Martes, 29 Mayo 2018 00:00

Dólares escasos o, al fin, la falta de exportaciones competitivas - Por Alcadio Oña

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Se han perdido ventas hasta en los mercados más cercanos. Y las de otros países, también cercanos, crecieron al doble de las argentinas.

 

La suba de las tasas de interés en Estados Unidos y de su correlato, el costo del crédito; la salida de capitales desde los países emergentes y el aumento del dólar en el mundo son problemas comunes para quienes deben enfrentarlos. Pero cuando van acoplados a serios desajustes económicos internos, arman un combo bien conocido aquí: en pocas palabras, se lo llama dependencia externa y vulnerabilidad ante cualquier sacudón internacional.

El saldo entre divisas que salen a chorros y divisas que entran en cuentagotas, o sea, la cuenta corriente, muestra crudamente dónde está parada la Argentina.

Siempre en dólares y según cifras de la Fundación Capital, el rojo saltó de 14.900 millones en 2016 a 30.792 millones en 2017 y escalaría a 31.263 millones en 2018. Se habrían acumulado así cerca de 77.000 millones en tres años, un agujero por cierto imbancable y que no puede seguir bancándose con deuda externa.

Allí juegan el déficit comercial, el turismo al exterior y el costo del transporte de mercaderías, las compras-refugio de los particulares y la transferencia de utilidades empresarias. De un modo u otro, pérdida de capitales y fuga de capitales.

Añadido va un par de factores que son parte del mismo paquete. Como que la inversión financiera especulativa, que tan pronto entra tan pronto se va, supera en mucho a la inversión real, firme y productiva. Hasta puede llegar a cuadruplicarla, tal cual ocurrió el año pasado: US$ 34.600 millones versus US$ 10.689 millones.

Ya estructural, una pieza central del combo es el desequilibrio de la balanza industrial: por lo bajo, US$ 27.000 millones el año pasado. Esta vez quedan al descubierto tanto la muy escasa competitividad de la producción nacional como, claramente, la dependencia de bienes e insumos que llenan eslabones de las cadenas productivas. Sin ellos, actividades enteras se paralizarían.

Últimamente ha empezado a subrayarse, dentro y fuera del Gobierno, lo que sería el lado estimulante de las importaciones o, mejor, la prueba de un proceso de inversiones sostenido. Se trata de la compra de bienes de capital, de máquinas, piezas y equipamiento.

Pero aun cuando eso exista, el especialista en relaciones económicas internacionales Jorge Lucángeli ha puesto la lupa sobre bienes de capital que no pueden ser asociados al despliegue de las industrias manufactureras, sino a otras cosas.

Uno de ellos fue el 200% que el año pasado aumentó el ingreso de notebooks y tablets, a caballo de la rebaja de aranceles de importación. Algo semejante y por la misma razón ocurrió con las centrales telefónicas y los teléfonos celulares, dentro de la categoría equipos de comunicación.

Puesto de otra manera, no es lo mismo ni representan lo mismo unos bienes de capital que otros. Cargado de datos, el trabajo de Lucángeli puede encontrarse en el blog Alquimias Económicas.

Lo cierto es que existe una economía que no genera nada ni siquiera parecido a la cantidad de divisas que consume, y consume tantas como manda la necesidad de cubrir alrededor de la mitad de la producción.

Y como importar habrá que importar de todos modos, sea porque ninguna economía precisa autoabastecerse o porque importar equivale a incorporar tecnologías y procesos modernos, la salida del laberinto está en las exportaciones, esto es, en las grandes proveedoras de divisas genuinas. Justo donde vamos marcha atrás: las ventas de 2017 fueron US$ 25.660 millones menores a las de 2011 y de una magnitud similar a las de 2007.

Los súper precios de la soja pueden ser una explicación, aunque son una explicación de patas muy cortas. Según la consultora DNI, contra el año 2000 las exportaciones argentinas subieron 123%; las de Brasil, 295%; un 275% las de Chile; las de Uruguay, 294% y un 548% las de Perú. Evidente: algo hicieron otros que aquí no hicimos; políticas, al fin.

El especialista Raúl Ochoa dice que el país no sólo ha perdido participación en el mundo, sino que también la ha perdido dentro del Mercosur y, fuera del Mercosur, entre las muy próximas naciones de la Aladi. O sea, un espacio al que era factible entrar con una buena canasta de productos, aprovechando además enorme ventaja de la cercanía.

Agrega: “Resignar esos mercados fue igual a resignar oportunidades de aprendizaje, sobre todo entre las pymes. Y de eso habla que un tercio de los exportadores medianos y pequeños haya dejado de ser exportadores”.

Suele presentarse como un dato positivo de la herencia kirchnerista a la muy baja relación deuda-PBI, salvo que fue al costo de desfondar de reservas al Banco Central y de terminar su performance con cepo, transferencias al exterior e importaciones bloqueadas. Obviamente no desapareció eso que se llama el flujo, o necesidad de divisas.

La fuerte devaluación del macrismo puede darle cierto aire a las cuentas externas, siempre y cuando, dicen números de expertos, el proceso inflacionario no se coma el 40% del avance logrado. Pero nada de fondo cambiará ni tampoco será resuelto por un acuerdo con el FMI, mientras siga presente la falta de competitividad de aquellas exportaciones que no dependen sólo del campo. Y precisamente ahí tallan las políticas del Gobierno.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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