Martes, 17 Abril 2018 00:00

Un combo raro: la nafta aumenta y aumenta y las ventas, también - Por Alcadio Oña

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Otro dato: la venta de los más caros nafta y gasoil premium, poco menos que vuela. Y supera en mucho a la de súper y a la de gasoil tradicional.

 

Hay una paradoja grande, semejante a un contrasentido, colada en medio de la puja recurrente entre el Gobierno y las refinadoras por el precio de los combustibles. A contramano de los aumentos en cadena, las ventas siguen para arriba o bien para arriba y, encima, los obviamente más caros productos premium no paran de ganar mercado.

Extraño a simple vista y a la vez notable es el caso de la nafta premium. Según datos de la cámara que agrupa a los expendedores, en marzo acumuló un encarecimiento anual del 35,7%, diez puntos por encima de la inflación que el INDEC acaba de medir para el mismo período.

Fuentes privadas cuentan, en simultáneo, que la demanda de la también llamada nafta ultra creció 12,2% en febrero, 11,4% en enero y 19,4% durante el año pasado. Dato contra datos, surge evidente que los precios no son un gran escollo o no lo son al menos para un buen número de consumidores.

De salto en salto, ese combustible empieza a tallar fuerte. Récord histórico, hoy acapara el 26% de las ventas totales y ese boom, negocio redondo, explica que sólo entre 2015 y 2017 su producción hubiese aumentado nada menos que 86%.

¿Y qué pasó con su competidora directa, la nafta súper? Si es por el precio, pasó algo parecido: acumuló 32% anual a marzo. La diferencia asoma al considerar el consumo y su correlato, la producción: el consumo creció 3,6% el año pasado, cinco veces menos que el de la premium, y la producción, un modesto 4,4% desde 2015.

¿Cómo se entiende que pese a ser más barata la súper esté perdiendo la batalla con la ultra? Si la razón pasa por la cantidad de octanos, un elemento clave en los autos modernos, una tiene 95 y la otra, entre 98 y 100. Por eso, un especialista afirma: “No veo causas técnicas que fundamenten la opción, como podría ser el rendimiento. Tal vez haya cuestiones asociadas al marketing o bastante de esa costumbre de presumir que tienen unos cuantos argentinos”.

Un factor cualitativamente distinto separa al gasoil digamos tradicional, que suele usarse en el campo y en la actividad económica, del premium, que es mucho más limpio y protege mejor los motores.

Ese notorio diferencial de calidad está marcando la cancha. Pese a tratarse de un combustible más caro, la demanda de gasoil premium avanza a tasas superiores al 24%, un 30% el año pasado, y ya copa un notable 31,7% del mercado. Las ventas de su rival, el gasoil tradicional, van al 3,9% y pierden mercado.

Cualquiera sea el metro que se emplee, el caso es que la demanda total de combustibles corre a paso firme. Y tan firme que, según un informe muy reciente del INDEC, las refinerías ya utilizan casi el 83% de su capacidad de producción, lo cual significa que están operando al límite.

Suena extraño que semejante fenómeno no aparezca en los noticiarios oficiales. ¿Será porque hablar del alza en las ventas equivaldría a validar el reclamo de las refinerías por nuevos ajustes? Es posible, si no seguro, que existe bastante de eso.

En el mismo tironeo de los precios había quedado metida YPF y la novelita montada alrededor de cuál sería su aumento.

El jueves a primera hora la petrolera anunció 3% promedio, un respetable punto y medio menos que el 4,5% del resto. Empate entre la posición del vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, que pretendía nada o casi nada, y la del directorio de YPF, que ponía por delante el delicado cuadro financiero de la compañía. Aún así, lleva 12% en el año.

Probablemente la decisión moderada a pedido del alto mando del Gobierno contribuirá a aflojar el impacto de los incrementos sobre el índice de precios de abril. Y no vendría nada mal, pues ya se lo vislumbra arriba del 2%.

Está claro, por lo demás, que el envión de las ventas de autos hacia registros sin precedentes también empuja el consumo de naftas. Pero ya fue comentado desde aquí: hay récord de importados, no de unidades fabricadas por las terminales locales.

Los números de ADEFA, la entidad que las representa, cuentan que de los vehículos colocados en el mercado interno durante el primer trimestre un 72,5% vino de afuera. El año pasado había sido 71% y 61% en 2016. Eso también va en ascenso, pero tampoco conviene incorporarlo al noticiero oficial.

La producción circula por un carril bien diferente: incluyendo utilitarios, todavía está 41% por debajo del pico de 2011. Alimento para el complicado cuadro laboral del sector.

Un problema metido dentro del problema general aparece en el balance automotriz con Brasil. Según los últimos datos oficiales de allí, hoy por cada dólar que nos compran nos venden por más dos dólares y medio. Nada parecido al acuerdo bilateral de un dólar contra un dólar y medio, sino todo lo contrario.

Y como el fenómeno viene de lejos, la pelota sigue picando en el campo de los funcionarios argentinos, tanto como la urgencia de empezar a equilibrar la balanza.

Tal cual pasa con la importación de combustibles y la declinante producción petrolera, son dólares imprescindibles que se escapan. Mientras, marchan lentas las reformas económicas que podrían generar divisas en magnitudes parecidas a las necesarias. Inversiones y política oficial insuficientes.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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