Viernes, 06 Julio 2018 00:00

Pasó de ronda Macri con el dólar y clasifica por ahora para 2019 - Por Guillermo Kohan

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Superó la prueba del dólar esta semana el Gobierno, tampoco le sobró mucho, pero lo detuvo entre 28 y 29 pesos a punta de pistola y con las tasas por encima de 50%.

 

Hubo razonable adhesión a cambiar los tickets en pesos de las Lebac por las promesas en dólares de las Letras dolarizadas cortas y así se calmó la sangría contra los bonos y sobre todo las acciones argentinas que comenzaron a escalar desde las profundidades donde había quedado, debajo de la lona. Digamos que el presidente Macri y su equipo clasificaron para la segunda ronda, de las tantas rondas dramáticas que faltan transitar y que seguirán definiendo el resultado de la Copa Argentina, la que se juega en la política y la economía del país entre ahora y las elecciones presidenciales de 2019.

Una vez más el primer interrogante es saber si la corrida contra el peso y los activos argentinos se frenó en forma transitoria o si se empieza a ver el camino de la estabilización después de la crisis que comenzó en abril. No es la primera vez que se aplica un torniquete monetario, ni que se interviene en el mercado para vender dólares oficiales. Desde principios de año, la corrida pareció frenar primero entre 20 y 22, luego con precio máximo a 25, y ahora, apenas debajo de los emblemáticos 30.

En el Gobierno suponen que ya hicieron todos los deberes para estabilizar la situación, sobre todo con la nueva conducción del Banco Central, el renovado compromiso del Presidente de cumplir el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y mantener un país con crédito y clima de inversiones, y los efectos positivos que podría traer la devaluación en el campo y las economías regionales el año próximo si el clima acompaña.

Entre los economistas, la mirada sigue aferrada a los desequilibrios evidentes en los números reales y sobre todo financieros, que ya eran dramáticos cuando los heredó la administración Macri en diciembre de 2015, pero hoy están prácticamente duplicados en términos nominales por el proceso inflacionario que el Gobierno no pudo controlar. A la vez, la Argentina de hoy ni siquiera se beneficia de la devaluación en términos de ajuste fiscal, como ocurrió con el estallido de la Convertibilidad y el brutal ajuste en los primeros meses de la gestión Duhalde. Ahora, como el gasto público es infinitamente mayor a entonces y está dolarizado o ajustado por inflación (que es lo mismo), cada vez que aumenta el precio de dólar, aumenta la cantidad de pesos que necesita el Estado para pagar sueldos, jubilaciones, planes sociales, subsidios; toda una tarea que mantiene muy activa la fábrica de inflación, como bien señala el periodista y economista Alejandro Colle.

En tanto el Gobierno no logre frenar la fábrica de inflación, los saltos del dólar seguirán sucediendo, y cada tanto reaparecerá esa sensación de que el país se acerca al abismo. La última experiencia fue hace una semana, en ese último viernes de furia en que arreciaban las versiones de los peores males por venir otra vez en la Argentina. De momento, el Gobierno controla la situación sin que le sobre nada: con el dólar, las tasas, y la inflación, finalmente subiendo.

El otro interrogante, que desde luego define mucho sobre el primero a propósito de la imprescindible estabilización del dólar, es otra vez el básico: si el gobierno del presidente Macri será capaz de recomponer la confianza entre los actores económicos, grandes y chicos, para que vuelan a invertir en Argentina. Que los dólares voluntariamente vuelvan. Que reaparezcan las condiciones históricas que en Argentina determinaron períodos de retorno de capitales. Recomponer poder político, devaluar, estabilizar, y ofrecer rentabilidad. Tan simple y tan complejo y lejano. Como que Argentina, en la Copa 2019 que se ya se está jugando, al menos llegue a las semi-finales.

Como en el fútbol, hoy es casi todo pesimismo. La platea y la tribuna braman: La recesión con inflación es inevitable, Macri no da pie con bola con la lista y los cambios en el equipo, siguen jugando los que nunca ganaron nada, falta un técnico con autoridad al que respeten los jugadores, cómo vamos a salir de la crisis con los mismos que nos llevaron a la crisis, y demás consideraciones que se aferran a la idea de que será muy difícil recomponer las condiciones para hacer negocios rentables en la Argentina.

Crece en el mundo económico el temor a que si las cosas no se tranquilizan, el Presidente se vaya encerrando cada vez más en su círculo de supuestos incondicionales, donde se alimenta un clima de rencor en contra del empresariado y del sector privado en general, al que no solo se lo acusa de falta de compromiso con el proyecto político de Macri, sino ahora de asociarse al peronismo para desestabilizar al Gobierno con corridas cambiarias. Ni siquiera los productores agropecuarios se salvan de la espada de los nuevos inquisidores. Los acusan de haberse opuesto a aportar el regreso de las retenciones al proyecto Macri 2019.

En lugar de admitir que para enfrentar la desastrosa herencia de Cristina Fernández de Kirchner fue el equivocado gradualismo y quienes lo mal administraron lo que llevó a generar la crisis de confianza que azota hoy al país, se atribuyen los problemas a una conspiración. Se amplía el Club del Helicóptero. Ahora no son los ultras de izquierda más el kirchnerismo. Ahora se suma todo el peronismo, Sergio Massa, las consultoras políticas y económicas independientes, hasta los chacareros. Nosotros los periodistas, desde luego

Hasta donde se sabe, el presidente Macri no va a cambiar ni al técnico ni al equipo. Seguirá disputando la Copa Argentina 2019 con el mismo estilo de juego y el mismo elenco básico que lo trajo hasta donde se encuentra hoy, sabiéndose condicionado por la crisis financiera que lo obligó a buscar el respaldo del FMI para tratar de superarla. Entre el cepo cambiario y el FMI, claramente Macri optó por Occidente. No es poco! Pero.

Necesita administrar un ajuste con resultados inciertos, por lo menos durante los próximos 6 meses. Y definir una estrategia de gobierno y gestión que le asegure mejores resultados.

De la última conversación que tuve con uno de mis gurúes políticos favoritos, el periodista Alberto Valdez, me llamaron la atención estos datos para entender lo que sigue y cómo sigue la administración Macri:

  • Crece una grieta interna en el Gobierno en una nueva versión de los Celestes y los Rojo Punzó de la era Menem. Los más cercanos al presidente Macri, hombres como Marcos Peña, Durán Barba, José Torello; ministros como Guillermo Dietrich ahora también Nicolás Dujovne, militan el ala dura de los halcones alineados con Marcos Peña y sus escuderos Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. Personalistas, opinan que no hay que ceder en acuerdos con el Peronismo, la política ni el Círculo Rojo.

  • De otro lado están los Celestes, los que aspiran a un Presidente más interesado en ellos, y también los gobernadores aliados al jefe de Estado, que tienen que gobernar en el ajuste y temen que la crisis los afecte en sus distritos. Los gobernadores radicales y sobre todo los propios, María Eugenia Vidal y Horacio Rodriguez Larreta. Tienen hoy todos, incluyendo los del PJ, el mismo problema. Que Dujovne y la Jefatura de Gabinete no les descargue sobre ellos el ajuste para cumplir con el FMI y tratar de salvar la reelección de Macri.

  • El problema del Presidente es que el acuerdo político que le proponen los celestes es también para subir impuestos. Los radicales quieren que se repongan las retenciones. Y en eso están de acuerdo con el PJ federal y con Sergio Massa. También proponen más intervencionismo en el sector energético, volviendo a regular los precios para frenar los aumentos.

  • Por ahora Macri optó por el régimen de libertad vigilada con las petroleras. Si suben poco la nafta, seguirá sin intervenir el Estado. Si se exceden, nada está garantizado. Menos el sendero del precio del gas acordado para desarrollar Vaca Muerta, si fuera necesario detener el tarifazo.

¿Qué opciones elegirá el Presidente? Aseguran los bien informados que hoy el Jefe de Estado ensaya la táctica de doblar la apuesta. Casi camporismo macrista. No quiere acuerdo con el Peronismo y supone que la crisis le permitirá imponer el ajuste a los gobernadores, acusando al peronismo de conspiración si no colabora. Una radicalización de la interna entre celestes y rojos punzó de los 90, ya que entones el presidente Menem balanceaba el poder. Su jefe de Gabinete era celeste, acuerdista, mientras que su ministro fuerte, Cavallo, se llevaba el mundo por delante.

Hoy el jefe de Estado aparece como el jefe de los halcones. Dicen que pasa a menudo cuando el dólar se tranquiliza. Crecen los rojos punzós cuando la crisis parece estabilizarse. Celebran los celestes cuando tiembla el mercado y Macri retoma la idea de que necesita acuerdos y no más grietas y peleas para gobernar.

Guillermo Kohan

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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