavía es cerrada y ya tiene a varios sectores sensibles preservados con licencias no automáticas para importar, suena a excesivo. Pero le impone al Ejecutivo la necesidad de evaluar su estilo de gestión y de comunicación para no quedar siempre atrás de reclamos que en su modo de ver ya han sido atendidos.

Hernán de Goñi
Director periodístico

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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