Martes, 11 Diciembre 2018 00:00

Qué dicen las cuentas públicas sobre el ajuste fiscal de 2018 - Por Alcadio Oña

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La devaluación barrió con el recorte a los subsidios energéticos. Pero la guadaña del Fisco le pega con todo.

 

Es una muestra entre varias, aunque es una muestra potente de un año dislocado de principio a fin. En 2018, los subsidios energéticos debían caer 15% en valores nominales respecto de 2017, según el Presupuesto Nacional. O mucho más, pensando en que sería una caída contra una inflación proyectada del 15,7%. Habría, pues, una diferencia de 30 puntos porcentuales a favor del Fisco.

Nada ni siquiera parecido a eso ocurrió, sino todo lo contrario. La maxidevaluación de abril-octubre enardeció el costo de los combustibles y el del gas importados y barrió, definitivamente, con lo que iba a ser un punto central del ajuste. Esto es, terminar de reducir una factura enorme a su mínima expresión, o sea, poco menos que al impacto de la tarifa social.

¿Y saben lo que pasó? Pasó que en los primeros diez meses de 2018 los subsidios energéticos están creciendo al 46% contra el mismo período de 2017. Esto significa 15 puntos porcentuales por encima de la inflación promedio del 31% estimada, entre un enero-octubre y el otro, por ASAP, una organización dedicada a analizar la marcha de las cuentas públicas.

En tren de números, ninguno puede competir con el impresionante salto del 547% que esa factura pegó en octubre, cuando el dólar escaló a 40 pesos. El agujero energético canta $ 126.800 millones en lo que va del año y, con la mochila que carga, puede terminar arriba de $ 150.000 millones, esto es, subir 50% donde debía bajar 15%.

Todo doblemente notable, pues semejante desajuste convivió con aumentos de tarifas a cargo de los usuarios domiciliarios para nada insignificantes. Según las estadísticas del gobierno porteño, el costo del gas escaló 133,8% en los últimos doce meses y 108,8% el de la electricidad.

Lo que sigue es la manera en que el Gobierno reordenará estas cuentas el año próximo o, mejor dicho, si aplicará algunos de los incrementos que tiene en carpeta, como justamente el 60% para gas y luz. Será una decisión que caerá en un año electoral y más que electoral: caerá en medio de una batalla donde entrarán el porvenir político del Presidente y el de Cambiemos.

Pero como por lo general lo primero va primero, ahora toca la muestra de un ajuste fiscal concretado con todas las de la ley. La planilla de los gastos de capital señala caída nominal del 13,8% en diez meses; nada menos que de 45 puntos porcentuales contra la inflación que estima ASAP.

Todo redondo, salvo por un dato que es bastante más que un dato: estamos hablando de obras públicas y de inversiones imprescindibles. Entre otras cosas, de rutas, agua potable, de viviendas, energía y alcantarillas y, añadidos, de puestos de trabajo.

También apuntadas a obras públicas financiadas por la Nación e igual de necesarias, las transferencias de capital a provincias y municipios se llevan las palmas dentro del paquete: retroceden un 36% o casi 70 puntos en términos de inflación.

Siempre a tiro, estos clásicos del ajuste tienen anotados para 2019 recortes nominales de hasta el 16%. Sólo para armar, el índice de precios calculado por las consultoras que encuesta el Banco Central marca 27,5%.

Último par de cifras sobre la guadaña fiscal de este año: los fondos que se van en sueldos estatales apenas suben 20,6% y 11% los destinados a bienes y servicios, o sea, a mantenimiento del Estado nacional. Vuelve a ganar la inflación por un campo.

Hay en cualquier caso una relación que luce tal cual quiere Nicolás Dujovne y ha sido pactada con el Fondo Monetario: el gasto primario, sin intereses de la deuda, marcha a un moderado 23,4% y los recursos, al 28,6%.

En línea con los compromisos asumidos ante el FMI, el resultado arroja hasta ahora un déficit de $ 91.000 millones y de seguido una retroceso del 35% comparado con el desequilibrio de 2017. Claro que por más acuerdo que exista, eso registra sólo una parte de las cuentas públicas.

Quedan fuera y bien lejos de la guadaña los intereses de la deuda, que representan una locomotora lanzada hace tiempo e imparable. Muy por delante del resto, crecieron 71,8% en los primeros diez meses del año y 233% durante octubre. No hay inflación que pueda con ellos.

Otra cara del mismo problema canta que se llevan pagados $ 366.200 millones. O, para que se entienda mejor, una montaña de plata que pasa de largo los $ 266.000 millones acumulados entre el costo de los subsidios y los gastos de capital juntos. Ha pasado a ocupar el segundo lugar del ranking fiscal, detrás de la seguridad social.

Con todo adentro, surge un déficit fiscal real-real de $ 457.247 millones, que ya no es menor al de 2017. Lo supera en un 29% y va camino de concluir el año en los por cierto inquietantes $ 550.000 millones.

Pero si el ajuste de 2018 fue en algún sentido fuerte, será poco menos que nada comparado con el que caerá sobre 2019. El año próximo debe desaparecer por completo el déficit primario, esto es, la diferencia entre gastos e ingresos corrientes, lo cual significa un compromiso firme con el repago de la deuda pública.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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