Domingo, 10 Junio 2018 00:00

Inversiones en tiempos del FMI - Por Dante Sica

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Hablar de inversiones luego de momentos de incertidumbre puede parecer desatinado. No obstante, lo urgente no debe relegar lo importante: Argentina necesita inversiones como el agua y hoy, pasado el stress cambiario y luego del acuerdo alcanzado con el FMI, la niebla comienza a disiparse y debemos volver a concentrarnos en la agenda económica del mediano plazo.

 

Los lineamientos del acuerdo ofrecen un tablero más claro en el juego económico: el préstamo de más de 50 mil millones da mayor previsibilidad al esquema financiero de nuestro país y un programa que apunta a reducir aceleradamente el déficit fiscal y bajar la inflación, son buenas señales para quienes analizan proyectos de expansión.

Potenciar la llegada de inversiones y mantener el nivel elevado durante un período prolongado son condiciones esenciales para recuperar el crecimiento sostenido. Una de las consecuencias más severas que dejó el período de estancamiento que sufrió la economía entre 2012 y 2016 es que la tasa de inversión se ubicó en niveles muy bajos. El crecimiento de 2017 trajo una buena noticia: la inversión se recuperó significativamente y luego de cuatro años de haber estado en un nivel de 20%, llegó a 22,8. Los primeros meses de 2018 mostraron una tendencia positiva, pero eso podría demorarse debido a las turbulencias recientes.

Para crecer de manera sostenida la tasa de inversión debe alcanzar el 25% del PBI

No obstante, sorteadas las tensiones, los ajustes en los fundamental (déficit fiscal y externo) podrían generar mejores condiciones ya que un tipo de cambio real más competitivo estimula la inversión en bienes transables, le da protección natural a los sectores sensibles y desincentiva la salida de recursos por turismo y formación de activos externos. El panorama toma mejor color a partir de la aprobación de la Ley de Financiamiento Productivo y sobre todo, ante la posibilidad de que Argentina logre pasar a ser mercado emergente en los próximos días, en lugar de fronterizo como lo es en la actualidad.

Para crecer de manera sostenida, la tasa de inversión debería alcanzar el 25% del PBI. Esto es así porque más allá de que tenemos que apuntar a la convergencia con las economías desarrolladas, debemos hacerlo antes que nada, para generar empleo suficiente y de calidad. La economía política de Argentina indica claramente que para asegurar la gobernabilidad, una condición indispensable es la de generar empleo para quienes se incorporan año a año a la fuerza de trabajo.

Promover la llegada de inversiones implica dar grandes pasos. Nuestro país debe tener éxito en reducir la inflación, recomponer el ahorro y desarrollar el sistema financiero. Otro punto primordial es que el tipo de cambio real no debe ubicarse por debajo de su nivel de equilibrio ya que la inversión tiene un gran componente importado y además en la economía, los dólares los aporta principalmente, las exportaciones.

Las inversiones que se requieren apuntan a escalar el mercado doméstico alcanzando el Mercosur y América Latina y para ello es clave avanzar en un proceso de apertura. En este marco, la apuesta oficial se traduce en multiplicar los esfuerzos por aumentar los lazos con el mundo y el compromiso de incorporarnos a los circuitos globales de integración, luego de varios años de aislamiento. Así, resultan notables los entendimientos logrados con la Unión Europea para arribar a un acuerdo que ya lleva más de dos décadas de negociaciones.

Ese acuerdo debe ser entendido como un hito estratégico ya que no sólo un convenio de comercio sino que, en el corto plazo, la trascendencia va a estar dada por el avance institucional. Ante el mundo, un acuerdo con Europa es un sello de calidad que garantiza que Argentina, junto a los socios del Mercosur, inaugura una etapa de mayor apertura, y sobre todo, se compromete a honrar las reglas de juego.

Sin embargo, con la macro no alcanza. Argentina enfrenta un desafío de enorme trascendencia: tiene que apuntalar su productividad para lograr un catch-up con el resto del mundo y para ello, es crucial revertir décadas de estancamiento de la inversión privada. Durante años hemos estado al margen del proceso de robotización y automotización que atraviesan los desarrollados e incluso buena parte de los emergentes. Argentina representa sólo el 0,7% de la economía global, pero su share en la demanda mundial de robots para uso industrial se reduce a tan sólo 0,08%.

De hecho, una gran cantidad de empresas ya está trabajando e invirtiendo en desarrollar estrategias pro-eficiencia para adaptarse a esta nueva etapa, liderando el proceso. Las ganancias de competitividad no sólo provienen de la incorporación de tecnología en la producción, son líneas de acción integrales que contemplan el rediseño de la estrategia de valor, el desarrollo de proveedores y una reducción de costos que permita dar sustentabilidad a los negocios en un contexto de mayor competencia externa.

La inversión es la única receta de éxito para el crecimiento y la generación de empleo. Hoy contamos con las credenciales que nos da el acuerdo con el FMI y el compromiso de avanzar hacia el equilibrio macro, pero es clave continuar con la implementación del programa de reformas estructurales que permita mejorar nuestra competitividad sistémica para posicionarnos en el radar de las inversiones.

Dante Sica
Director de ABECEB  
Ex secretario de Industria, Comercio y Minería de la Nación

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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