Miércoles, 13 Septiembre 2017 00:00

Oxígeno para la inversión - Por Miguel Ángel Rouco

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La recuperación que muestra  la economía está determinando que al menos, el ciclo de caída productiva que arrastraba la Argentina desde 2011, podría estar llegando a su fin.

 

La creciente recaudación fiscal también es otro dato donde la actividad está mostrando signos de mejoría luego de la terrible caída que se produjo en la etapa final del régimen kirchnerista.

Sin embargo, todavía es prematuro calificar este ciclo económico como una etapa de crecimiento. El registro de 1/3 de la capacidad instalada ociosa revela que se está en una fase de recuperación, pero lejos aún de una etapa de crecimiento.

Los niveles de inversión se encuentran en torno del 15 por ciento anual apenas como para asegurar la renovación del capital físico. Aquí también se frenó la caída. Pero no alcanza.

La inversión para que tenga un impacto en los niveles de crecimiento productivo debiera alcanzar al menos el 25 por ciento anual. Esto no depende de la voluntad del gobierno o de una estrategia electoral.

La inversión depende de varios factores que este gobierno no puede exhibir mientras este envuelto en una contienda electoral demasiado turbia y mientras no pueda garantizar un horizonte de estabilidad.

 En primera instancia, la inversión y en especial la extranjera depende de un ambiente de estabilidad macroeconómica donde la tasa de ahorro sea más importante que el consumo. En segundo lugar, depende de la confianza que despierta un país, su seguridad jurídica, su seguridad física y la tasa de imposición sobre el capital. En tercer nivel, juegan la rentabilidad o la tasa de retorno que conlleven los proyectos de inversión.

Estos tres estadios previos a la inversión, no existen en la Argentina, y el gobierno no toma los mecanismos y las decisiones adecuadas para generar ese ambiente pro inversión.

El gradualismo no termina de cuajar en medidas que corrijan rápidamente las distorsiones que presenta la economía argentina. Ni resulta efectivo para corregir el déficit fiscal, no fomenta el ahorro interno para no depender de los capitales extranjeros ni tampoco genera las condiciones que permitan fomentar las inversiones productivas.

Los tiempos del gobierno y las urgencias de la economía no marchan de la mano.

La Argentina necesita rápidamente un shock productivo vía aumento de las inversiones y para eso es necesario un shock fiscal. Como los niveles de tributación están entre los más altos del mundo es preciso, una reducción de la presión impositiva.

Para permitir este escenario y no agravar aún más el déficit del Tesoro, es imperioso una baja rápida del gasto público que reduzca el tamaño de un Estado ocioso e improductivo.

La política gradualista del macrismo quiere imponer una reforma tributaria sin tocar el gasto público y pretende licuar el déficit fiscal mediante un aumento en la tasa de crecimiento. Todo ello muy lentamente. Ni antes ni después de las elecciones habrá condiciones para la inversión.

En la economía, no hay magia. Se trata de decisiones que apunten a crear mejores condiciones para la actividad privada y de un clima de confianza que genere ahorro y atraiga capitales.

Miguel Ángel Rouco

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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