Domingo, 04 Febrero 2018 00:00

El Gobierno apretó la suba de la nafta - Por Alcadio Oña

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Mucho ruido alrededor del tema combustibles.

 

Hay un barullo importante alrededor de los combustibles. Viene alimentado por una sospecha que empieza a tomar forma de certeza, entre empresarios fuertes del sector: el Gobierno habría “intervenido de oficio” para recortar el último aumento de precios, en un mercado que, tras 13 años de regulaciones, el propio Presidente liberó hace apenas cuatro meses.

Los dardos apuntan a Mario Quintana, el vicejefe de Gabinete, y al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, a quienes se les atribuye andar obsesionados por el doble impacto inflacionario de cualquier reajuste en las naftas y el gasoil.

Intramuros de la Casa Rosada uno de ellos suele afirmar: “Los combustibles pegan directo en el índice del INDEC, pero eso no es lo peor. Lo peor es que simultáneamente generan expectativas que se proyectan al resto de los precios”. Ninguna novedad en el universo de los economistas.

Decir eso sería semejante a decir sobre llovido, mojado o, si se prefiere, a intentar que la lluvia afloje. El controvertido reajuste ocurrió unos días después de que el alto mando del Gobierno decidiera levantar la meta inflacionaria al 15% y apuntar, también, a encuadrar las expectativas en torno de ese número. Empezando por los salarios.

Un par de antecedentes y un par de secuencias juntos parecen reforzar las conjeturas de los empresarios.

A comienzos de diciembre pasado, YPF hizo punta con un aumento promedio del 6% y, trascartón, la siguieron las otras petroleras aplicando uno similar. Luego, hacia mediados de enero, arrancó Oil con 6% y el resto se acopló de inmediato al 6%. El resto menos una: YPF, que se subió al tren un poco más tarde y puso su cota en el 4,5%.

Bien evidente, la disparidad que apuntala la conjetura está ahí, en una compañía que controla el 55% del mercado, mixta aunque con mayoría y peso decisivo del Estado y cuyo precio resulta clave en el comportamiento de los otros precios. Ningún acertijo: esa empresa dotada de mayor poder se llama YPF.

Dos datos del mismo boletín: el 4,5% les tocó a la nafta y al gasoil premium; para la súper y el gasoil común hubo 4%.

Si Quintana y Sturzenegger no metieron no la mano en todo el procedimiento, todo el procedimiento huele a movida oficial u “oficiosa”. Nadie en el Gobierno lo confirmará, pero el hecho mismo puede implicar ganar terreno a expensas de la competencia y ser una señal enfocada hacia futuras correcciones.

Y si tal cosa ocurrió alguien quedó desairado: el ministro de Energía, que siempre impulsó la idea de dejar que los precios se movieran libremente. A Juan José Aranguren acostumbran reprocharle una preocupación excesiva por algunos problemas del sector, aunque esta vez habría tenido el respaldo de Gustavo Lopetegui, el otro vicejefe de Gabinete. Internas de esas que nunca faltan.

El diferencial entre los precios de las petroleras no fue que se diga grande. Pero la cuestión derivó en un barullo extendido a varias puntas: una, que recién estrenadas se hubiesen vulnerado las benditas reglas de juego; dos, que el episodio se repita y, al fin, la bien concreta cuestión de pesos.

¿Será verdad que a caballo de la decisión de YPF socios privados minoritarios piensan hacerle juicio al directorio? Quizás resulte demasiado pensar, pero haya sido mucha o poca perdieron plata o perdieron de ganar plata.

Un estudio sectorial muy reciente amplia el cuadro. Cuenta que, respecto del 1° de diciembre, el valor del petróleo tipo Brent subió 7,8% y el dólar, 13,6%. Por su 4,5%, los combustibles de YPF al menos quedaron rezagados.

Con el corazón ciertamente inclinado, algunos especialistas sentencian: “El mix precio del crudo-precio del dólar determina los costos y también debiera determinar cuánto se traslada a los surtidores. Un viento raro se cruzó esta vez”.

En plan de sumar y sumar argumentos, van luego sobre la demanda: el año pasado, la de gasoil premium creció alrededor del 30% y 20% la de nafta premiun.

¿Y qué quieren demostrar? Quieren demostrar que las subas de precios no hicieron mella en los productos más caros y que si el tema es la inflación o el bolsillo de los consumidores correspondería mirar, sobre todo, a los incrementos en las tarifas del gas y de la electricidad.

Todo bien. Salvo que en el juego donde cada cual atiende su juego también entran dos piezas: salvo Uruguay, la Argentina tiene los precios más altos de la región; otra, los aumentos del año pasado le ganaran por 10 puntos a una inflación ya considerable.

Entre las ventas de la banca oficial e inversores del exterior que vuelven a ponerles fichas a las tasas, el dólar se tomó un respiro estos días. Mejor dicho, se alejó unos centavos de la incómoda raya de los 20 pesos.

Pese a ciertos altibajos y a que aún está lejos del récord histórico, los casi 70 dólares que hoy vale el petróleo son los mayores desde finales de 2014.

Esta radiografía no tiene nada de casual ni de intrascendente. Sirve repetir: por ahí pasa el costo de los combustibles.

Expectativas, tarifas, algo de dólar y de condimentos diversos, el caso es que la inflación sigue viva y coleando. Los primeros datos de una consultora entrenada en el arte de medir precios cantan 2 o 2,3% para enero. Cantan alto y cantan algo que ya no es un número sino bastante más que un número: la mitad del aumento fue por los alimentos.

Detrás de ese indicador ya molesto corren las perspectivas. Como que después de un enero-abril picante, el primer cuatrimestre terminará con un piso del 7%. Dice uno de los directores de la consultora: “En mayo, la inflación de los doce meses previos va andar arriba del 20%. No será el 24,8% de 2017, pero ni ahí dará para batir palmas”.

Para mayor abundancia, el piso del 7% significa que en apenas cuatro meses se habrá consumido casi la mitad, si no la mitad, de la meta anual. Y el resto, que el 15% está quedándose corto y que costará acomodar los movimientos a la nueva pauta oficial.

Lo que continúa a las proyecciones del consultor son una interpretación y un interrogante que tocan al gobierno completo. Plantea: “Si la tasa de interés solita era un instrumento antiinflacionario pobre y además un instrumento que entorpecía la actividad económica, ¿me pueden explicar cuál es ahora la política antiinflacionaria?” Evidentemente existe otro mundo fuera del mundo del petróleo, ancho aunque no del todo ajeno para quienes desconocen las entretelas de ese mundo.

De esas cosas sobre las cuales los especialistas ponen la lupa hay dos bien recientes y hablan de inversiones escasas cuando urgen inversiones. Una dice que de enero a noviembre del año pasado la cantidad de pozos terminados cayó 18% contra el mismo período de 2016 y nada menos que 44,7% contra 2015.

La siguiente corre acoplada. Cuenta que en 2017 la producción de petróleo quedó por debajo de la de 1980 y que la de shale oil todavía no llega ni al 9% del total. Traducido: Vaca Muerta podrá ser una gran promesa, pero por ahora aporta volúmenes muy limitados.

Más próximo al mundo conocido es que la extracción de petróleo en baja y la de gas estancada representan una parva de dólares en importaciones. Dependencia externa siempre onerosa, más una frase de todos los tiempos: habrá que pasar el invierno.

Volver al comienzo de esta crónica es volver al mundo conocido. Y preguntarse qué hará el trío Quintana-Sturzenegger-Aranguren con los aumentos de la nafta y qué con las expectativas. Sería una bendición que la inflación ayudara, pero eso es parte del problema.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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