Martes, 05 Marzo 2019 00:00

¿Presagio o crónica de una muerte anunciada? - Por Marina Dal Poggetto

Escrito por 
Valora este artículo
(4 votos)

El escenario, que de por sí es complicado, requiere romper una indexación cada vez más corta y despareja.

 

Cuando las cosas se complican y escalan los pases de factura buscando culpables, vale la pena ir hacia atrás para tratar de entender cómo llegamos hasta acá.

En esta búsqueda encontramos dos análisis viejos que, mirados hoy, parecen un presagio de la situación actual. La diferencia es que presagio es la señal de un hecho determinado por el destino, y lo que estamos viviendo es consecuencia de la fuga hacia adelante de la política que sistemáticamente maximiza el corto plazo.

Más que presagio, entonces, parece la crónica de una muerte anunciada.

Una de las notas mencionadas es de abril de 2011, cuando marcábamos las inconsistencias que estaba acumulando el “modelo”; la otra es de abril de 2016, y allí señalábamos las inconsistencias del “cambio” para manejar la herencia.

En la primera (publicada en Página 12) describíamos cómo se iba gestando el “macrocidio” que convalidó un aumento del 50 por ciento de los salarios en dólares en dos años (2010 y 2011), en simultáneo con una expansión no financiable del gasto público que aceleró la desaparición de los superávits gemelos.

Esa política permitió un rotundo éxito electoral que habilitó la reelección de la expresidenta Cristina Fernández con el 54 por ciento de los votos, luego de haber perdido en 2009 la elección de medio término en la provincia de Buenos Aires.

Al final nos preguntábamos: “¿Será la política en 2012 capaz de recrearse, aprovechando el contexto internacional todavía beneficioso, o viajará en algún momento hacia una corrección cambiaria no gradual para evitar la toma de decisiones explícitas que en general cuesta enfrentar?”.

El resto es historia: el modelo profundizó los desequilibrios al recurrir al cepo cambiario para sostener la demanda de pesos, lo que aumentó los costos de la herencia para quien tomó las riendas a fines de 2015.

En la nota de 2016 (publicada en Perfil), marcábamos los peligros de un gradualismo planteado en forma no consistente y financiado con deuda en dólares. Los senderos de corrección fiscal, de inflación, de tarifas y de baja de impuestos eran groseramente divergentes.

Partíamos del contraste entre las tapas del semanario The Economist, que festejó los éxitos del Brasil de Lula en 2010 y el fracaso de Dilma Rousseff en 2016, para recordar que la euforia de los mercados para economías emergentes como las nuestras no suele ser duradera.

En ese texto sostuvimos que, si bien en el corto plazo se podía usar la deuda para amortiguar las correcciones fiscales y a la vez acotar la dominancia fiscal (el financiamiento del Banco Central), la contracara era un aumento en la carga de intereses, que, si bien partía de niveles muy bajos, tendía a subir, tanto más rápido cuanto mayor fuera la participación del endeudamiento en pesos en un contexto en el que la política monetaria sobrerreaccionaba en su intento por poner la inflación en una meta inviable frente a la inercia y a la corrección de precios relativos (dólar a la salida del cepo y tarifas).

Si bien el endeudamiento en dólares era más barato en el corto plazo, el repago estaba sujeto en forma directa a la capacidad de la economía de generar divisas (más asociado al salto en la productividad que a la baja transitoria del salario en dólares como ahora), por lo que financiar una brecha de pesos con dólares tenía riesgos no deseables a mediano plazo.

“Nuevamente, la consistencia fiscal (correcciones graduales, pero sostenidas, algo no evidente teniendo en cuenta que 2017 vuelve a ser un año electoral y cuando las pujas distributivas se exacerban y se manejan con caja), pero fundamentalmente la capacidad de la economía para lograr mejoras en la productividad, son condición necesaria para sostener en el tiempo una tasa de interés de la deuda consistente en un mundo donde las tasas consideradas libres de riesgo no van a ser tan bajas para siempre. Al igual que en la nota del semanario The Economist sobre Brasil de ocho años atrás, estas consideraciones están en el último párrafo; esperemos que no sean el corazón de una nota dentro de algunos años”, escribimos.

Son las consideraciones que figuraban al final las que cobraron relevancia en abril de 2018. El corte del financiamiento el año pasado dio respuesta a la pregunta de 2011 y corroboró los temores que planteamos en 2016.

Hoy el margen de maniobra es por cierto más acotado y requiere consensos que lucen difíciles de vislumbrar en una economía en la que la indexación contractual se acortó, lo que afecta no sólo la capacidad de la política monetaria para derrotar la inflación por sí sola, sino también para asegurar la corrección fiscal, a raíz de la indexación de más de la mitad del gasto público de la Nación al pasado.

 

Esto se da en un contexto en el que la deuda con el mercado ya no es baja, y si bien apareció el Fondo Monetario Internacional (FMI) como prestamista de última instancia para alejar los riesgos de default de corto plazo, también lo hace como acreedor privilegiado a partir de fines de 2021.

Esta agenda, de por sí complicada, dado que requiere romper una indexación cada vez más corta y despareja (no todos los precios aumentan todos los meses), no es sencilla, ya que implica que algunos sectores estén dispuestos a perder en la repartija.

Además, se agrava en un año electoral, cuando los objetivos de la política de corto plazo son que el dólar funcione como semiancla para moderar la inflación y para permitir alguna recuperación de cara a octubre, frente a un esquema de flexibilidad cambiaria entre bandas muy anchas (30 por ciento entre el mínimo y el máximo) con acotada (y también riesgosa) capacidad de intervención en el medio.

Esperemos no estar hablando en unos meses de la herencia de la herencia.

Marina Dal Poggetto  
Directora ejecutiva de Eco Go Consultores
Colaboró Juan Paolicchi, analista de Eco Go
Ilustración de Eric Zampieri

Visto 319 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…