Jueves, 22 Noviembre 2018 00:00

Empresarios siguen a muerte con Macri para 2019, salvo que se baje Cristina - Por Guillermo Kohan

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La mayoría de los hombres de negocios con los que dialoga el periodismo especializado estos días en que comienzan los encuentros de fin de año se confiesa muy fastidiada con la administración de Mauricio Macri. También con las dificultades del país en medio de la recesión y la crisis.

 

No solo cobra el Gobierno. Hay malestar con los dirigentes sindicales, cobra el peronismo en general, y también el periodismo a quien lo corrigen en todas las direcciones: por criticar al Gobierno, o por supuestamente silenciar los errores y horrores oficiales.

Muchas compañías están perdiendo dinero, las retribuciones de fin de año para los directores y gerentes son decepcionantes, los impuestos no han hecho otra cosa que aumentar para todo el mundo, el aumento de ingresos este año resultó la mitad que la inflación y los costos fijos, las tasas de interés vuelan y los privados se han quedado sin crédito; y casi todas las promesas de reformas estructurales en el país para liberar la economía se han frustrado, o han quedado a mitad de camino. Acaso ¿va a prometer el presidente Macri la reforma impositiva y previsional para el segundo mandato? Dirá lo mismo respecto del infierno de los piquetes o el creciente poder sindical en el Estado y el sector privado? O finalmente ¿seguirá siendo gradualismo, devaluación, impuestos, inflación y retenciones lo que siga después de las elecciones de 2019?

Claramente son más críticos los industriales, y mucho menos severos los banqueros. En el campo está parejo. Las retenciones fueron una puñalada y las tasas golpean de lleno, pero le reconocen a jefe de Estado haber mantenido la libertad económica, sin controles de cambio ni de comercio exterior.

Donde empiezan a juntarse las voluntades a favor del Gobierno es apenas se menea el fantasma del regreso de Cristina al poder. Allí la gran mayoría se inclina por Macri, aunque también admiten, apenados, que tal vez lo único que podría ofrecer el Presidente en un segundo mandato es, precisamente, que no vuela Cristina Fernández de Kirchner. No es poco. Pero definitivamente no alcanza. Todos saben que los desafíos económicos y sociales que deberá enfrentar el país a partir de 2020 son complicadísimos, con Macri o con quien sea.

Para una buena parte de los hombres de negocios, aún en las dificultades, el futuro con Cristina podría ser todavía peor. Suponen que la ex Presidenta tendría menos crédito internacional para enfrentar la pesada herencia ahora potenciada. La que le dejó ella a Cambiemos al final de 2015, y la que el actual Presidente acumuló en su gestión, sobre todo en materia de deuda en dólares y súper deuda indexada en pesos en el Banco Central.

Se sabe que la ex presidenta ha estado consultando a economistas y expertos financieros sobre el estado de cosas con que se encontraría el próximo presidente, a partir del 10 de diciembre de 2019. Uno de los más serios con los que dialogó Cristina fue Guillermo Nielsen, que como caballero se ha negado a confesar los detalles del encuentro. Sí aceptó comentar que a su juicio el próximo presidente se encontrará básicamente con dos problemas: por un lado tendrá que renegociar el acuerdo con el FMI y, en paralelo, ver qué se hace con la bola de nieve de deuda indexada del Banco Central y de la Tesorería. En castellano, el stock de Leliq y otras yerbas en pesos, que corren al 100% anualizadas. Según Nielsen, el riesgo país en Argentina no baja porque todos saben que esa situación es explosiva. Y no va a bajar hasta que no se encuentre un sendero para ir aliviando este problemón.

El ex ministro Axel Kicillof fue aún más lejos que Nielsen. En un reportaje de tapa de la Revista Forbes nada menos, jura que no es anti empresa y asegura que ninguna medida de las que se adoptaron en 2015 se volverían a poner en práctica a partir de 2019, porque el mundo es otro. Explica que "no se puede romper con el FMI", pero como Nielsen asegura que hay que renegociar los términos del entendimiento para aliviar la obligación de déficit cero, menos aún superávit. También adelanta que habría pesificación de las tarifas porque el petróleo y el gas que obtienen las empresas "es argentino". Pero que hay que alentar las nuevas inversiones con precios diferenciales como se intentó después de la estatización de YPF. Anticipa tipos de cambios diferenciales pero sin cepo. Dólar muy alto para la industria, alto para el campo, evitar atraso cambiario, y dólar bajo y controles solo en algunos productos de precios cuidados para alimentos básicos y primera necesidad.

Algunos hombres de empresa que han estado hablando con la ex presidenta comentan que reapareció la Cristina herbívora de la campaña electoral de 2011: moderada, escucha en las reuniones en lugar de hablar ella sola, se muestra interesada por la visión de los otros. A esta altura, sería redundante para lectores inteligentes recordar qué pasó en la Argentina cuando la Cristina herbívora y buenita del 2011 ganó las elecciones con 54%: vino el cepo, la radicalización, el pacto con Irán y el vamos por todo.

Se dividen las opiniones empresarias a la hora de comentar qué preferirían para el país si no existiera el fantasma de Cristina. Cae fuerte la estrella fe Macri si ella no fuera candidata, y la oposición se unificara detrás de un peronista moderado. El preferido resulta en todos los casos Juan Schiaretti, seguido por Juan Manuel Urtubey y finalmente Sergio Massa. No queda claro hasta donde un acuerdo de este peronismo con Cristina y La Cámpora terminaría regenerando los temores empresarios, y volcando a la mayoría del mundo económico a los brazos de Cambiemos.

Desde luego que la situación económica es determinante. Cambiemos y el Presidente dependen como mínimo de una economía que siga estabilizándose, mucho mejor si la recesión afloja después del verano, ni hablar si la recuperación económica se hace sentir a partir de abril o mayo próximos como prevé siempre optimista el equipo económico. En ese escenario, y con un peronismo dividido o contaminado por el fantasma de Cristina, crecen las chances de reelección para Cambiemos.

Quienes desconfían de los pronósticos optimistas se preguntan si finalmente no será Macri ahora parte del problema. El que prometió salvarnos de Venezuela podría terminar encumbrando a Cristina. Son los que opinan que tal vez el Presidente no sea el mejor candidato para Cambiemos. Y allí se disparan las mil y una conspiraciones del macrismo sin Macri. Un acuerdo de sectores de Cambiemos liderados por María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta con el peronismo federal y con Massa, sin Macri, y todos juntos para evitar que vuelva Cristina. Algo de todo esto se está publicando en las principales columnas políticas de estos días, con las alquimias del calendario electoral y las Paso en la provincia de Buenos Aires. Sería entregarlos al Presidente y a Cristina, suponiendo que ya la sociedad se está hartando de ambos.

Guillermo Kohan

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