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Viernes, 11 Mayo 2018 00:00

Optimistas y pesimistas coinciden en un consejo con el dólar: cuidar reservas - Por Guillermo Kohan

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Parece bastante obvio lo que hoy se discute en Argentina. En lo inmediato, si el Gobierno, con la reciente determinación de pedir auxilio al FMI, logrará frenar la corrida contra el peso y los activos financieros del país.

 

Pero sobre todo, si una vez estabilizada la situación, el programa gradualista tal como lo conocimos desde el arranque de la administración Macri y en particular sus ejecutores, será capaz de recomponer la confianza de los operadores económicos para lograr la reducción del déficit prometido, con los niveles de crecimiento e inflación necesarios para cumplir esas proyecciones y que el Presidente o su espacio político lleguen enteros a octubre de 2019, con chances de lograr en las urnas un segundo mandato.

Los optimistas consideran que ha sido exagerado el castigo contra Argentina, y que las chances de estabilizar la corrida contra el peso son elevadas asumiendo seguramente un valor nominal del tipo de cambio más alto o bastante más alto del que estaba presupuestado y en la mente de los operadores económicos para este año antes del cimbronazo.

La devaluación, si es ordenada y se estabiliza, opinan, puede ayudar a recomponer rentabilidad y empujar la actividad económica. La inflación, tal como viene ocurriendo este año con la recaudación si la actividad no se frena, también contribuye a licuar el déficit.

Consideran los optimistas que la gran ventaja hoy de Macri es que no tiene dólar fijo y con un nivel de reservas medianamente aceptable como el actual, el ajuste que no hace el gradualismo político lo hace el mercado devaluando el peso. Observan que no hay peligro con los depósitos bancarios porque más de 90% son en pesos, en tanto que las reglas de encaje obligan a los bancos a no prestar los depósitos en dólares de los ahorristas que están bien asegurados en el tesoro del Banco Central.

Desde luego los optimistas creen que el Gobierno y su actual elenco económico están en condiciones de lograr un apoyo contundente del FMI con el respaldo político de Washington. Suficiente como para descomprimir todas las dudas sobre la solvencia del país y su sistema financiero. Hablan de dólares preventivos y también fondos frescos para apuntalar las reservas si fuera necesario. Y asumen que para lograr el acuerdo habrá que adoptar algunas políticas menos graduales con el gasto, mayor compromiso de reducción del déficit fiscal, parte de la agenda que ya viene anunciando la Casa Rosada. Manteniendo desde luego el plan de aumentos de tarifas original, y avanzando con la agenda legislativa que reclaman los inversores que en parte se cumplió ayer con la sanción de la nueva ley del mercado de capitales y que podría seguir con los capítulos menos conflictivos de la reforma laboral en el Senado.

Los pesimistas tienen una mirada naturalmente distinta. Consideran que la crisis que llevó al presidente Macri a tener que pedir auxilio al FMI es lisa y llanamente el fracaso del modelo gradualista elegido por el Presidente. Opinan que ya el actual equipo económico no tiene credibilidad para gerenciar la situación, y suponen que el anunciado acuerdo con el Fondo aún está extremadamente verde, tanto en los detalles de la cantidad de dinero en asistencia como en las fórmulas respecto de cómo utilizarlo. No creen que el Fondo vaya a financiar tan fácil la fuga de capitales de la Argentina, menos a estos precios del tipo de cambio.

Ni hablar de las condicionalidades que, recuerdan, ya surgieron en la última revisión del FMI sobre el programa argentino, en el marco del famoso Artículo 4to de la Carta Orgánica. Los técnicos en Washington ya dejaron todo por escrito, opinan de la economía argentina lo mismo que la mayoría de los economistas profesionales a quienes los asesores políticos del Presidente han ninguneado desde el primer día: que resulta necesario un mayor compromiso fiscal, menos gradualismo en el ajuste del Estado, no atrasar el tipo de cambio, abrir la economía, que no se puede financiar déficit operativo con capitales golondrina, modernizar las leyes laborales, resolver la inconsistencia del sistema previsional, otorgar mayor autoridad y mayor centralidad al equipo económico dentro del Gabinete. En suma, todo lo que el Gobierno nunca estuvo muy dispuesto a conceder.

En lo inmediato, apuntan los pesimistas, seguirá la incertidumbre en los mercados y habrá que observar qué hace el Gobierno. Por lo pronto llega la semana próxima el mega vencimiento de Lebacs, por un monto que equivale en dólares a la mitad de las reservas disponibles. Ayer ese papel, que vence en una semana, se negociaba en el mercado a una tasa de 42%. El dólar se mantuvo demandado todo el día y seguían cayendo, aunque menos, los papeles de la deuda argentina. Se recomponían parcialmente las acciones.

Los pesimistas opinan que el llamado plan de convergencia fiscal del Gobierno está completamente fulminado por el shock de desconfianza contra la Argentina, y vaticinan que ahora en 2018 la inflación puede superar a la de 2017 y el crecimiento colocarse incluso debajo de 2%. El actual escenario financiero pone a la vez un serio interrogante al plan de inversiones por el programa de PPP, al que el Gobierno jugaba todas las fichas

En algo sí coinciden ambos bandos. Optimistas y pesimistas recomiendan fundamentalmente cuidar las reservas. Al menos hasta que se defina cómo sigue la película. Si la corrida no se detiene, Macri deberá asumir que el ajuste que no quiso hacer al principio de su Gobierno con un acuerdo político por las buenas, ahora lo está realizando el mercado por las malas. Si, en cambio, la devaluación es ordenada más menos como hasta ahora, y con el aval del Fondo se garantiza el nivel de reservas y se evita regresar a momentos de pánico en el mercado, lo que queda del gradualismo tiene alguna chance de sobrevivir, aunque muy herido, para ver cómo se administra la llegada al 2019. Posiblemente con menos crecimiento y más inflación.

Si los pesimistas aciertan (ellos se llaman a sí mismos realistas), la devaluación del peso seguirá acelerándose hasta un punto en el que tarde o temprano será entonces responsabilidad de Mauricio Macri definir hasta dónde se profundiza la crisis para cambiar el libreto, el programa y el elenco que lo lleve adelante. Cuanto más tarde el Presidente en advertir que llegó la hora de la verdad, avisan los profesionales de la economía que cuestionan el llamado gradualismo, peor será la devaluación, más fuerte será la corrida, mayor el costo político para él y su espacio, y más duras serán las decisiones que habrá que tomar en el futuro para presentar un nuevo plan que recomponga expectativas.

Guillermo Kohan

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Guillermo Kohan

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