Jueves, 12 Abril 2018 00:00

El consumo, cada vez más segmentado por los ingresos - Por Néstor Scibona

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Un lugar común en el periodismo audiovisual y especialmente en el televisivo es referirse a “la gente” como sinónimo de toda la sociedad y como si ésta fuera un conjunto homogéneo de características idénticas.

 

En materia de consumo, hablar de la “gente” resulta abstracto si al menos no se aclara a qué segmento socioeconómico corresponde, ya que está cada vez más segmentado según sus niveles de ingresos. No sólo porque la pobreza afecta al 25% (cuatro de cada diez) de los habitantes de la Argentina y ese guarismo llegaba en 1973 a apenas 4% (cuatro de cada cien). También porque a lo largo de esos 45 años se alteró sustancialmente la estructura de ingresos, como consecuencia del bajo crecimiento del PBI por habitante (de sólo 0,7% anual promedio); tres hiperinflaciones; una inflación de dos dígitos durante casi la mitad de ese período que aún subsiste y una baja creación de empleos formales en el sector privado que frenó la movilidad social ascendente.

Este fenómeno amplió enormemente la brecha entre los sectores de mayores y menores ingresos. La última medición difundida por el Indec hace pocos días revela que la diferencia entre el 10% de la población de mayores ingresos y el 10% de inferior equivalía a 15,8 veces en el cuarto trimestre de 2017. Y si bien resulta el menor registro desde el tercer trimestre del 2015 (cuando había trepado a 16,1 veces), la brecha es abismal: era de $ 32.800 pesos mensuales promedio por persona en el segmento (decil) más alto y de $ 2.100 en el más bajo.

Como el número de personas y hogares es muy diferente en cada caso, la consultora W que dirige Guillermo Oliveto elaboró una pirámide de ingresos sobre la base de 12 millones de hogares y población total de 42 millones de personas, cuya representación gráfica muestra una punta muy afinada y una base muy ancha.

Según datos de fines de 2017, la clase más alta (ABC1) abarca a sólo el 5% los hogares (600.000 y 1,17 millón de personas), con un ingreso familiar promedio de $ 180.000 mensuales y un piso de $ 90.000. A continuación se ubican la clase media alta (C2), con 17% del total (2,04 millones de hogares y 4,7 millones de personas) y un promedio de $ 55.000 mensuales de ingreso (con un piso de $ 33.000); y luego la clase media-media (C3), con 28% (3,3 millones de hogares y 10,75 millones de personas) que promedia un ingreso familiar de $ 28.000 mensuales, con un piso de $ 18.500.

Mucho más numeroso y complicado es el segmento de clase media baja (D1), que comprende al 33% de los hogares (3,96 millones con 15,44 millones de personas) con ingresos promedio de $ 14.000 por mes, que coloca a buena parte por debajo de la línea de pobreza del Indec.

Y finalmente, en la base de la pirámide, la clase baja (D2/E) suma otro 17% de hogares (2,04 millones y casi 10 millones de personas), con un ingreso familiar promedio de $ 7.000 mensuales situado cerca de la línea de indigencia. O sea que la mitad de hogares de todo el país y 25,4 millones de habitantes (60% del total) se distribuyen entre la clase media baja y la más baja.

La disparidad de ingresos dentro de la pirámide social explica los fuertes contrastes en el consumo.

Por un lado, en el 2017 hubo un boom de viajes y tours de compras al exterior para aprovechar el dólar barato que incluyó a 4,5 millones de argentinos, pero restó demanda a las ventas locales de ropa, calzado y electrónicos. A su vez, el movimiento turístico de la última Semana Santa alcanzó a 2,4 millones de personas (5,7% de la población), aunque se trata de una redistribución de gastos dentro del país. También se registraron récords de ventas de automotores y motos en el primer trimestre; y ahora de televisores y celulares, que bajaron de precio por el recorte de impuestos internos incluido en la reforma tributaria. Y si bien las bajas cuotas iniciales dispararon el boom de préstamos hipotecarios hasta 30 años de plazo, el monto a pagar se ajusta por inflación y se resta de otros gastos, al igual que las mayores facturas de servicios públicos y los impuestos inmobiliarios.

Por otro, no despega el consumo masivo, donde pasó a ser clave el factor precio que viene modificando desde hace tiempo los hábitos de compra. Los grandes hipermercados cedieron participación a supermercados mayoristas y también a pequeños autoservicios, comercios y ferias. Es cierto que no todos estos últimos facturan, ni pagan IVA ni aportes patronales. Pero también lo es que el menor poder de compra en los sectores medios y bajos fue agotando la modalidad de ofertas puntuales o descuentos por cantidad y las mayores estructuras quedaron sobredimensionadas, tanto en tamaño como en costos. Estos factores explican que la cadena Carrefour haya presentado su procedimiento preventivo de crisis con el propósito de redimensionarse, tras haber acumulado pérdidas superiores a 150 millones de dólares en los últimos tres años. Pero también que, silenciosamente, el empleo en el segmento de supermercados haya disminuido en 6.000 puestos (de 99.000 a 93.000) entre 2016 y 2017.

Néstor Scibona

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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