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Jueves, 12 Julio 2018 00:00

Las dos argentinas - Por Daniel Sticco

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La historia del país está plagada de antagonismos que impiden delinear una senda de crecimiento económico, social y político sustentable

 

Recurrentemente el humor social, y las recetas de política económica de cada ministro, aún dentro de un mismo gobierno, muestran avances y retrocesos, sin lograr marcar una trayectoria superadora en el tiempo, como ocurre en la mayor parte de los 220 países del planeta.

Eso ocurre porque pasan los presidentes, de cualquier color y orientación política, tradicionales y nuevos, y no logran revertir los grandes antagonismos que, en una apretada síntesis, arrastra y divide a la Argentina en casi dos partes, con el resultado conocido de estancamiento interno y recurrente retroceso en el plano internacional:

  • 1. Formalidad e informalidad: la economía en blanco se estima en un rango de 55% a 65% del total; y la informal entre 45% a 35%, consistente con la proporción de trabajadores que no hacen aportes al sistema previsional que el Indec mantiene entre el 37% y 32% entre los asalariados, en una serie de más de 30 años; y hasta 10 puntos porcentuales más en el caso de los autónomos e independientes;

  • 2. Gasto: el del sector público es, en general, ineficiente y exagerado, representa más del 46% del PBI, en el agregado nacional, provincial y municipal, el cual es financiado con la economía privada que con consumo e inversión gasta el 53% a 54% restante;

  • 3. Presión tributaria: los que pagan los casi 100 impuestos que existen en los tres niveles de gobierno, nacional, provincial y municipal, llegan a tener una carga del 47% al 80% sobre sus ingresos; mientras que para los que se desempeñan en la informalidad, o tienen márgenes para eludir el pago de varios tributos según la legislación vigente, se reduce a un rango de 0% a 30 por ciento;

  • 4. Costo del dinero: la tasa de interés que paga una pyme por descontar un cheque en un banco es del orden del 40% a 45% anual, según los datos del Banco Central, pero subió al 80% y hasta 120% anual en los últimos días de turbulencia cambiaria en las "cuevas" de la city donde operan las pymes no registradas o que no tienen los papeles contables al día;

  • 5. Distribución del ingreso: los datos de la Encuesta Permanente de Hogares dan cuenta de una enorme brecha entre los recursos que genera el 30% de los niveles más bajos, respecto del 20% del extremo superior;

  • 6. Economía abierta y cerrada: gran parte de la dirigencia política y de los equipos económicos, pero también entre las empresas y los periodistas, se advierte una recurrente rivalidad entre los que aceptan la competencia, interna y externa; y entre los que demandan protecciones, para "vivir con lo nuestro";

  • 7. Ortodoxos y heterodoxos: en la elección de políticas económicas, a partir de las cuales se definen las prioridades sociales, de desarrollo y culturales, están los que proponen tomar las recomendaciones probadas exitosamente en la mayor parte del planeta; y los que inventan atajos, a la espera de una acción externa salvadora, pese a que reiteradamente redundaron en fracasos y alto costo social;

  • 8. Shock o gradualismo: en la ejecución políticas también se advierten dos argentinas, una que considera que a partir de un diagnóstico claro la medicina debe aplicarse de una vez, asumiendo riesgos controlados, como planes de contención social, para que el costo no recaiga entre quienes no lo pueden soportar; y los que amparados en la supuesta preocupación por los más débiles, recomiendan seguir un tratamiento homeopático, y por tanto lento, sin advertir que quienes se intentan proteger no tienen margen para esperar, y necesitan una acción inmediata que los saque de un estado de postergación insoportable;

  • 9. Ahorro e inversión: técnicamente uno es el lubricante del otro, o la contrapartida, y por tanto las dos variables deberían ir por senderos paralelos. Pero en la Argentina la inversión es baja porque se dice que no hay capacidad de ahorro; aunque todos los años, con raras excepciones, se van del sistema bancario más de USD 20.000 millones para acumular activos en el exterior; mientras que, como ahora, otros 10.000 a 12.000 millones de dólares se vuelcan al gasto en turismo en el resto del mundo por parte de los residentes. En conjunto se trata del monto que el país debió asumir en nueva deuda externa para financiar el déficit fiscal;

  • 10. Política cambiaria: también aquí se se observa una división marcada en el país entre los economistas, y más aún entre la dirigencia política y la población. Están los que prefieren una paridad fija con el dólar, porque otorga previsibilidad, aunque al costo de dejar al descubierto la pobre productividad de la economía en su conjunto en comparación no sólo con las grandes potencias, sino también con muchos de las naciones en estado de desarrollo permanente, y por tanto el bajo nivel de salarios equivalente en dólares para poder expandir las exportaciones. Y también y los que se inclinan por el tipo de cambio flotante sin intervención, porque quita el velo con el que habitualmente se intentan disimular los defectos históricos que en materia económica acumula la Argentina, y de ese modo ayuda a tomar conciencia de encarar políticas correctivas, generalmente dolorosas en el presente, pero con alta probabilidad de posibilitar beneficios futuros y sustentables.

  • 11. Crecimiento, recuperación, recesión, depresión: hasta mediados de junio último, cuando se difundieron los datos completos de actividad del primer trimestre, el equipo económico ha estado predicando que la actividad venía acumulando 7 trimestres de crecimiento respecto de los tres meses precedentes; y 5 en el cotejo interanual, pero las estadísticas de empleo y de indicadores sociales mostraron a lo largo de ese período un sostenido aumento de los beneficiarios de planes asistenciales, como de los enrolados en el Monotributo Social.

Las lista de "las dos argentinas" podría seguir, pero lo relevante sería no gastar más energía en eso sino en tomar nota de por qué se llegó a esas divisiones en la sociedad que muestran diversos indicadores económicos y sociales concretos, y que tal vez es hora de comenzar a imitar a los países exitosos en la mayor parte de los rubros, tales como en nivel de crecimiento y capacidad de consumo y de ahorro de sus habitantes; y consecuentemente del logro de mínimos índices de pobreza y altos en empleos productivos; elevada presencia en el mundo de sus productos y servicios, a partir de haber logrado estabilizar el valor de sus monedas, porque las diferencias se manifiestan en el margen, esto es proporciones mínimas.

Daniel Sticco
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