Miércoles, 11 Abril 2018 00:00

La presión tributaria es el reclamo que une a todos los CEOs - Por Alejandra Gallo

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Los meses pasan, la inflación continúa lejos, muy lejos de la meta anual prevista, y recrudece una preocupación que recorre transversalmente a todos los sectores: la elevada presión tributaria en la Argentina deja fuera de combate internacional a los sectores productivos tradicionales, aun a aquellos que tienen espalda exportadora.

 

Es uno de los consensos que recorre todos los escritorios de quienes toman decisiones en el campo y la industria. El tema se reinstaló en la agenda local a medida que fueron proliferando los encuentros del sector privado, preparatorios del B 20, que preside Daniel Funes de Rioja y cuyas mesas técnicas reúnen a los principales referentes de las compañías que más facturan, emplean y exportan en el país.

Es decir, mirando hacia afuera las compañías sienten en carne propia las limitaciones de sus propias cuentas. Por supuesto donde más se siente es en la industria tradicional. En las filas de la Unión Industrial, que conduce Miguel Acevedo, hay bronca antigua y futura. A pesar de los cambios que se produjeron en el Ministerio de la Producción, la pausa en el enfrentamiento entre los popes fabriles y el titular Francisco Cabrera tiene sabor a impasse transitorio, ya que en las filas de las fábricas más poderosas del país crece la idea de lanzar un comunicado fuerte en torno al componente tributario que soportan las espaldas fabriles.

Un ejemplo: la visita del presidente español, Mariano Rajoy, estuvo acompañada de una nutrida comitiva de empresarios de su país liderados por el titular de la CEOE, Juan Rosell (un empresario vinculado con el negocio de la basura y los reciclados que crece muy fuerte en España y en la Unión Europea). En los encuentros reservados entre referentes del sector privado de ambos países resultó imposible concretar negocios los altos precios nacionales. Pero lo que más preocupó en la UIA fue que se desayunaron de varios detalles en las negociaciones entre el Mercosur y la UE en esos encuentros informales con los empresarios que acompañaron a Rajoy.

La mayoría de las buenas nuevas no les parecieron tales. Por ejemplo en Italia (uno de los principales mercados que preocupan a los sensibles nacionales) avanza un acuerdo tripartito para detectarlos nichos de mercado fabriles 2020 y 2030. Como en este caso, también se entera en los grupos del B20 a través de las delegaciones brasileñas o paraguayas los lineamientos que lleva el Gobierno argentino a la mesa de negociación Mercosur/UE. Reclaman más participación técnica privada y, hasta ahora, encuentran una pared frente al pedido. "Nos gustaría saber con más detalle cuál es el concepto de inteligente que manejan en el Gobierno cuando habla de apertura inteligente al mundo", sintetizó Acevedo en una de las últimas calientes reuniones de la mesa chica de la UIA. Allí le reconocen al dirigente que salió de Aceitera General Dehesa que le está tocando timonear la central fabril en tiempos más agitados que los que se auguraban al inicio de su mandato.

En el sector agropecuario tampoco hay caras sonrientes, en especial en las economías regionales. "Se está enfriando la actividad y vemos con preocupación cierta caída del empleo, en especial en las economías regionales porque no pueden retener a su gente y emigran hacia las zonas urbanas", sintetizó Carlos Iannizzotto, titular de Coninagro. En esa entidad, hay cuentas que alarman. Entre el 45% y el 55% de los costos productivos son impuestos y eso no se modificó con la reforma tributaria que impulsó la Casa Rosada a fines del año pasado. Es más con los últimos aumentos de tarifas y de combustibles el peso que tenían esos conceptos llegó a representar entre el 20 y el 25% de esos costos, cuando en épocas de populismo Kirchnerista significaban entre 5% y 10%.

El principal impacto lo focalizan en las economías regionales y por eso impulsan una Ley de Economías Regionales, específica para estos sectores y que promueva financiamiento más barato y menos impuestos en pos de duplicar la producción y las ventas al mundo. Por ejemplo, en el caso de la vitivinicultura, si se elevaran los reintegros de 6% a 9% el Estado involucraría un costo de u$s 300 millones pero, de acuerdo con la estimación de Iannizzotto, se recuperaría rápidamente porque las exportaciones llegarían a los u$s 1000 millones, similar a los volúmenes que se manejaron entre 2010 y 2012. Promoviendo este proyecto se reunieron la semana pasada con el gobernador de Santa Fe y le tocarán la puerta esta semana al ministro Luis Miguel Etchevehere. Para que el Gobierno reduzca la presión tributaria, industriales y productores le apuestan a las mesas sectoriales porque, admiten que hasta ahora, ningún área del mega equipo económico tomó el tema para modificarlo a fondo.

Alejandra Gallo

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