Domingo, 18 Febrero 2018 00:00

Dólar, tasas e indexados juegan un nuevo partido - Por Daniel Fernández Canedo

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La tasa de los bonos de EE.UU. se estabilizó y tranquilizó los mercados. Pero la inflación de enero genera dudas

 

Fue un cimbronazo del que la Argentina debe tomar nota muy seriamente. El repunte de la inflación y la suba de la tasa en Estados Unidos inauguraron una nueva etapa cambiando un escenario que hasta la semana pasada parecía una autopista asfaltada y sin riesgo para conseguir financiamiento del exterior a tasas bajas.

Ahora se sabe que financiamiento se podrá conseguir pero que será más caro de lo que se preveía a fines del año pasado, en lo que constituye un desafío para la estrategia gradualista del Gobierno para cerrar el déficit fiscal.

Este nuevo escenario surgió a partir de la noticia de que la inflación norteamericana fue de 0,5% en enero en un marco de mayor empleo y presión salarial que apuntala la idea de que la Reserva Federal podrá seguir subiendo la tasa a lo largo del año. Si eso se confirma, los países emergentes, y la Argentina desde ya, deberán estar atentos sobre cuándo podrán volver a salir a los mercados.

Para la Argentina, el nuevo marco externo tuvo como respuesta un nuevo nivel de dólar, con precios más bajos para los bonos (a pesar del fuerte repunte del jueves los rendimientos superan en promedio 6,5%) y con la señal del Banco Central sobre que no está dispuesto a seguir bajando la tasa de interés cuando la inflación amenaza, pero tampoco a subirla aunque los índices le sean adversos y le agreguen aire a los bonos indexados.

El Gobierno dejó en claro que, por ahora, no quiere un dólar por encima de los $20 en el mercado mayorista y que logró imponer su señal con la venta en dos días de US$400 millones por parte del Banco Nación. ¿Es razonable usar los dólares del Tesoro para controlar el mercado cambiario?

La respuesta tiene más que ver con la política que con la economía. Es claro que la Casa Rosada —léase el jefe de Gabinete Marcos Peña y los vicejefes Mario Quintana y Gustavo Lopetegui— tomó el control económico por orden del presidente Mauricio Macri y transitó con prudencia el primer shock que implicó que la tasa de los bonos americanos subiesen de 2,40% a 2,90% anual aumentando el piso del costo de los créditos a nivel mundial.

La estrategia gradualista que adoptó el Gobierno financiando el déficit fiscal con crédito externo fue puesta a prueba con intensidad en las últimas semanas en las que bajaron los bonos, las acciones, subió el dólar y los operadores del mercado estuvieron dominados por el temor a un derrumbe de precios de los activos financieros. ¿Qué cambió en las últimas dos jornadas?

Básicamente la estabilización de la tasa de 10 años del bono norteamericano por debajo de 3% anual que se presenta como la línea de riesgo para los bonos de los países emergentes. La fotografía de estos días es que EE.UU. paga 2,90% y la Argentina más de 7% anual en lo que sería un nuevo equilibrio.

En el Gobierno esperan que las aguas se calmen y aceptaron la propuesta del titular del Central, Federico Sturzenegger, de mantener en 27,25% anual la tasa de pases que actúa como parámetro del resto de las tasas del mercado.

El argumento de Sturzenegger fue categórico y lo publicó en el comunicado oficial: las expectativas de inflación para 2018 se habían ampliado del 17,4% antes del anuncio de los nuevos objetivos de inflación al 19,4%, mientras que las expectativas para 2019 habían aumentado del 11,6% al 13,5%.

Cuando el 28 de diciembre el Gobierno aumentó de 10% a 15% la meta de inflación para este año, reconoció que la inflación es mayor que la esperada y que abría el camino para bajar las tasas de interés y subir el dólar. El dolor de cabeza de las últimas dos semanas se potenció porque la suba de tasas en EE.UU. llegó justo cuando estaban subiendo las tarifas y la Casa Rosada sabía que tendría una mala noticia con el 1,8% de la inflación de enero y que a eso se debía sumar el efecto que tendrá sobre los precios la devaluación del peso en el intento de dejar atrás el sólido atraso del dólar de 2017.

En la Casa Rosada aseguran que el nuevo escenario no les inquieta porque no tienen necesidad de salir a buscar dólares en el mercado externo en los próximos cuatro meses (¿Habrán pensado en colocarle un bono al Banco Central a cambio de US$6.000 o US$7.000 millones de las reservas si las condiciones empeoran?) y en la convicción de que tienen tres datos a favor muy fuertes para garantizar el mediano plazo.

Uno es que están convencidos de que saldrán fortalecidos de la pelea con el camionero Hugo Moyano aun cuando resulte muy concurrida la marcha que organizó para el miércoles. Los otros dos datos están relacionados con variables económicas clave.

Uno de ellos, y que sigue siendo muy valorado en el Gobierno, son los $70.000 millones que el Tesoro ahorraría este año por los cambios en la fórmula de actualización de las jubilaciones. El otro tema que destacan es que la discusión de las paritarias se realiza en base a la inflación esperada y no a la pasada, en lo que constituiría uno de los principales instrumentos oficiales para pensar en alguna contención inflacionaria para este año. ¿Será suficiente?  

Daniel Fernández Canedo

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