Martes, 15 Enero 2019 00:00

La década diferenciada de América latina - Por Jorge Vasconcelos

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La suba sostenida de los precios de las materias primas desde 2003 en América Latina generó un beneficio inédito, pero un aprovechamiento cortoplacista en Argentina.

 

Los años ’80 pasaron a la historia como la “década perdida de América latina” por la falta de crecimiento de la mayoría de los países de la región, una crisis detonada a partir de la abrupta suba de las tasas de interés de los Estados Unidos.

Más acá en el tiempo, 2011 marcó otro punto de inflexión, porque, luego de tocar valores récord, los precios de las commodities comenzaron a bajar hasta quedar en un andarivel intermedio. A diferencia de lo sucedido en los ’80, esta vez hay contrastes entre los países de la región por la forma en que transitan el nuevo escenario.

Entre Argentina y Brasil, por un lado, y Chile y Perú por el otro, se observa una bifurcación de caminos, tanto en el modo en que los gobiernos se apropiaron de los beneficios del boom que llegó hasta 2011 como con el tipo de políticas económicas con las que se enfrentó la etapa posterior.

Este conjunto de factores explica por qué, entre 2011 y 2018, Brasil y la Argentina tuvieron crecimiento cero, mientras Perú se expandió 31,6 por ciento y Chile, 21,9 por ciento.

La historia arranca con la suba sostenida de los precios de las materias primas desde 2003, que provocó un beneficio inédito en la región, pero un aprovechamiento cortoplacista en la Argentina y en otros países, como Brasil.

Pocos datos alcanzan para ilustrar este punto: las exportaciones de la Argentina, que en 2003 capturaban 0,43 dólares de cada 100 dólares de las ventas mundiales, pasaron en 2011 a 0,46 dólares por cada 100, es decir, un magro incremento de 6,9 por ciento, pese al boom de la soja y demás productos. En Brasil, la suba fue de 35,2 por ciento en igual período, en Chile, de 45 por ciento, y en Perú ese indicador se duplicó.

La escasez de dólares genuinos en el presente de la Argentina no se explica sin repasar esta parte cercana de la historia.

Ahora bien, cuando el precio internacional de las materias primas comienza a hacer su recorrido inverso, Brasil y la Argentina ensayaron políticas económicas que, en lugar de recortar la brecha con Chile y Perú, la profundizaron.

El común denominador que se observa, a partir de 2011, es el intento de compensar la merma del impulso externo con políticas contracíclicas: más gasto público y subsidios.

Esa reacción agravó los desequilibrios fiscales sin tener éxito en el nivel de actividad (se entró en el ciclo del stop and go) y con daños adicionales en la competitividad y en el sector externo.

El “cepo cambiario” fue una peculiaridad de la Argentina, y como el sector externo es un espejo de los desequilibrios internos, hubo otra excentricidad: el gasto consolidado del sector público, que en 2003 se ubicaba en 22,7 por ciento del producto interno bruto (PIB), llegó a 41,4 por ciento en 2015. En Chile pasó de 22,5 a 24,9 por ciento del PIB y en Perú, de 20 a 22,4 por ciento.

La política fiscal desaprensiva tuvo un efecto negativo de “segunda ronda” en el sector externo y potenció el primer impacto de los menores precios internacionales, ya que alimentó la “inflación en dólares”. Así, entre 2011 y 2015, el peso argentino se apreció 35 por ciento contra el peso chileno y restó competitividad cuando más se la necesitaba.

Hubo, además, un impacto de “tercera ronda”, ya que la inversión privada fue desplazada por la pública, mucho más cara y menos productiva.

Está claro que, a partir de 2011, había que adaptarse al escenario internacional y priorizar las políticas del lado de la oferta, con desregulación, recorte de impuestos distorsivos, menos burocracia, precios relativos locales alineados con los internacionales y mejor logística e infraestructura.

Sin embargo, aun cuando los gobiernos de la Argentina y de Brasil hubieran tenido el diagnóstico correcto (que no lo tuvieron), había una pesada inercia que complicaba ese giro, por la falta de acuerdos comerciales con el resto del mundo, con impuestos (incluido el inflacionario) que cubrían un gasto público fuera de escala, con un sector productivo debilitado por la falta de estímulos y con pérdida de transparencia, como lo ilustra el recorrido de YPF en el período.

Conclusión: se necesita avanzar hacia un modelo de crecimiento apoyado en exportaciones e inversión. La Argentina ha comenzado a recorrer ese camino y una forma de evitar el zigzag de “prueba y error” es mirar los instrumentos que permitieron seguir creciendo a Chile y a Perú después del boom de commodities.

La diferencia en las notas de los rankings de competitividad marca la agenda por recorrer para cerrar esta brecha y la dirigencia política debería asumirlo como prioridad.

Jorge Vasconcelos
Vicepresidente del Ieral de la Fundación Mediterránea

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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