Martes, 14 Noviembre 2017 00:00

2018, con viento a favor para enfrentar desafíos - Por Dante Sica

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El nuevo contexto exige a las compañías un cambio en su conducta empresarial, respecto de la conceptualización de sus modelos de negocios y de las estrategias de inversión, a fin de alinearse a los drivers que se imponen como relevantes.

 

A lo largo del año, la recuperación de la economía fue ganando dinamismo, con indicadores de actividad que reflejan esa mejora, la cual se fue extendiendo, aunque con distintas intensidades.

Las perspectivas para el cierre de 2017 prevén un crecimiento del producto interno bruto (PIB) de tres por ciento, y con los últimos meses registrando los mejores datos de los últimos dos años.

Ya para 2018 se prevé que la recuperación se consolide, con una proyección de expansión del PIB del orden de 3,5 por ciento anual, que también encontrará correlato a nivel sectorial, aunque no de manera homogénea.

El sector de la construcción continuará exhibiendo un fuerte dinamismo, traccionado tanto por la obra pública –gracias al plan de infraestructura a nivel nacional y provincial– como por la iniciativa privada, que se sustenta en la expansión del crédito hipotecario (podría duplicar su participación en el PIB).

En cuanto al sector agropecuario, la producción agrícola, después de un año récord, espera un 2018 con un desempeño ligeramente superior, probablemente con una menor superficie cultivada, que sería compensada con una mejor productividad.

La ganadería, en tanto, enfrenta el desafío del aumento de la producción a partir de incrementar el peso de faena, mediante una modificación en el sistema productivo.

En cuanto al sector energético, se estima que 2018 será un muy buen año, en especial para las energías renovables, con la entrada en operación de varios proyectos licitados en 2016 y la expectativa de nuevas licitaciones, en el marco del programa Renovar.

También las estimaciones para la industria manufacturera arrojan un crecimiento de la actividad industrial en un rango de 2,9 a 3,2 por ciento, según el empuje de rubros como alimentos y bebidas, metales básicos y metalmecánica, que son los que gravitan con más fuerza.

Los sectores que liderarán la dinámica industrial son el automotor (10 por ciento de alza), metálicas básicas (5,1), metalmecánica (4,1), y minerales no metálicos (cuatro por ciento).

Un dato importante es que estos sectores son los que cerrarán 2017 con las mayores tasas de crecimiento, y la industria automotriz registrará en 2018 una tasa de aumento aún mayor que la del año que cierra (ocho por ciento), mientras los restantes recortan la expansión. Otro sector que en la comparación interanual tendrá un crecimiento mayor, aunque por debajo de la media, es alimentos y bebidas (dos por ciento).

En tanto, retomarán el sendero del crecimiento sectores como edición e impresión (1,6 por ciento), sustancias químicas (1,5), textiles (1,5), y refinación de petróleo (1,3), tras dos años de contracción.

Contexto

Este escenario de expansión de la actividad resulta auspicioso, en tanto genera una gran oportunidad para abordar los desafíos que plantea el nuevo orden económico, que basa sus pilares en la estabilidad macroeconómica, la mayor apertura comercial externa y el objetivo de integración al mundo.

De ello se derivan factores determinantes del buen desempeño empresarial, como la búsqueda de la eficiencia, la productividad y la competitividad.

Algunos perciben este nuevo entorno como una oportunidad, por cuanto cuentan con ventajas comparativas, como el sector agroalimentario y sus encadenamientos productivos.

Otros lo conciben como amenazante, dado que se encuentran más vulnerables frente a la mayor exposición que les impone las nuevas reglas de juego.

No obstante, el nuevo contexto exige a las compañías un cambio en su conducta empresarial, respecto de la conceptualización de sus modelos de negocios y de las estrategias de inversión, a fin de alinearse a los drivers que se imponen como relevantes.

En ese sentido, además de los esfuerzos de los agentes económicos en pos de incrementar sus niveles de competitividad, se requiere un abordaje integral y sistémico, en el que el sector público juega un rol esencial.

Si bien ya se ha iniciado el camino de las mejoras para estabilizar la economía, modernizar la infraestructura física, la revisión reglamentaria para eliminar cargas burocráticas innecesarias, remover las distorsiones que algunas de ellas generan y la simplificación de tramitaciones, aún queda un largo sendero por transitar, en el que la sinergia entre el sector privado y el público permita introducir cambios estructurales para aumentar la productividad.

En ese marco, las reformas laboral y tributaria son un paso significativo en pos de eliminar distorsiones y mejorar la hoja de balance de las inversiones.

Esas iniciativas podrán allanar un camino que debe completarse con nuevos avances en aspectos estratégicos, como el fomento a la innovación, el desarrollo de la articulación del aparato científico-tecnológico con las empresas, y la inversión en infraestructura de la calidad.

En definitiva, las perspectivas para 2018 constituirán una oportunidad para que, tanto las empresas como el Estado, enfrenten sus propias reformas, sin más demora,  aprovechando las condiciones favorables.

Dante Sica  
Director de Abeceb  
Exsecretario de Industria, Comercio y Minería de la Nación

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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