Martes, 12 Septiembre 2017 00:00

¿Habrá milagro argentino en los próximos años? - Por Luis Secco

Escrito por  Luis Secco
Valora este artículo
(3 votos)

En los últimos días se ha generalizado el debate sobre cuánto podría y cuánto debería crecer la Argentina en los próximos años.

 

La consolidación de la recuperación de la actividad económica y la posibilidad de que este año y el que viene el PBI vuelva a crecer alrededor de un 3% anual, despertaron el interés por lo que podría suceder en un horizonte más largo. En parte el debate lo gatilla la presunción de que crecer a esas tasas podría resultar insuficiente para la estabilidad política. Si introducimos al debate lo que sucede en materia de crecimiento económico a escala global, tener milagro argentino por delante luce bastante más difícil.

La noción de milagro usualmente se asocia a tasas de crecimiento del ingreso que permiten duplicarlo, digamos, cada diez/quince años. Los tigres del sudeste asiático, primero, y China, después, son los países que mejor ejemplificaron esa noción de milagro. Otros países emergentes, más recientemente, también lograron, durante algunos años, sumarse con tasas cercanas a los dos dígitos a ese grupo de países de altísimo crecimiento. Un crecimiento incluso mayor al logrado por los países hoy ya desarrollados antes de que llegaran a serlo.

Ese salto en el crecimiento mereció la atención no sólo del mundo académico sino también de la política. Como todo en las ciencias sociales no puede hablarse de una única causa. La explicación es multicausal, pero la consolidación de las prácticas capitalistas al interno de los países, y la creciente integración de las cadenas productivas y del capital financiero a nivel global, yacen en la raíz de ese mundo de altísimo crecimiento. El fenómeno que usualmente denominamos globalización tenía esas tres aristas, una política, una productiva y otra financiera.

Sin embargo, esa etapa de crecimiento sin par, parece haber quedado atrás. Si bien las perspectivas para este año y el próximo es de una recuperación de las tasas de crecimiento tanto del mundo desarrollado como del emergente, crecer a tasas de milagro resulta una excepción. En 2016 sólo siete países crecieron a tasas superiores al 7% anual. Para ponerle un punto de inicio, digamos que luego de la crisis de 2008 el mundo en su conjunto crece menos. Y no sólo crece menos, sino que también lo hace generando menos empleo que antes.

La “nueva normalidad” Como consecuencia de esta tendencia a crecer a tasas más bajas y con menor generación de empleo, los críticos de la globalización están de para bienes y los políticos que abrazan las banderas antiglobalizadoras, nacionalistas y proteccionistas dominan la escena de la opinión pública global, aunque, por el momento, con suerte electoral dispar. La noción de estancamiento secular (“secular stagnation”), si bien sigue siendo objeto de debates, se ha consolidado como eje de lo que algunos llaman la nueva normalidad: las tasas más bajas de crecimiento económico llegaron para quedarse. Y la política económica (sobre todo la monetaria) tiene límites evidentes para reimpulsar el crecimiento hacia las tasas más altas prevalecientes antes de 2008.

Para la Argentina, en este contexto global, crecer al 3,5% o 4% anual por los próximos veinte o treinta años no estaría nada mal, y si ese crecimiento resulta estable, podríamos hablar incluso de milagro. La tasa de crecimiento histórica de la Argentina desde 1811 ha sido de 3,4% anual. Pero con tanta variabilidad que el dato en sí mismo no aporta demasiada información: el desvío estándar (el rango de variabilidad) de ese 3,4% ha sido nada menos que ±5,8%. Puede que luzca poco ambicioso, pero no. Sobre todo si tomamos en cuenta que desde 1980, la tasa de crecimiento promedio de la Argentina fue de sólo el 2% anual, mientras que el desvío estándar se mantuvo en ±5.8%.

Sólo esporádicamente Argentina ha logrado subirse al tren del crecimiento global. Más recientemente tampoco pudo más alcanzar y sostener las tasas de crecimiento algo más altas (respecto de las globales) del mundo emergente. El desafío para lograrlo sigue siendo gigante; pero atención, no es algo imposible: para acelerar el crecimiento, Argentina necesita implementar un cambio de régimen económico, político e institucional que termine tanto con las pésimas políticas de los últimos quince años, como con la pesada carga de un populismo que la ha sumergido en el fracaso de los últimos setenta (!) años.

Atravesamos una coyuntura crítica. Se trata de un momento clave para definir cuál será el modelo de país en el largo plazo. Argentina tiene aún pendiente demostrar que es un país que puede aspirar al crecimiento sustentable. La evidencia empírica internacional nos enseña que no hay una receta única para el éxito, pero también nos enseña que resulta fundamental contar con una macroeconomía sana y evitar los errores a los que conduce indefectible y recurrentemente el populismo. En un mundo incierto y que no facilita el crecimiento a tasas de milagro, hacer los deberes, evitar la complacencia y la procastinación no son una opción sino una necesidad impostergable.

Luis Secco
Director de Perspectivas Económicas

Visto 306 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

<

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…