Domingo, 10 Marzo 2019 00:00

A mayor grieta política, menor horizonte económico - Por Néstor O. Scibona

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La polarización del escenario electoral reduce las chances de futuros acuerdos para bajar la inflación, impulsar inversiones y crear empleo

Desde siempre el economista Juan Carlos de Pablo sostiene que, por definición, el futuro es algo que todavía no ocurrió; y, por lo tanto, mal pueden pronosticarse distintas variables económicas, ni mucho menos con decimales. Sin embargo, admite el papel clave que juegan las expectativas, al rescatar un concepto de su colega Guillermo Calvo, para quien una misma medida puede tener efectos diferentes según el contexto político que la rodea.

En la Argentina el rol de las expectativas económicas se relativiza y bifurca cada vez que se aproxima una elección presidencial. Salvo escasas excepciones, cada cuatro años se pone en juego el futuro del país y lo convierte en una perspectiva incierta para propios y extraños. No es una cuestión de matices. Si un candidato con chances de ganar propone ir hacia una dirección, su principal oponente promoverá la contraria.

El problema es que el voto mayoritario convalidó ese movimiento pendular según el humor social y la situación económica individual de cada momento. A nivel colectivo el resultado es decepcionante. Con estancamiento económico (crecimiento del PBI per cápita de sólo 0,8% anual promedio en siete décadas, entre los más bajos del mundo); inflación crónica (hoy, entre las 10 más altas del mundo) excepto en períodos relativamente cortos; mayor pobreza (pasó de 4% en 1974 a más de 30% en los últimos 10 años, tras el pico de 52% en 2001/2002); mínima creación de empleo privado registrado; 35% de trabajo en negro; exceso de gasto público pese a la presión tributaria récord; bajísima relación de exportaciones por habitante, salida de capitales y decadencia institucional (impunidad judicial, deterioro de calidad educativa, sistema electoral anacrónico, convenios laborales rígidos y obsoletos).

Aún en pañales, la campaña electoral de 2019 repite este esquema de polarización, acentuado por la grieta política de los últimos años. Para avizorar un horizonte de mediano plazo en todas esas asignaturas pendientes, no es lo mismo un triunfo de Mauricio Macri pese a sus magros resultados económicos, que de Cristina Kirchner con su historial de corrupción con participantes confesos y vaciamiento de recursos fiscales y productivos. Y la eventual candidatura de Roberto Lavagna -como alternativa intermedia para captar el voto de radicales, peronistas e independientes desencantados con uno y otra-, está sujeta a la condición de evitar una interna que defina el liderazgo del PJ no kirchnerista. No muy diferente a la que busca imponer el PRO a sus socios de Cambiemos. Con esta tendencia, las PASO nacionales del 11 de agosto podrían convertirse en una costosa encuesta preelectoral en vez de un saludable ejercicio democrático.

A este panorama incierto se agrega el desdoblamiento de elecciones primarias y provinciales anticipadas que congestiona el cronograma electoral. De aquí a agosto habrá nada menos que 22 comicios. En algún caso, como el de hoy en Neuquén, la reelección del gobernador Omar Gutiérrez (aliado del macrismo y favorito en las encuestas) o un eventual triunfo del candidato kirchnerista Ramón Rioseco será un virtual test provincial sobre el futuro de Vaca Muerta, cuyo potencial promete en los próximos años sacar a la Argentina del pozo. En otros, la mayoría de los gobernadores opositores buscan ser reelectos o imponer sucesor a fin de capitalizar el superávit primario logrado tras los pactos fiscales con la Casa Rosada. Aunque algunos critiquen el ajuste acordado con el Fondo Monetario Internacional y los reajustes tarifarios para achicar subsidios, a nadie le disgusta que el "trabajo sucio" y sus costos políticos corran por cuenta de Macri.

Mientras tanto, ninguno de los precandidatos presidenciales tiene asegurado un triunfo en primera vuelta, donde están expuestos a la pérdida de votos ante opciones más radicalizadas por derecha e izquierda. Al menos si el peronismo no se unifica, con o sin CFK, lo cual por ahora no está a la vista.

El politólogo Rosendo Fraga opina que, de los tres candidatos, Lavagna es el que tiene menos posibilidades de llegar a la segunda vuelta; pero, si lo consigue, puede ganar la elección por representar más que el peronismo anti-K. No obstante, plantea el interrogante sobre si podrá organizar una estructura política nacional y advierte que los gobernadores del PJ tomarán posición una vez que hayan resuelto su propia elección. La situación judicial de CFK sigue siendo un punto conflictivo dentro del peronismo. A tal punto que el propio Lavagna anticipó, en su extenso reportaje con el diario Perfil, que no hará campaña con los casos de corrupción K, que supeditó a la Justicia. Este dato pudo haber sido utilizado por Elisa Carrió para criticar al exministro más que por ser "aburrido, soberbio y usar zoquetes" (sic). Nada que ver con un debate de ideas, que tampoco abundan en las internas del oficialismo ni de la oposición, concentradas en nombres, candidaturas y expresiones de deseos.

En medio de estas incógnitas y para no afectar aún más las expectativas económicas o el repunte del dólar, el FMI se apresuró a aclarar que continuará respaldando a la Argentina sin importar los "cambios políticos" que puedan producirse en octubre. No obstante, quienes conocen la letra chica del segundo acuerdo con el FMI (que se extiende hasta 2021, aunque el grueso de los desembolsos será anticipado este año), advierten que sus metas incluyen un estricto monitoreo -semanal y hasta diario- para prevenir desvíos o incumplimientos, así como controles cruzados para evitar "trampas" (gastos encubiertos, emisión monetaria o atraso cambiario) que en el pasado hicieron naufragar otros programas. Incluso el aumento de 46% en las asignaciones por hijo está contemplado como cláusula de contención social. En otras palabras, renegociar el acuerdo o ampliar la asistencia del FMI no será un simple trámite para Macri ni para quien pueda sucederlo a fin de 2019.

El economista Miguel Ángel Broda afirmó que el actual programa con el Fondo es como un tratamiento de rehabilitación para que la economía vuelva a caminar tras las múltiples fracturas expuestas sufridas con la crisis de 2018, aunque sin margen para aplicar políticas expansivas. Y parafraseó a Carlos Menem al señalar que "estamos mal (por la contracción de la economía al 9% anualizado en tres trimestres) pero vamos bien" (por la baja del déficit fiscal, el ajuste del déficit externo y la mejora del balance del Banco Central), en el largo camino hacia un "país normal". Aun así, estimó que el Gobierno deberá pedir un waiver ante la imposibilidad de cumplir el déficit primario cero (debido al retroceso real de la recaudación tributaria en los últimos meses y el mayor gasto previsional indexado en los próximos) y que la economía se recuperará lentamente antes de las elecciones, pero lejos de la performance de octubre de 2017, pese a lo cual asignó a Macri un 50% de chances de ser reelecto si el peronismo va dividido.

Este pronóstico no difiere del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) difundido por el BCRA, que si bien ubica en 32% la proyección de inflación y en -1,3% el PBI para 2019, prevé un crecimiento de 2,5% para 2020 y 2021, con descenso del IPC a 20,3% y 15%, respectivamente. O sea, una continuidad de la política económica.

Sin embargo, Fraga sostuvo que la grieta y la polarización no facilitarán en 2020 acuerdos políticos básicos para ampliar el horizonte económico. Por sí sólo, ningún presidente estará en condiciones de bajar significativamente la inflación, mantener un Estado financiable y promover un crecimiento sustentable a partir de mayores inversiones y empleos. En medio de tanto internismo, no hay respuesta a la pregunta planteada por el economista Carlos Leyba: ¿Hacia dónde vamos? Y habría que complementarla con qué haría cualquier argentino que dispusiera lícitamente de un millón de dólares. No habría que buscar esta respuesta más lejos que en otros países como Chile, Uruguay, Perú o Colombia, que vienen creciendo y exportando sostenidamente con baja inflación, a pesar de sus problemas y con una civilizada alternancia de partidos políticos de distinto signo.

Néstor O. Scibona  
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Ilustración: Agdamus

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