Lunes, 10 Septiembre 2018 00:00

¿Cómo sabemos cuándo pasó la crisis? - Por Sergio Berensztein

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Es necesario que variables como el riesgo país, la cotización del dólar y la tasa de interés se encadenen favorablemente y por bastante tiempo para impulsar un proceso de desarrollo equitativo y sustentable.

 

Las últimas jornadas nos dieron por fin un respiro, pero solamente eso: la experiencia comparada sugiere que estas emergencias no se superan de la noche a la mañana, como reconoció el propio Presidente en la conferencia de prensa que ofreció en Mendoza junto con el gobernador de esa provincia, Alfredo Cornejo, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Sin embargo, es evidente que las medidas anunciadas el lunes pasado por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, para combatir la crisis, combinado con la declaración de apoyo de La Casa Blanca, al menos han contribuido a frenar la hemorragia. ¿Se puede acaso evaluar su efectividad en el mediano y largo plazo, es decir, si estas medidas habrán de funcionar o no?

Es importante aquí diferenciar entre la crisis cambiaria strictu sensu y la agenda de reformas estructurales por competitividad que el país debe eventualmente plantearse para contar por fin con los atributos necesarios para impulsar un proceso de desarrollo equitativo y sustentable. Esas medidas de fondo, incluyendo políticas fiscales para superar las crisis recurrentes que hemos tenido desde la gesta de la independencia hasta nuestros días, constituyen una deuda histórica que la Argentina tiene consigo misma y que lamentablemente no estamos debatiendo como remendar. Lo que trataremos entonces de determinar es qué indicadores nos permitirán comprender que estamos por fin superando lo que los historiadores seguramente recordarán como la crisis del 2018.

Desde el punto de vista económico, debemos analizar la evolución de algunas variables como el riesgo país, la cotización del dólar y la tasa de interés. Estas tres variables se interrelacionan, por lo que si una mejora las demás deberían seguir la misma tendencia aunque con tiempos distintos (sobre todo la tasa de interés, que para muchos especialistas seguirá alta por mucho tiempo para desalentar la compra de divisas). Si estos indicadores financieros se encadenan favorablemente y por bastante tiempo, estarían evidenciando una salida de la crisis.

El mercado descuenta el apoyo del FMI con respecto al adelanto de fondos para el programa financiero de 2019. Cualquier obstáculo que pueda surgir en esa negociación, aunque parece poco probable, alteraría de nuevo los ánimos de los operadores financieros. Por otro lado, algunos economistas señalan que hacen falta más medidas para asegurar una oferta de dólares más amplia. Es decir, se trata de obligar a los exportadores a liquidar los dólares de acuerdo a algún cronograma. Hasta ahora, el único oferente es el Banco Central. Lo ideal sería que esa liquidación fuera voluntaria, pues sería interpretado como un síntoma de normalidad. Otros observadores proponen, al margen de este paquete de emergencia, un programa consistente de estabilización y crecimiento. Es decir, no se trata de reformas estructurales, pero sí de un enfoque sistémico que incluya una reducción significativa de la inflación.

Cambiemos tuvo esto como prioridad al menos hasta la famosa conferencia de prensa del 28 de diciembre pasado. Desde ese momento, y fundamentalmente desde que estalló la crisis a finales de abril, el objetivo de bajar la inflación a un dígito despareció del discurso oficialista. Un programa de estabilización debería estar acompañado por medidas complementarias para incentivar al sector productivo, más allá del impacto de la mega devaluación que favorece no solamente a los exportadores sino que en la práctica es también una medida proteccionista que funciona como aliciente para la sustitución de importaciones.

En el terreno político, un indicador esencial es el grado de coordinación entre el oficialismo y la oposición. En ese sentido, parece haber un cierto avance ya que el gobierno y las 19 provincias opositoras (14 peronistas, 4 de partidos provinciales y una socialista) están en medio de negociaciones para aprobar el presupuesto del año próximo. Cumplir con el nuevo objetivo del déficit cero implica un esfuerzo compartido de la Nación, las provincias y el conjunto de los argentinos, sobre todo los contribuyentes que seguirán esforzándose para pagar las cuentas.

De todos modos, el respaldo político de la oposición no es garantía de que el presupuesto efectivamente se cumpla: es un clásico argentino que se calculen mal los parámetros a partir de los cuáles se elaboran las hipótesis que estructuran nuestra ley fundamental. De hecho, el presupuesto 2018 quedó desdibujado por el propio Gobierno un par de semanas luego de ser aprobado justamente el pasado 28/12. Teniendo en cuenta que se trata de un año electoral, las dudas respecto del cumplimiento de metas tas estrictas resultan ciertamente válidas. ¿Cuál fue la última vez que el país redujo 2,5% del PBI en materia de gasto público de un año a otro? Simplemente, no hay antecedentes.

Por otra parte, una señal positiva es que el presidente está en diálogo permanente con los principales líderes de la oposición moderada, lo que muestra que el sistema político está reaccionando de manera proporcional a la gravedad de la crisis que enfrenta la Argentina. Además, existen figuras del ala más política de Cambiemos, como Emilio Monzó, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y fundamentalmente el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que han ganado protagonismo justamente por su capacidad para generar puentes. Por su parte, los gobernadores peronistas y otros líderes parlamentarios, lejos de convertirse en obstáculos, están reclamando más diálogo e involucramiento en la toma de decisiones.

Otro factor para medir la efectividad política de las medidas se definirá en el “clima de la calle”, sobre todo el número de conflictos, huelgas y piquetes que aparezcan en el próximo tiempo. En este punto es probable que el gobierno tenga que afrontar un escenario bastante adverso. Para empezar, la CGT convocó una huelga general para el 25 de septiembre en rechazo al plan económico y en oposición al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Las reacciones y percepción de la opinión pública con respecto al nuevo plan económico serán también indicadores muy interesantes para medir su éxito. Indudablemente deberemos esperar para tener datos fehacientes, pero al menos como hipótesis de trabajo es muy probable que veamos reacciones dispares según regiones y segmentos sociales. El nuevo tipo de cambio implica un enorme aliciente para muchas economías regionales, pero afecta negativamente a los consumidores de los grandes conglomerados urbanos, donde lamentablemente debemos esperar un crecimiento de los indicadores de pobreza.


En efecto, estos shocks implican siempre un deterioro de los principales indicadores sociales, lo cual será particularmente duro para un gobierno que había prometido, entre sus ejes de campaña, alcanzar la pobreza cero. Teniendo en cuenta el pronóstico del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, este año la pobreza aumentaría como consecuencia de la fuerte devaluación del peso frente al dólar. Mientras que en 2017 la pobreza afectó al 25,7% de la población, este año se calcula un porcentaje mayor, con el 30% de los argentinos bajo esa condición. En este contexto, la amenaza de saqueos y hechos de violencia se ha convertido en una entendible obsesión para el Gobierno, que ha tomado cartas en el asunto para disuadir a grupos radicalizados.

Sergio Berensztein

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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