Viernes, 05 Enero 2018 00:00

Tasas más bajas, el golpe de timón que celebran los empresarios - Por Silvia Naishtat

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"¿Y vos qué harías, Rudi Dornbush?", suele soltar Federico Sturzenegger ante la foto de quien fuera su mentor en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), fallecido en 2002 a los 60 años. Dornbush escribió uno de los manuales de macroeconomía más consultados en el mundo. Y el presidente del Banco Central lo sigue al pie de la letra.

 

En ese despacho, con las réplicas de la nave y de los personajes de la Guerra de las Galaxias armadas con Legos, se inició -hace seis meses- lo que fue una negociación agresiva: tomó velocidad cuando apareció -como señal de alarma para el equipo de Nicolás Dujovne- una desaceleración de la economía en diciembre. El final se conoce: aunque no compartió el diagnóstico del Palacio de Hacienda, porque sostiene que la economía crece al 1% mensual, Sturzenegger accedió a modificar la meta de inflación. Pero lo que muchos leen como un duro revés para el jefe del Central, supone para su círculo íntimo una victoria. Cuentan que en la reunión de directorio posterior citó a Winston Churchill: “El fanático no quiere cambiar de opinión y tampoco de tema. No es mi caso”, les dijo. Y explicó que “cambiaron algo (por las metas) en las que no tenía decisión, ya que es potestad del Ejecutivo y me otorgaron la reducción de las transferencias de fondos del Central al Tesoro que en 2020 serán un inexistente 0,3% del PBI”. Los directores concluyeron que habrá coordinación con el equipo económico y que “relajan” la política monetaria.

¿Cuánto bajará la tasa?, ¿cómo impacta en el precio del dólar?, ¿logrará domar la inflación?, son preguntas que se hacen los empresarios que proyectaron para el año un índice de costo de vida de 17% y el dólar en $19,50.

En sus diálogos con Macri, Sturzenegger reconoce que así como acertó en salir del cepo, se equivocó en el diagnóstico del primer semestre de 2016 al no advertir la recesión. Macri se inclinó por Sturzenegger cuando desde el Banco Nación, Carlos Melconian resistió los créditos UVA. “Perdimos un año”, dicen en el Central. En 2017 los hipotecarios llegaron al 1% del PBI. Fue un boom pero falta mucho: en Chile alcanzan al 20% del producto. El 28 de diciembre, el día del cambio de meta, el Presidente lo llamó.

En ese día se cerraban los balances de numerosas empresas. Y el empujón que tuvo la cotización del dólar dejó a muchos CEO sin tiempo para cubrirse las espaldas: tuvieron que explicar números en rojo por la devaluación. “Es la primera vez que nos pasa desde 2002”, deslizaron en una multi. Pero Dante Sica, de Abeceb, le resta importancia. Confía en que se logró no sólo la coordinación de la política económica sino que se “demostró la capacidad de gerenciamiento en un año que despejó con el resultado electoral y las reformas aprobadas en el Congreso, la incógnita de la gobernabilidad”. Sus clientes del exterior exigían tasas altas de retorno por el riesgo institucional y la inflación. Sica confía en un viento de cola para un modelo motorizado por la inversión, con Brasil creciendo al 3% en su año electoral y China que sorprendería con un 8%.

Coincide Daniel Novegil, vice de Techint: “Se avanzó en temas relevantes para el clima de negocios: la reforma previsional, la tributaria, y en modernizar la relación del trabajo en negociación con sindicatos y fuerzas políticas, son buenas noticias”. Hay indicios. Metalsa, la mexicana que fabrica los chasis para las 4 x 4 pedía 15% de rentabilidad en dólares para ampliarse y bajó a 8%, la misma de Brasil. La resolución 256, el programa oficial que permite importar plantas llave en mano sin pagar aranceles, sólo aprobó en 2016 proyectos por US$ 100 millones. Tras las elecciones de octubre, superaban los US$ 1.100 millones. Y la obra pública tracciona de tal manera que la conversación gira en torno a los cuellos de botella. La suiza Holcim y la brasileña Loma Negra están duplicando capacidad. Y las canteras se quedaron sin piedras.

En el idílico Cumelén, David Lacroze uno de los propietarios más antiguos del exclusivo country donde descansa el Presidente en el sur, celebra que “hayan rectificado el rumbo”. Lacroze, que lidera en varios eslabones de la agroindustria, se mostraba más que inquieto. “La alta tasa nos estaba matando, íbamos a bajar la inflación pero la Argentina se estaba convirtiendo en un cementerio. La capacidad de rectificar es muy importante”. Los vecinos de Cumelén han extremado su discreción para no incomodar a los Macri. “Sólo nos enteramos de sus movimientos por el ruido del helicóptero”, se le escapa a Lacroze.

El último lunes, el helicóptero pasó por Cumelén a buscar al Presidente para la inauguración del parque eólico de Genneia, la firma que preside Jorge Brito hijo. La presencia de Mauricio Macri no sólo celebró US$ 40 millones de inversión a la energía renovable. Fue vista como respaldo a los Brito, cuyo patriarca, Jorge, fundador y hasta hace poco presidente del Grupo Macro fue indagado por el escándalo Ciccone. Brito está en plena batalla judicial. Este año, la crema del establishment que veranea en Punta del Este extrañará el asado que ofrecía en su chacra Mamá Ganso y marcaba el fin de la temporada. “Decidimos no hacerlo”, admitió Brito hijo.

Entre tanto, en la Unión Industrial los sectores dedicados al consumo masivo anticipan un 2018 mediocre y señalan que nunca se recuperaron los 52.000 empleos industriales que se perdieron en la recesión de 2016. “Equivalen a $ 35.000 millones sustraídos al poder adquisitivo”, calcularon. Hay información que asombra como la proporcionada por la alimentación, el rubro más competitivo, que acumula siete años de caída de exportaciones: “No está despejada la incertidumbre en medio de una presión por salarios, costos en logística y tipo de cambio”, deslizan.

Otros festejan. Marcelo Rossi, al frente del Control Comercial Agropecuario, quitó la matrícula para operar a Alberto Samid, un poderoso en el comercio de carne. Contrincante de Daniel Scioli en el ajedrez, su sociedad, el Fuego y el agua, tenía al 97% del personal en negro y una deuda de $30 millones en la AFIP. “Lo sacamos del mercado”, comentaron con ganas de dar una señal.

Silvia Naishtat

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