Jueves, 13 Septiembre 2018 00:00

El Presupuesto debe aggionarse para volver a ser una herramienta de utilidad - Por Daniel Sticco

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Como todos los 15 de septiembre el Gobierno presentará en mesa de entradas del Congreso el Proyecto de Ley de Gasto y Recursos

 

Antiguamente las estimaciones de gastos y de recursos del Poder Ejecutivo Nacional para el año entrante, junto con el Plan Financiero y de necesidades de divisas, y su presentación a los legisladores "en tiempo y forma antes del 15 de septiembre" para su debate y aprobación previo al comienzo del nuevo año, daba lugar a lo que se bautizó "Ley de Leyes", porque debía constituir una clara señal a la sociedad sobre cuáles eran los objetivos del presidente de la nación y de su equipo de asesores para asegurar una sana marcha de la economía.

Mientras que al cuerpo legislativo, el debate de los supuestos de trabajo le permitía también explicitar cuáles eran también sus ambiciones y demandas, para honrar las promesas que les hizo a sus votantes.

Pero en la práctica esos objetivos se fueron desvirtuando por la recurrente inestabilidad económica que provocaba la rápida desactualización de los supuestos macroeconómicos, y posteriormente, desde agosto de 2006, por la vigencia de la Ley de Superpoderes que habilitó al Jefe de Gabinete a modificar discrecionalmente las partidas presupuestarias.

De ahí que la presentación al Congreso de las previsiones de gastos y recursos, como las necesidades de financiamiento, para el año entrante, se transformó en un mero trámite administrativo, para cumplir sólo en tiempo con el artículo 26 de la Ley 24.156 sancionada el 30 de septiembre de 1994 y promulgada el 26 de octubre de ese año, porque rápidamente su ejecución comenzaba con la necesidad de cambios en la distribución de las partidas, al variar enormemente los supuestos macroeconómicos en materia de tasa esperada de inflación, tipo de cambio, crecimiento de la economía, y consecuentemente de las necesidades de financiamiento.

Errores de cálculo forzados y otros por subestimación de la realidad

Lamentablemente, la alteración de las estadísticas públicas durante casi una década no permite construir una serie homogénea sobre la brecha entre los supuestos macroeconómicos relevantes en los presupuestos nacionales aprobados por el Congreso, y la realidad al cierre de cada período.

Sin embargo, no hay duda de que hacer ese ejercicio no vale la pena, porque la presunción de enormes desvíos defectuosos, no sólo se corroboran con las crisis recurrentes de actividad, de exceso de gasto público, y de balanza de pagos, sino por la cantidad de Decisiones Administrativas y Decretos de Necesidad y Urgencia con la firma de los jefes de gabinete y ministros de Hacienda de turno, que transformaron la bautizada pomposamente "Ley de Leyes" en papel mojado, literalmente, porque hasta el día de hoy se presenta en varios tomos impresos, con un costo notable para sostener el empleo público en la imprenta de la Nación, cuando bien se podría sustituir por soportes electrónicos, y rápidamente quedan desactualizados y por tanto inconsultos.

Aún en la bonanza de los primeros años del kirchnerismo, bajo la conducción de la economía por parte del ministro Roberto Lavagna, se subestimaba el Presupuesto con el propósito de poder administrar a criterio del Presidente el destino de los ingresos incrementales generados por el ciclo alcista de la actividad.

Luego siguió un largo período de casi 8 años en el que el control de la ejecución presupuestaria en términos reales era imposible de ejercer porque no se contaba con datos creíbles de la medición de la inflación, y consecuentemente del real desempeño de la economía en su conjunto. Las estimaciones privadas daban luz a una aproximación, pero con notables limitaciones.

Con el nuevo Gobierno se fueron normalizando las instituciones, se restableció, con singular esfuerzo, la credibilidad de las series del Indec; pero los ministros de Economía, o Hacienda -el cambio de nombre, es meramente cosmético- no lograron hasta el presente mostrar las dotes de buenos predictores de las variables macro, como sí lo hacían cuando estaban en la actividad privada.

Probablemente, porque el poder político influyó de manera decisiva en la exigencia de objetivos y metas que el consenso de los economistas consideraba inalcanzables, principalmente por repetidas inconsistencias entre las políticas monetaria y fiscal. El mejor ejemplo fue la recalibración de metas el 28 de diciembre de 2017, pocas semanas después de que se aprobara el Presupuesto para el corriente año.

El Presupuesto del 2019

Independientemente de cuáles sean los supuestos macroeconómicos para el próximo año, hasta ahora los que trascendieron parecen ir en camino a quedar rezagados con las expectativas que manifiesta el consenso del mercado, no se esperan cambios significativos en los criterios tradicionales de proyección de las variables macroeconómicas.

Pero forzado por una coyuntura inquietante, por el nuevo cierre de los mercados de deuda externa a financiar las nuevas necesidades de financiamiento del exceso de gasto público, ahora concentrado en el pago de los intereses de la deuda pública, se espera un tratamiento relativamente rápido por cuestiones políticas.

El FMI esperará señales concretas de que la mayoría de los legisladores están dispuestos a ratificar el Acuerdo II que se está negociando para cubrir ese bache financiero, para despejar cualquier duda sobre la gobernabilidad y sobre la capacidad de pago y renovación de todos los vencimientos de deuda.

Hacia adelante, se requiere empezar a trabajar y poner en práctica criterios de eficiencia en la asignación de partidas de gastos y de productividad en cada área de la administración pública, único camino para desandar los pasos hacia el sostenido crecimiento de las erogaciones improductivas y burocráticas, y, fundamentalmente a la insoportable, pero creciente, presión tributaria.

Un destacado economista decía esta semana frente a otros renombrados profesionales de las ciencias económicas, en estricto off the record: "es imposible, pero es imprescindible, bajar más el gasto y también los impuestos".

Y también presentar supuestos macroeconómicos consistentes y creíbles, para que la bautizada "Ley de Leyes", honre su nombre y sea una guía de acción no sólo para el gobierno sino para los agentes económicos en su conjunto.

Daniel Sticco

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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