Miércoles, 26 Diciembre 2018 00:00

El riesgo país suma presión a la meta de estabilización - Por Marina Dal Poggetto

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La dinámica recesiva aceita el loop en el que ahora la política es la que empieza a complicar lo financiero y no contribuye a que la economía despegue.

 

El segundo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) alejó el riesgo de espiral dólar-precios- salarios, pero esta contra fáctica es difícil de explicar y los impactos de corto plazo del apretón monetario y fiscal dificultan la política en un año electoral. Todo esto en un contexto en el que la rigidez complica seriamente el proceso de desinflación.

La dinámica recesiva aceita el loop en el que ahora la política es la que empieza a complicar lo financiero y no contribuye a que la economía despegue.

La suba del riesgo país por encima de los 800 puntos, con bonos que vencen después de 2019 en rendimientos similares a los de 2014 (en medio del conflicto con los holdouts), va a contramano de la mejora en los fundamentos que está haciendo la economía, tanto en términos de flujos como de stocks, y que no alcanza para convencer al mercado.

Flujos. El shock obligó a un ajuste agresivo en los déficits gemelos de la economía (fiscal y externo) junto con un abaratamiento significativo de la economía con salarios en dólares 50 por ciento menores que los de fines de 2015 y precios de los bienes y servicios en dólares que son 35 por ciento inferiores.

Asimismo, las tarifas, si bien todavía tienen recorrido por delante, son 54 por ciento más altas en dólares que las del final del gobierno anterior.

En “stocks”. Si bien el desplome del producto interno bruto (PIB) en dólares espiraliza el ratio de deuda sobre el PIB, que pasa de 50 a casi 90 por ciento, se observa una caída en los compromisos con el mercado, producto de la cancelación de vencimientos de capital con los dólares del FMI, mientras que los pasivos remunerados parten desde niveles considerablemente más bajos luego de la corrida.

Y a esto se suma un programa financiero para 2020 que luce estresado sólo si el crédito sigue vedado para una Argentina que se acerca al equilibrio fiscal antes de intereses, luego de casi dos años de cancelaciones netas con el mercado, y una deuda con el FMI que empezaría a pagarse recién a fines de 2021, que obligará a quien tome las riendas a fines del próximo año a mantenerse dentro de un programa con el organismo.

Contexto

Por cierto, no hay ninguna economía que resista un escenario de estrés similar en el que se corta el crédito y se debe cancelar deuda en términos netos.

Es verdad que continúan los problemas de competitividad estructurales, asociados a una muy elevada presión impositiva sobre sectores formales y a una enorme rigidez del gasto público que se sostiene en torno a 40 puntos del PIB, con más de la mitad del gasto nacional indexado al pasado.

También, por las actuales condiciones que tiene el mercado laboral, la ausencia de crédito local en un país que nunca construyó una moneda y, en especial, la dureza contractual con muchos precios indexados al pasado. Pero son problemas que no se resuelven sin un acuerdo de gobernabilidad que involucre a los tres poderes.

A octubre, los salarios reales y los márgenes minoristas acumulan caídas de 14 y de 18 por ciento, respectivamente, y explican en gran medida el acotado traslado a precios de una devaluación más alta (overshooting mediante). Ambas caídas son las mayores desde 2002, tanto en profundidad como en duración.

Pero, a diferencia de aquel año, cuando los aumentos salariales por decreto eran vistos como un dinamizador de la demanda, hoy estos se suman a la presión de costos (financieros, tarifarios y tributarios) y sin una demanda pujante, la presión de la política monetaria para limitar el traslado a precios de la devaluación, demorando la recomposición de márgenes, va en contra de la supervivencia de muchas de las empresas.

Menos tasa

En este contexto de incertidumbre política y suba del riesgo país, el Banco Central pone un freno a la baja en la tasa de interés e intenta empezar a normalizar los encajes. El trade-off que requiere tasas más bajas para limitar el loop peligroso en el que la recesión cambia las encuestas que a su vez impactan sobre el riesgo país, y en simultáneo mantenerlas lo suficientemente altas para evitar una dolarización de portafolios antes de tiempo frente a la suba del riesgo país, va a ser el principal desafío de la gestión de cara al año electoral.

Sobre todo frente a la estrategia del Gobierno de polarizar la elección en un país con libre movilidad de capitales, con baja capacidad de intervención en el mercado cambiario y que se adentra en un agresivo ajuste fiscal y monetario, apuntando a maximizar el ingreso disponible soltando la paritaria.

Marina Dal Poggetto
Directora Ejecutiva de Eco Go Consultores
Colaboró Juan Paolichi, analista de Eco Go

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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