Domingo, 15 Abril 2018 00:00

Algo más que precios indomables - Por Alcadio Oña

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Inquietante 2,3% de inflación en marzo

 

Fue una osadía que frente a un horizonte por entonces bastante impredecible Mauricio Macri hubiese proclamado “lo peor ya pasó”, como hizo el primero de marzo, al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso. Y otra, de corte parecido, fue hablar de la “reactivación silenciosa”.

Si existe algo que hoy puede rondar la categoría de “lo peor” ese algo se llama precios acelerados, tal cual prueban encuestas que ponen el tema al tope de las preocupaciones de la gente, incluso por encima de la inseguridad. Y pasar, se ve que no pasó.

Junto al inquietante 2,3% que anotó el índice de marzo, aparece otro dato igual de concreto que también cruza la afirmación del Presidente. Dice que durante el primer trimestre se acumuló un 6,7% y dice, además, que contrastándolo con el 6,3% del año pasado el resultado es que la inflación no ha bajado sino subido, así sea levemente.

Como si pretendieran achicar el costo del 2,3%, funcionarios del área económica afirman que si bien es malo “era lo esperado”. ¿Esperaban también que de los últimos cuatro meses, incluido el 3,1% de diciembre, tres hubiesen arrojado un índice mayor al 2%? A veces la realidad aconseja no hablar.

Internas siempre internas, el mismo juego de cifras desafía las opiniones de quienes hoy pretenden liberar de culpas al Banco Central. Tomando partido a favor de la entidad, plantean que el actual 6,7% surgió tras la decisión de la Jefatura de Gabinete de levantar la meta de inflación al 15%, o a causa de esa decisión. Acompañan así algunos comentarios incisivos del propio BCRA.

El 6,3% de 2016 ocurrió bastante antes de que la meta fuera recauchutada y cuando Federico Sturzenegger aún manejaba, casi sin interferencias, la tasa de interés. Y si desde entonces poco o nada cambió ahí, el foco vira hacia los desaciertos de la política antiinflacionaria del Gobierno, con independencia de quienes son sus protagonistas y dejándoles las pujas a ellos.

Tampoco abril pinta que se diga alentador, solo que será necesario esperar hasta el 15 de mayo para ver qué marca el termómetro y comparar 2017 y 2016. Si marca 9% cuatrimestral como anticipan varios analistas, tendríamos 9 contra 9 y seguiríamos parados en el mismo lugar.

Por de pronto, hay lo que hay: una inflación anual del 25,4% o un número que en principio supera en diez puntos a la última meta oficial. Y aun cuando empiece a declinar desde el mes próximo, luce evidente que la pauta del 15% quedó herida de muerte.

Si no la modificaron, como asegura Nicolás Dujovne, seguirá desparramando desajustes sobre las cuentas públicas. ¿O la modificaron y no quieren decirlo?

Once veces corregido hacia arriba, el último relevamiento de expectativas inflacionarias que el Central hizo entre diversos estudios señala 20,3% anual y es del todo previsible que piensen retocarlo en el próximo sondeo. Habían arrancado el año con un 17,4%.

Dice alguien que asesora a empresas de primera línea: “El índice de abril también va a dar alto, porque sólo de parte del Gobierno tenemos 39% en gas, 12% en colectivos y 14% en trenes; más combustibles y más el riesgo de que decidan desempolvar el demorado 41% del subte”. Sería útil que los funcionarios del área económica anticiparan qué esperan para abril: “Calla boca”, recomendaría el genial Austin Powers.

Pasado el temblor de estos meses, el asesor de empresas proyecta alrededor de 1,5% para mayo, junio y julio. A esta altura de la película y viniéndose de donde se viene, hasta un 1,5% parece bueno aunque resulte considerable.

Pese a pifiarla tupido con sus estimaciones, el BCRA todavía conserva cierta dosis de optimismo. Sostuvo en un informe del martes pasado: “La aceleración de la inflación de los últimos meses es transitoria, y se debe a los fuertes aumentos en precios regulados y a la rápida depreciación (devaluación) del peso entre diciembre y febrero. Una vez superados estos factores transitorios, la inflación consolidará su tendencia a la baja”.

De momento, aún no existe ninguna tendencia a la baja sino más bien una a la suba. Después del 16% que lleva desde principios de diciembre y de su efecto inflacionario, la trepada del dólar puede ser transitoria o necesariamente contenida desde el BCRA. Y si el aumento de los precios regulados, como el de las tarifas, nunca tuvo nada de transitorio, todavía quedan por delante reajustes en gas, luz y agua, los de la serie que toca a colectivos y trenes y quizás en combustibles.

Otro galimatías del Central, ahora puesto en cabeza de los institutos que consulta: “La inflación núcleo de abril se mantendrá en registros elevados, aunque inferiores a los de marzo”, dice el mismo informe del martes.

Vale aclarar que la inflación núcleo es aquella que deja afuera a los precios regulados y a otros que varían por factores estacionales. Representa alrededor del 70% de la canasta de bienes y servicios del INDEC, o sea, que ahí tenemos de todo, empezando por el costo de los alimentos que sumó 6,7% entre enero y marzo.

También considerado una muestra de tendencias, ese indicador anotó 2,6% en marzo y 6,3% en el trimestre. En un caso, arriba del índice general con los regulados adentro, y en el otro, casi igual al índice general. A la Dirección de Estadística porteña le dio 23,2% para los últimos doce meses.

Con el cuadro completo a la vista se entiende por qué Mario Quintana, el cada vez más encumbrado vicejefe de gabinete, reunió días atrás y a puertas cerradas al equipo económico. Quedó claro entonces algo que ya estaba claro: que los ministros deben manejar sus decisiones en base a pautas de inflación diferentes a la del 15%.

Cuadraba acomodarlas a la realidad, como corresponde en cualquier administración, pública o privada: el esquema interno, reservado, sería 18-20%. También quedó atrasado el 15,7% que Dujovne había fijado en el Presupuesto Nacional, y si no lo actualizó, tiene las cuentas fiscales desajustadas.

Los metalúrgicos de la UOM también buscan saltar el cerco, en medio de la áspera pulseada que mantienen con los empresarios y el Ministerio de Trabajo. Mientras la Bancaria tensa su conflicto, ya mueven sus fichas, entre otros, Camioneros y SMATA.

Nada casual tampoco, profesionales que se dedican a analizar el consumo advierten por lo menos estancamiento. O más que estancamiento: en enero, midieron caída del 11% para el estrato social medio bajo, aquel que suele motorizar el crecimiento económico.

De vuelta al comienzo, Clarín preguntó a un especialista bien calificado entre sus pares: ¿cómo es eso de la reactivación silenciosa, por qué la gente no la percibe?

Respuesta: “En 2016, la economía cayó 2,3%; el año pasado repuntó 2,9% y este año vamos a andar alrededor del 2,5. No estamos creciendo ni al 5 ni al 6%, tanto como sería necesario para que el movimiento de la economía se note y, sobre todo, que se note en los ingresos”.

Agregado: “El vuelo de la economía es aún más bajo, si computamos que la población aumenta al 1% anual y consideramos luego el crecimiento del PBI por habitante. Encima, tenés la inflación”.

Aguantar hasta el Mundial y apostarle un pleno a la Argentina, parece hoy una receta riesgosa. Fuentes muy cercanas al oficialismo anticipan que después de octubre de 2019 y de una reelección de Macri que dan por segura, vendrá un verdadero plan de estabilización.

Aunque más no fuese por las dudas, luce apropiado tenerlo listo antes, pues difícilmente el año próximo la inflación baje al 10% que el Gobierno planteó en diciembre. O sea, del 20-22% a menos de la mitad.

Alcadio Oña

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