Miércoles, 23 Enero 2019 00:00

Aire fresco: se da vuelta la balanza comercial - Por Alcadio Oña

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Justo cuando los dólares urgen, apareció fuerte el superávit. Mezcla de recesión y devaluación.

 

Los números asombran, sobre todo vistos desde las urgencias financieras de hoy, y también son la muestra de una enorme oportunidad desaprovechada. Todo ocurrió en plena época kirchnerista, con súper soja y precios históricos.

Las exportaciones totales llegaron a escalar hasta el récord de US$ 83.000 millones hacia 2011, siguieron con 80.000 millones en 2012 y declinaron a 76.000 millones un año después. Más de la misma especie: entre 2003 y 2012, el superávit comercial acumuló impresionantes US$ 125.423 millones.

Fin de una serie, comienzos de otra. Con el Banco Central próximo a quedar desfondado después de gastar las reservas en el desendeudamiento estilo K y las cuentas externas ya tirando a rojo, con la fuga de capitales desbocada y una devaluación a las puertas, a fines de 2011 la realidad saltó mal a la cancha. De apuro, Cristina Kirchner implantó el cepo cambiario, racionó las importaciones y la compra de divisas y cortó la transferencia de utilidades empresarias al exterior.

Así, la bonanza trocó en territorio yermo sin construir nada que fuese sostenible ni pensar, siquiera, en crear un fondo de contingencia con parte de los dólares para usarlo cuando los vientos se diesen vuelta. Y efectivamente, el viento de la soja cambió.

Enterrada esa experiencia con mucha más pena que gloria, emergió cruda la falta de divisas. Hoy manda la necesidad de conseguirlas a como sea: aunque un dato empieza a sonar a favor: aunque carísimo el combo maxidevaluación-recesión está haciendo su trabajo y, claramente, en el frente de las importaciones. El informe difundido ayer por INDEC, cuenta que desde septiembre las compras al exterior han sumado cuatro meses de caídas fuertes y sucesivas, que van del 18 al 29%.

El desplome pega fuerte en los bienes de capital y en las piezas para bienes de capital, o sea, en máquinas y partes, con cifras que trepan al 45%. Traducido: son inversiones que se han encarecido y están frenándose.

Los autos importados también sienten el bajón, pero quedan afuera del raid los llamados bienes intermedios y por una sencilla razón. Porque llenan agujeros en las cadenas productivas y sin ellos algunas actividades se paralizarían.

Más lentamente y de un modo menos potente, las exportaciones crecieron durante noviembre y diciembre al 14,6 y 15,4%. Conclusión evidente y probada: acá, las ventas al exterior no se mueven igual ni reaccionan de la misma manera que las importaciones ante los ajustes del tipo de cambio.

Primer saldo a la vista: en los últimos cuatro meses de 2018 la balanza comercial se dio vuelta y entró en zona de superávit: nada menos que de US$ 2.946 millones. Y aun cuando el año terminó en rojo, se frenó una curva tan peligrosa como que en 2017 había avanzado hasta tocar notables US$ 8.309 millones.

Ahora la palabra clave es superávit o, si se prefiere una frase: cuál será el superávit de 2019. Según consultoras y especialistas podría alcanzar a US$ 7.000 millones, el mayor desde 2012. Y si las importaciones ayudarán con un descenso calculado en el 2%, el punto es que las exportaciones aumentarían 14,5%.

Sin llegar al 19% que ha estimado el Ministerio de Hacienda en el Presupuesto, el 14,5% resulta un buen número porque atada al crecimiento de las exportaciones va la recaudación por las retenciones. Que es como decir, que si marchan a buen ritmo más cerca estará la bendita meta del déficit cero.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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