Domingo, 13 Enero 2019 00:00

Dólar, de pesadilla a carta ganadora - Por Alcadio Oña

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¿La corrida cambiaria quedó atrás?

 

Nunca nada de este tiempo económico nuestro es definitivamente firme, incluidos desde luego aquellos horizontes que pintan calmos. Pero si es cierto o más o menos cierto que la corrida cambiaria quedó atrás, como parece probarlo un mes largo con el dólar casi al mismo valor o en retroceso, habría que avisárselo a los precios.

Para muestra, los índices proyectados por un buen número de estudios privados y por el medio centenar de consultoras encuestadas desde el Banco Central. Cantan: no menos de 2,5% en diciembre; alrededor de 2,6% en enero; un 2,4% en febrero y ninguna cifra inferior al 2% durante el primer semestre de 2019.

Está claro que registros así quedan afuera de cualquier estándar internacional y que, en ciertos países, representan la inflación de todo un año. Pero la cuestión no ancla allí sino en algunos puntos, en realidad complicaciones, que son de aquí y de una especie común.

Uno de ellos plantea que, salvo los impresionantes 5,4% de octubre y 6,5% de septiembre, esos registros del 2 y pico por ciento no resultan mucho más bajos que otros anotados en pleno tembladeral cambiario, esto es, no implican una gran mejora. Previsible, el punto siguiente señala que el combo arrima argumentos a quienes sostienen que acá las devaluaciones se trasladan rápidamente a los precios y que nada vuelve atrás, aun cuando las aguas se aquieten.

Abundan motivos, casi todos conocidos de sobra, para explicar la antigua conexión argentina dólar-precios. Y por más que esa conexión también exista en el vecindario, ya no estamos hablando de la misma conexión, sino de una diferencia de magnitudes y de proporciones tan enorme que manda la pelota derecho a nuestro campo.

En 2018 el aumento del dólar contra el real brasileño fue del 16% y la inflación, de apenas un 3,75%. Para Chile, dólar 13% versus inflación anual del 2,6% y en Uruguay, menos desparejo, hubo 12% contra 8%. Excluido el vecino rioplatense, tenemos ahí índices de precios cinco veces o casi cinco veces más bajos que las devaluaciones respectivas.

Acá las cuentas de 2018 exhiben trepada del dólar del 105% y salto inflacionario estimado entre 47 y 48%. Luego, si en Brasil y Chile sólo el 20% de la devaluación se trasladó a precios acá andamos por el 50%, lo cual significa que el proceso inflacionario ya se comió la mitad de la mejora del tipo de cambio.

Paradojas de la política, detrás de este mix enrevesado y del considerable temor que las corridas cambiarias le provocan al Presidente, asoma la apuesta fuerte del Gobierno: mantener el dólar bajo control, lo más quieto que sea posible, hasta las elecciones.

Con esa carta que consideran ganadora, algunos ministros de la primera línea no dudan de que Mauricio Macri será reelecto ni se privan, además, de batir el parche en círculos no demasiado cerrados. Puertas adentro de la Jefatura de Gabinete y ya volando bien alto, puede escucharse: “Ganamos y ganamos sin necesidad de segunda vuelta”.

Dice un consultor con acceso a despachos oficiales importantes: “No sé si da para un triunfo seguro, pero seguro que en la Argentina el dólar es una pieza recontra potente. Sobre todo si viene en modo alivio, tras el terremoto cambiario y la maxi devaluación”.

Un comentario surgido de dos fuentes diferentes, aunque nuevamente con acceso al poder, escala hasta emparentar este 2019 con la reelección de Carlos Menem en 1995. Esto es, de cómo entonces el llamado voto cuota o el miedo a una crisis peor, el dólar planchado y una inflación contenida pudieron más que un desempleo del 18%, que un desplome del 4,4% en el PBI y que el efecto Tequila.

Puestos a sumar, algunos PRO entusiastas pasan por alto que el Frepaso de Chacho Álvarez y José Bordón no es lo mismo que Cristina Kirchner; también la polarización que ellos alientan y alimentan; las encuestas que dan a la ex presidenta peleando palmo a palmo con Macri porque la economía sopla en contra y unas cuantas cosas atadas con alambres y la recesión galopante. En fin, el capital disponible no da para largarse a cantar victoria.

Más bien manda seguir batallando tal cual sabe Guido Sandleris, quien a veces se parece más a un equilibrista que al presidente del Banco Central que es. De eso habla la necesidad de mantener el dólar a raya y evitar, a la vez, los riesgos de barquinazos implícitos en un dólar que se atrase demasiado.

Dice alguien que hace rato trajina este espinel: “Con un precio excesivamente bajo, el peligro es que cualquier saltito pueda sonar a salto. Digamos que de 37,40 pesos a 38,50 sería una suba del 3%. ¿Y cómo sonaría 3% en un día, en un escenario siempre sensible”.

Su opinión, como la de otros especialistas, es que ir acercándose a los 39-40 pesos achicaría riesgos de sobresaltos y aumentaría el margen de maniobra del BCRA. “De paso, tendría el beneficio extra de aliviar la carga de las retenciones y de contener las quejas de los exportadores”, agrega.

Pregunta: “¿Cuándo podríamos estar entrando en zona de riesgo cambiario?

Respuesta: “La zona de riesgo aparecerá hacia mayo-junio, cuando el mercado comience a bailar al compás de los rounds decisivos de la puja electoral. Pero yo habría tomado algunos recaudos grandes unos meses antes, en marzo y abril”.

Recaudo grande sería, para el caso, reforzar las reservas reales y disponibles del BCRA, o sea, reforzar el poder de fuego del BCRA para enfrentar una contingencia semejante. El problema es que el acuerdo con el Fondo Monetario limita el espacio de maniobra de Sandleris, que de todos modos podría comprar más dólares de los que está comprando.

Ni pasarse de rosca con la cautela, ni vender euforia con el riesgo país, podría ser una buena consigna. A propósito, un comentario de otro analista financiero: “No viene mal que el riesgo país haya bajado de 800 a 700 puntos básicos, pero eso no cambia nada de fondo. Recién cuando retroceda a 450 sería el momento para que el Gobierno o la provincia de Buenos Aires salieran al mercado”. Aún así 450 puntos equivalen a una tasa de interés en dólares en torno del 8-8,5%, que no es precisamente un regalo.

Otros datos duros que pesan dentro de este panorama son los aumentos en la electricidad y el gas. De febrero a abril, la tarifa de la luz habrá acumulado casi 50% y a la del gas le espera 35% en abril. Descontada la presión sobre el índice de precios, la duda es cuánto presionarán sobre el dólar.

Sería en cualquier caso una parábola monumental que de un año al otro el dólar pasara de pesadilla a carta electoral ganadora. Y podría tocar bingo, si la economía real deja de jugar decididamente en contra del macrismo: “Si hablamos de un repunte que se sienta de verdad, yo apostaría al tercer trimestre”, afirma un consultor que se tiene fe.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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