Viernes, 05 Enero 2018 00:00

En camino a una victoria a lo Pirro con la suba de la meta de inflación de 10% a 15% para 2018 - Por Daniel Sticco

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El Gobierno aceptó los reclamos de economistas de sincerar su pauta de precios a las previsiones del mercado. Pero estas se corrieron y mantienen distancia

 

Las presiones que recibió el Banco Central en diciembre para "recalibrar" la meta de inflación a las reales expectativas de mercado, primero, por muchos economistas profesionales que temían una sobreactuación de la autoridad monetaria para intentar controlar la suba de los precios con mayor alza de las tasas de interés y afectar la reactivación de la economía y, luego, por los técnicos de la Jefatura de Gabinete de Ministros, que no pudieron ocultar su afán por "controlar" que todo esté a su alcance —al punto de forzar una foto con la autoridad monetaria, que es autónoma, en la Casa Rosada, junto a Marcos Peña y los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne y de Finanzas, Luis Caputo—, tuvieron una rápida respuesta negativa por parte del consenso de las consultoras privadas.

El REM de noviembre, esto es el relevamiento de expectativas de mercado, antes del anuncio del jueves 28 de diciembre de la "recalibración" de una de las variables sensibles de la macroeconomía, como es la inflación, porque arrastraba una racha negativa de dos años con la tasa real; y que para 2018 se había quedado abajo, entre 4 y 8 puntos porcentuales por sobre los rangos extremos de 10 por ciento, más menos dos puntos porcentuales, con una media de cinco.

Pero antes de que se conocieran las decisiones de política tarifaria para los servicios de transporte público, cuyo impacto final sobre los bolsillos de la población del Área Metropolitana de Buenos Aires es casi imposible de predecir, porque se trata de "más de 3.600 combinaciones, según la intensidad de uso, por el sistema de bonificaciones que se diseñó con la Red SUBE", según explicó el ministro Guillermo Dietrich, el consenso del mercado ya había vuelto a elevar sus previsiones de inflación para el corriente año de 16,6% a un rango de 17,4%, en un REM de diciembre devaluado.

 

Es que la difusión del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, realizado a partir del 22 de diciembre y hasta las 9 horas del día 28 de diciembre de 2017, trajo como novedad no solo "la octava suba consecutiva de las proyecciones de inflación para el corriente año", sino que se achicó la nómina de respondentes de más de 50 habituales a menos de 20, "ante la imposibilidad de contar con una muestra homogénea del tamaño habitual", informó la autoridad monetaria, porque "se recibieron mensajes de participantes que señalaban que por estar de receso no iban a poder enviar sus pronósticos actualizados", más aún porque el día de cierre de la recepción de las estimaciones se dispuso el cambio de metas de inflación; y luego el mercado ajustó a la baja las tasas de interés.

Es que con la baja de las tasas de interés se buscó, al mismo tiempo, "despertar" al dólar que con su notable retraso respecto del ritmo inflacionario estaba generando alegría entre los importadores, pero malestar creciente entre los exportadores. Y se sabe que generalmente el movimiento alcista del tipo de cambio se traslada en una parte no menor a la suba de los precios de toda la economía, en una proporción significativa si no está acompañado de un plan macroeconómico que también se "recalibra", y menor si se perciben congruencias con el resto de las variables.

Si fuera como preanuncia el mercado, de una suba de la tasa real de inflación respecto de la estimación que tenía hasta una semana atrás, la consecuencia sería el triunfo a lo Pirro del ala política sobre el manejo de la política monetaria del Banco Central, es decir, habrá ganado una batalla pero perdido la guerra, porque ya las miradas para responsabilizar de los desvíos sobre la nueva pauta de 15% no estarán puestas en Reconquista 266, sino que se dirigirán a Balcarce 50 (Jefatura de Gabinete) o, más probablemente, hacia Hipólito Yrigoyen 250 (Hacienda), porque siempre "el hilo se corta por lo más delgado".

Durante los primeros días de enero no fueron pocas las consultoras que se pusieron a correr sus modelos econométricos para determinar el impacto sobre la inflación de todo el año del nuevo sendero de las tarifas del transporte público, más allá de que se han tomado las precauciones con medidas paliativas para los sectores más vulnerables y que tienen un uso intensivo de la combinación de tren, colectivo y subte. En un conjunto de 11 estudios profesionales, Infobae pudo observar un nuevo abanico de predicciones de alza de precios entre enero y diciembre de 18% a 22 por ciento, con una media apenas superior a 19 por ciento, es decir, casi dos puntos porcentuales más que el que surgió del último REM reducido.

La lógica del mercado se fundamentaría en que hasta el 20 de diciembre de 2017 no solo estaban desalineadas las políticas fiscal y monetaria, sino, también, la cambiaria, y, consecuentemente, las estimaciones de desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos y comercial plasmadas en el Presupuesto nacional para el corriente año.

Es cierto que la meta de inflación del Banco Central venía perdiendo dos a cero con la realidad, y ya se descontaba la ampliación del resultado negativo, porque había tomado como propia la pauta que había establecido Economía en 2016, bajo la órbita de Alfonso Prat-Gay, del 25% y fue 40% para ese año; se atenuó a 17% para 2017, pero se habría ubicado entre 24 y 25 por ciento; y para el corriente el 10% más menos 2 pp había generado la expectativa de un 16 por ciento, como también había adoptado Hacienda, ahora bajo la conducción de Nicolás Dujovne, en el Presupuesto 2018.

Pero en los tres casos no hay duda de que la autoridad monetaria mantuvo el sendero de "desinflación", y tanto el consumo como la inversión y la recaudación tributaria no se vieron afectados, habida cuenta que dieron muestras de que esos desvíos no habían alterado los objetivos fundamentales de recuperar la senda del crecimiento de la economía, de reducir el desempleo y, con ello, de empezar a bajar la pobreza.

Desaciertos predictivos de Hacienda

Por el contrario, tanto economistas como funcionarios no repararon en que Hacienda cerró 2017 con una singular brecha negativa en sus supuestos esperados de nivel de tipo de cambio y balance comercial al cierre del período. La paridad cambiaria se estimó en $16,70, pero terminó en $18,90, luego de la "recalibración de la meta de inflación"; y el rojo comercial previsto en USD 4.500 millones se estima que terminó negativo, entre 8.000 y 8.500 millones de dólares.

A partir de semejantes desvíos, también quedaron desdibujados los supuestos para el corriente año de esas variables, porque la paridad de $19,30 que contempla el Presupuesto que aprobaron las Cámaras legislativas al cierre de 2017 significaría incurrir en un nuevo atraso cambiario de más del 15% y, por tanto, el desvío, entre el rojo comercial y el presupuestado para 2018, sería otro y mayor a los USD 4.500 millones pautados.

En consecuencia, no se trata solo de "recalibrar" la variable precios a la meta gradualista de recorte del déficit fiscal y las expectativas del mercado, sino, también, de acomodar el resto de los grandes indicadores macroeconómicos para que no se pierdan los logros en materia de desinflación ni se profundicen los desequilibrios externos, porque podrían llevar a atenuar el sendero de reactivación, que, desde el vamos, no es nada ambicioso — y, por lo tanto, de escasa percepción en el conjunto de la sociedad— y que sea creíble por el conjunto de los analistas privados.

Daniel Sticco
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