Viernes, 21 Diciembre 2018 00:00

Caen joyas sagradas como Vaca Muerta y el campo en el sablazo oficial del ajuste - Por Guillermo Kohan

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El ajuste contra el sector privado impuesto por el Gobierno como consecuencia de las circunstancias que obligaron este año al acuerdo de emergencia que rige con el FMI, no se agotaron con la devaluación y el fuerte aumento de los impuestos en toda la línea contra empresas, familias y personas. No alcanza para llegar al déficit cero, y como el Gobierno no logra reducir el gasto público, la única que queda es seguir mordiendo al sector privado.

 

La cuestión del gasto indexado e inflexible a la baja es de tal magnitud, que hasta las joyas que generan dólares genuinos como el tan esperanzador proyecto en marcha de Vaca Muerta o el complejo agroexportador terminan cayendo en la volteada, con el riesgo de afectar a las pocas gallinas que quedan con los huevos de oro.

En estas horas, urgido por las restricciones fiscales para 2019, el Palacio de Hacienda analiza limitar o reducir los incentivos a la producción de gas en Vaca Muerta, los mismos que se habían pactado por escrito y en resoluciones oficiales para que las empresas pudieran tomar créditos internacionales y comenzar, como lo hicieron, a desarrollar la explotación. Entre ellas YPF asociada a las principales productoras mundiales y sobre todo Tecpetrol, del grupo Techint, que ya invirtió casi u$s 2000 millones apostando a que Vaca Muerta sea en el futuro el gran generador de divisas y desarrollo para la Argentina en las décadas por venir. El potencial del megayacimiento es impresionante siempre que se logre explotarlo a pleno: algo así como más de 150 años del consumo de gas y petróleo en todo el país. El efecto de Vaca Muerta sobre la economía de todo el país no es menor. Solo en el desarrollo del yacimiento de Tecpetrol en Pozo de Piedra se involucraron hasta ahora 1000 empresas argentinas, la mayoría empleando trabajadores en los conurbanos del gran Buenos Aires y Rosario.

Las petroleras consideran un grave error del gobierno incumplir los contratos de Vaca Muerta. No solo por un problema de reputación, sino incluso haciendo números. Con la caída del precio internacional del petróleo de 80 a 50 dólares, desalentar las inversiones en Vaca Muerta no parece buen negocio. El gas que eventualmente tuviera que importar la Argentina si no estuviera el de Vaca Muerta siempre terminará siendo más costoso que el que se le reconoce a las empresas incluyendo los incentivos actuales, que de todas maneras se van rediciendo hacia el futuro. Pero aun peor, se perdería la oportunidad de convertir a Vaca Muerta y a la Argentina en un polo exportador de hidrocarburos y asegurar precios muy bajos de la energía para la producción local, las empresas y los consumidores.

Sacrificar todo por el déficit cero, lo único que cuenta hoy son los dólares del FMI para llegar a las elecciones y tratar de lograr la reelección de Mauricio Macri. Como el Estado y los que lo administran todo se llevan, alguien tiene que seguir poniendo.

Es la respuesta, palabras más, palabras menos, que reciben los hombres del sector privado cada vez que tratan de explicarles a los funcionarios el daño que las decisiones oficiales generan.

No solo la joya de Vaca Muerta está bajo ataque. También, cuando no, el complejo agroexportador. Al aumento de las retenciones, el retiro del crédito hasta del cada vez más alicaído Banco Nación y el sablazo a los reintegros, resulta que ahora el Gobierno dio vuelta una lógica bastante razonable que regía toda la vida, en el sentido de alentar más la exportación de harina o aceite de soja, en lugar de solo promover la exportación del poroto de soja sin procesar. Para esto, el Estado castigaba con mayores retenciones la exportación primaria, y premiaba con menos impuesto al que agregaba valor con inversiones y empleo. Así se construyó en la Argentina uno de los polos exportadores de soja procesada más importantes del mundo con decenas de industrias modelo a la vera del rio Paraná al norte y sur de la ciudad de Rosario.

La medida del Gobierno, supuestamente para recaudar más por el déficit cero, podría terminar afectando la recaudación. Según las aceiteras, al desalentar el proceso industrial, la mayoría de los exportadores se volcarán ahora a comercializar directamente el poroto sin procesar con menos valor agregado y sobre todo menos precio. Expertos del mercado internacional explican que los únicos compradores de soja sin procesar son los chinos, que fijan el precio y tienen sus propias plantas para producir aceite y harina. La Argentina estaría así retrocediendo a un modelo de exportación primatizada de principios del siglo pasado donde pierden todos en el altar de la voracidad fiscal.

Los industriales que exportan tiran números elocuentes. El dólar efectivo que recibe Aluar cuando cobra sus ventas al exterior, por ejemplo, no llega a 23 pesos. Al valor de mercado hay que restarle retenciones, quita de reembolsos y quita de beneficios por exportar desde puertos patagónicos. El dólar que reciben los aceiteros entre retenciones y quita de reembolsos es apenas 28 pesos, 10 pesos menos que en el banco.

En la vorágine del déficit cero, ni siquiera los medios de comunicación pueden ahora dormir tranquilos. La Casa Rosada acaba derogar los acuerdos establecidos entre la Afip y muchísimos medios, sobre todo pymes y del interior, que como el Estado no les pagaba la publicidad oficial, finalmente les permitió con límites canjear esa deuda con parte de los impuestos adeudados. No está claro si esta determinación con la prensa será administrada hacia el futuro, o si se revisarán acuerdos del pasado.

Guillermo Kohan

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