Martes, 05 Marzo 2019 00:00

Las inocultables marcas de la recesión - Por Alcadio Oña

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No es lo mismo caer 7% que subir 0,7%. Los juegos estadísticos saltan por algún lugar.

 

Con el sello del Ministerio de Producción y Trabajo y la potencia del número, la desocupación acaba de instalarse de lleno en el tablero de la crisis. El número canta que se perdieron 191.300 ocupaciones registradas, o sea, en blanco, entre diciembre de 2017 y diciembre de 2018.

Dos detalles le agregan pimienta al problema. Uno es que el fenómeno se concentró durante el segundo semestre de 2018 y sobre todo en el último cuatrimestre, cuando una serie mensual que venía de positivo en positivo viró al rojo y de ahí al rojo subido. El otro detalle es que la caída se potenció en enero de este año.

Bien leído, el uno más uno está hablando no sólo de un fenómeno inquietante sino de una tendencia con proyecciones inquietantes. La industria, el comercio y la construcción encabezan los registros de empleos caídos tanto en un período como en el otro, pero en enero de este año la mancha alcanzó a todas las actividades.

Está cantado que el cuadro laboral es pariente directo de una recesión que ha consumido dos de los tres años de gestión macrista. Llegado este punto asoma un juego de interpretaciones no siempre imparciales sobre el momento en que, finalmente, la economía podría empezar a darse vuelta.

Una variante sobre la cual el oficialismo bate el parche consiste en comparar los indicadores de un mes con los del mes previo, con el argumento de que eso permite ver si ha cambiado el viento y algo está moviéndose. Tiene en cualquier hipótesis la enorme ventaja de evitar los muy contraproducentes contrastes que surgen si la referencia es el mismo mes del año pasado, el mejor período de la economía macrista.

Por ejemplo, el ejemplo del EMAE, el estimador económico del INDEC de diciembre. Anota un repunte del 0,7% respecto de noviembre, que no es gran cosa desde luego, solo que si la medida es el mismo mes de 2017, como mandan hacer los manuales, veremos un bajón del 7%.

Diferencias semejantes, si no aún mayores, afloran cuando se ingresa en territorio industrial. Según el EMAE de diciembre, la actividad se desplomó 14,2% contra diciembre del año pasado y coronó ocho meses de caída sin parar. Las primeras cifras privadas de enero de 2019 dicen 8,5% negativo y 80% de los sectores en retroceso.

Año contra año, la construcción cantó derrumbe del 12,7% en diciembre y del 11,3% en noviembre. Y el comercio, 15,7 y 17% respectivamente. Aquí tampoco hay mes contra mes previo que valga.

Estas son las verdaderas marcas de la recesión y a ellas va atado el empleo, para el caso el de tres sectores que ocupan el 45% de la fuerza laboral. Con una pérdida de puestos de trabajo del 10% en relación a 2015, la industria dejó de encabezar el ranking y fue desplazada por el comercio.

Dice un consultor de empresas: “Ya estamos en la zona donde la ecuación puede ser conservar trabajo a cambio de resignar algunos puntos de mejora salarial, esto es, varios adicionales a los 18 que se resignaron el año pasado”.

Entre lo que está a la vista y lo que no lo está, aunque se lo puede suponer, cuesta encontrar de dónde el macrismo podría agarrarse para crear expectativas económicas que le cambien el semblante a la gente. Evidente: el modelo FMI de déficit cero y emisión cero no es la mejor compañía.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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