Domingo, 05 Agosto 2018 00:00

El dólar, eje de tironeos con el FMI - Por Alcadio Oña

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Fue arriesgado ver en la baja de las cotizaciones de julio una señal de que, al fin, había vuelto la calma.

 

Se sabe que nunca es bueno andar cantando victoria antes de tiempo y sobre todo aquí, si la pelea es nada menos que contra el dólar. Dicho sin tantas vueltas: fue arriesgado, y se comprobó arriesgado, ver en la baja de las cotizaciones de julio una señal de que al fin la calma había vuelto al mercado cambiario.

Justamente de eso habla alguien que conoce el paño de sobra y amasó contactos fuertes en los centros financieros. Primero, cuando aconseja echarle un vistazo a las páginas 13 y 14 del Memorándum que el Gobierno firmó con el Fondo Monetario y, tras cartón, cuando revela algunos pasos del jefe del Banco Central, Luis Caputo.

Para empezar, en las páginas 13 y 14 puede leerse: “Como parte de nuestro marco de metas de inflación, estamos completamente comprometidos con un tipo de cambio flexible y determinado por el mercado(...). No permitiremos que las reservas internacionales netas se contraigan por debajo de un piso...”. Todo bien rígido, como aceptar “ventas de divisas muy limitadas para ajustarnos a las presiones del mercado cambiario sobre el peso”.

¿Y cómo entra Caputo en esta historia?, le preguntó Clarín al informante.

Respuesta: “Entra a través de al menos un par de solicitudes recientes al staff del Fondo y ambas orientadas a aumentar las ventas del Central en el mercado. La idea era reforzar el poder de intervención de la entidad y, finalmente, evitar el riesgo de que el dólar volviese a dispararse”.

Continuación: “El primer pedido de Caputo, que apuntaba a las operaciones de contado, le iba a permitir perforar el piso fijado para las reservas, o sea, usar un monto mayor al autorizado en el Memorándum. Enganchado, el segundo pretendía superar los topes a la venta de divisas a término”.

Según cuenta el informante, las gestiones del jefe del BCRA fueron hechas ante Alejandro Werner, el director del Departamento del Hemisferio Occidental. Argentino, cordobés, hijo de un empresario perseguido y exiliado durante la dictadura, Werner se comportó como un auténtico FMI: privilegió la flotación cuasi libre del dólar y hasta un dólar más alto, y desestimó los pedidos de Caputo.

El tironeo quizás explique por qué las licitaciones diarias de divisas por cuenta del Tesoro Nacional bajaron de US$ 100 millones a US$ 75 millones y ahora a la mitad. Tal vez una causa sea que Nicolás Dujovne necesita menos pesos para bancar el déficit fiscal, aunque el jefe del Central resulte perjudicado.

Queda claro, en cualquier caso, que hasta nuevo aviso el mercado cambiario estará en equilibrio inestable. Y transitando por una delgada línea roja marcada desde el Fondo Monetario, y tan marcada como que todos días controla el stock de reservas del BCRA, las operaciones de contado y las de futuros.

Finalmente, controla el cumplimiento de los compromisos que el Gobierno asumió.

“Viendo el conjunto, la conclusión es que la baja en la tasa de interés, o una baja que valga la pena, deberá esperar tiempos mejores”, afirma un analista. Los consultores que encuesta el Central acaban de mantener un 40% para agosto y de proyectar alrededor del 35% recién hacia fines de este año. Ninguna de ellas entra desde luego en la categoría del “que valgan la pena”.

Por si hace falta aclararlo, el punto es que las tasas elevadas puedan sujetar al dólar y el temor es el temor de siempre: el traslado de la devaluación a los precios. Y, sobre todo, cuando todavía queda un remanente del último salto sin trasladar.

Las estimaciones privadas más recientes han levantado al 31,8% la inflación anual. O sea, la han ubicado a las puertas de otro problema con el FMI; mejor dicho, de un problema grande con el FMI.

Ocurre que si el índice de precios pasa el límite del 32% el Memorándum dicta consultar con el directorio del organismo un plan de medidas correctivas, obviamente duras, para encarrilarlo por debajo del 32%. Pasa eso y bastante más que eso: mientras dure el trámite o hasta tanto no salga el visto bueno, el Fondo suspende el préstamo.

¿Qué diferencia existe entre decir 31,8% y no decir 32%, cuando media una lista de aumentos de tarifas? La diferencia es el Gobierno pondrá sobre la mesa todas las herramientas que se acomoden al objetivo de no llegar a ese extremo.

¿Y qué significa usar todas las herramientas? Significa, en palabras de otro analista, que “si hace falta a la Casa Rosada no le preocupará convalidar un poco más de recesión para evitar semejante choque”.

Un poco más de recesión equivale a descontar desde ya una caída de la economía: los cálculos van de un menos 0,3% a un menos 1%. E implican barrer con el 1,4 y el 0,4% positivos que figuran en el stand-by del FMI.

Frente a este juego de alternativas nada gratificantes, por cierto, parecen una nimiedad las condiciones que se disparan si la inflación desborda el 29%. También habrá que consultar correctivos con el Fondo, solo que ya no ante el directorio sino ante el staff y sin riesgos de suspensión del crédito.

Todo bien apretado, por donde se mire. Y tan apretado como el corset que las tasas de interés les imponen a las empresas, cualquiera sea su dimensión y su color. Hoy un descubierto en cuenta corriente no baja del 60% para una pyme de nivel medio. Y si la compañía es de las consideradas de primera calidad, entendiendo por primera calidad a su capacidad de repago, la tasa ronda el 45%.

Detrás de esas condiciones financieras y de los golpes del dólar asoma el bajón del 8,1% que la actividad industrial acusó en junio, el mayor desde los peores momentos de la recesión del 2016. Y así, según el propio informe del INDEC, se aceleró el proceso de destrucción del empleo en el sector.

Una verdadera paradoja cruza a Luis Caputo y a sus tasas de interés siderales. Eso que él hace ahora y le pega directo a la economía, le cuestionaba duramente a Federico Sturzenegger, cuando Sturzenegger presidía el mismo Banco Central que Caputo preside. La vida te da sorpresas, diría el gran Rubén Blades.

Y como lo que se ha firmado, firmado está, algo más del bendito Memorándum. Dice: “El BCRA se compromete, en el contexto de la intervención en el mercado de cambios, a no relajar las condiciones monetarias, en particular la baja de la tasa de política monetaria, hasta que se lleve adelante una discusión con el personal del FMI”. Traducido: hasta que el FMI no autorice.

El Gobierno suele alegar que aterrizó en el Fondo por culpa de la sequía y del empeoramiento del clima financiero internacional, aunque últimamente empieza a reconocer un dato que salta evidente: los propios errores.

Pero sea por lo que fuese, lo cierto es que se metió en un baile bastante endiablado y que debe seguir bailando. A esta altura, no habría nada peor que la caída del convenio. Y metería ruido, incluso, que pidiera una dispensa por que incumplió algún compromiso.

De paso, quien puede creer que el Fondo cambió y que se ha vuelto más amigable. Consultar los últimos stand-by en su Web.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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