Martes, 09 Octubre 2018 00:00

Todo el mercado se pregunta: ¿tenía que ser ahora Carrió? - Por Rubén Rabanal

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Macri, atento a que el plan con el FMI funcione; Iguacel precipita nueva queja por tarifas; Dujovne aún pelea en el FMI; y la diputada, de nuevo en guerra.

 

Mauricio Macri está atento cada hora del día a la marcha del mercado. No es una novedad. El Presidente pregunta sobre la marcha del dólar y la deuda. No le preocupa el dato preciso en sí mismo, sino lo que tiene en danza a la sociedad toda: si funciona o no la nueva banda cambiaria y el esquema monetario. No es para menos. En la primera semana de prueba el Gobierno logró llevar el dólar a los $38,58 que se registraron ayer, pero siempre a fuerza a presionar con una tasa de corte para las Leliq que arrancó en 72% y llegó 74%, para bajar ayer apenas a 73,5%. La obsesión por el porcentaje no es un capricho: mientras se mantengan esas tasas poco puede quedar con vida en la economía real y de ahí la importancia en poder aflojar cuando sea el apretón monetario que seca la plaza de pesos.

No es extraño que la Casa Rosada viva pendiente de esa apuesta financiera a recuperar la tranquilidad cambiaria. Tampoco que Nicolás Dujovne se haya cruzado medio mundo hasta Bali, Indonesia, para participar de la Asamblea del FMI. El ministro tiene allí bilaterales y reuniones varias, pero lo principal está más allá de todo el protocolo financiero: sigue de cerca los pasos de Christine Lagarde, la amiga del pueblo argentino según Macri, hasta que el board del Fondo apruebe definitivamente las formalidades de la renegociación de metas que Argentina terminó de acordar con el organismo durante el viaje de Macri a Nueva York y que anunció allí el 26 de septiembre pasado.

No hay ninguna alerta sobre esto, sobre todo porque EE.UU. ya dijo públicamente que apoya ese acuerdo y su voto en el board es decisivo, pero aún restan las formalidades finales. Por las dudas, uno de los encuentros de Dujovne en Bali es precisamente con Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de los EE.UU. y el primero en felicitar a la Argentina ese día en que se anunció el acuerdo. Todo bien pero en modo prueba aún, como para ponerse a festejar. Sobre todo porque el mayor termómetro de la confianza internacional que es el riesgo país, continuaba ayer en 669 puntos.

En medio de esos temas se metió Elisa Carrió. Le reclamó al Gobierno cumplir con su promesa de castigo a la corrupción y no ayudar a mantener libre a Cristina de Kirchner, porque le convenga a Macri electoralmente que la expresidente siga en operaciones y dividiendo al peronismo. El detonante fueron las confusas declaraciones de Germán Garavano. Es cierto que el ministro podría haberse callado la boca, literalmente, en un momento donde el mercado y el país todo pide no hacer olas. Pero también es una realidad que el Gobierno hoy no tiene un director de orquesta, por debajo del Presidente, que ponga en orden internas o hasta incómodos brotes de creatividad por parte de funcionarios, por lo menos hasta que la crisis se calme.

Muchos sectores piensan que el mismo reto puede aplicársele a Carrió. La diputada usó esta vez la misma táctica que siempre: atacar los desvíos del macrismo para mantener alta la confianza del votante medio de Cambiemos y después bajar los decibeles en encuentros a solas con Macri.

El problema es que existe cierta sensación (que inclusive provoca temor) sobre el exceso de Carrió con estas herramientas políticas. Si un kirchnerista le hubiera dicho a Macri: "O elige o cae", con toda la razón del mundo se hubiera merecido una denuncia penal. ¿Por qué no le cabe a Carrió el mismo trato? Cuando en medio de este vendaval de conflictos pone en dudas su permanencia en la alianza de Gobierno.

Demasiado pesadas fueron sus advertencias a Macri. Más en un país donde el peronismo está siempre atento a la debilidad del gobernante de turno. Cuando no es oficialismo, obviamente. Si Carrió no recuerda la historia, corre el peligro que se la recuerde con votos. La irresponsabilidad de dirigentes de alto rango ya tuvo su climax con la cobardía de Carlos "Chacho" Álvarez" precipitando rupturas.

¿Tiene razón Carrió cuando duda de la protección del Gobierno también para otros, incluso parientes como Ángelo Calcaterra en la AFIP?

Por ahora es difícil saberlo. Pero hay un dato que no puede dejarse de lado: Carrió castiga de nuevo a Daniel Angelici, su enemigo eterno y todo el esquema judicial de Macri. Tiene razón en hacerlo aunque no sea claramente el momento. Pero también debe marcarse que la chaqueña calificó como héroes de la AFIP a un grupo entre los que está un funcionario que garantizó que Lázaro Báez accediera al blanqueo durante la primera gestión de Alberto Abad, ante el Gobierno de Néstor Kirchner.

Rubén Rabanal

    

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