Domingo, 24 Marzo 2019 00:00

El agro empuja al PBI aun con mal clima económico - Por Néstor O. Scibona

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La mayor cosecha de granos tras la sequía atenúa la caída del nivel de actividad, mientras las exportaciones elevan el superávit comercial

 

El campo está cada vez más presente en las pantallas de los despachos oficiales del área económica y de la city porteña. Después de los estragos provocados por la dramática sequía de la campaña anterior, las cosechas de trigo y cebada apuntan este año a volúmenes récord y habrá un repunte significativo en las de maíz, soja y girasol.

Estos datos son seguidos y actualizados semana a semana. No solo porque la mayor producción agrícola -y su efecto multiplicador sobre actividades conexas- será el principal motor que traccione al alicaído PBI, aunque no alcance a sacarlo del terreno negativo en 2019. También porque el incremento de las exportaciones de granos (por más de US$28.500 millones) significará un aporte extra de divisas estimado entre US$6000 millones y US$8000 millones. Se trata de los agrodólares evaporados por la sequía y que -junto con el corte del crédito externo más los errores de manejo macroeconómico-, gatillaron la grave crisis cambiaria de 2018. A la inversa, esas exportaciones y las de carne vacuna por U$S1500 millones tras la apertura del mercado estadounidense para cortes de alta calidad, contribuirán este año a apuntalar el superávit comercial (del orden de US$6000 millones) y reducir el déficit de las cuentas externas.

En el plano productivo, las estimaciones presentadas por el Área de Economía de I+D de CREA en Expoagro indican que la cosecha de soja podría ubicarse entre 52 y 53 millones de toneladas (según las Bolsas de Cereales de Rosario y Buenos Aires), con subas del orden de 34/37% respecto del reducido volumen de la campaña anterior (38,7 millones), aunque por debajo de los niveles de 2016 (58,8 millones) y 2015 (61,4 millones).

Con mejores precios, en trigo se alcanzaría el récord de casi 19,5 millones de toneladas (5% más), al igual que en cebada (con 5 millones y un alza de 14,7%). Otro tanto ocurrirá con girasol (4 millones y 13,3%) pese a precios en baja, mientras la producción de maíz treparía a 45/46,5 millones de toneladas (entre 3,5 y 7% más), algo por debajo del récord de 48,5 millones de la campaña 2016/17.

Aunque aún es prematuro un cálculo final, la cosecha de granos totalizaría, según las estimaciones privadas, un volumen de 135,5 millones de toneladas, que pegaría "en el poste" del récord de 137 millones alcanzado en la campaña 2016/17 y que supera en 20% al magro resultado de 2017/18 (113 millones). En enero, la proyección oficial era de otro récord, con 139,6 millones, un alza de 24% y exportaciones agrícolas por US$29.500 millones.

Sobre la base de este dato oficial, el Estudio Broda calculó que el aporte de la actual cosecha al PBI sería de 1 punto porcentual de forma directa y de 0,3 indirecta (por transporte y almacenamiento); pero no podrá revertir la baja de 1,1% estimada para todo 2019, aun con el repunte más leve en otros sectores a partir del tercer trimestre. Por lo pronto, en el avance del Indec sobre el PBI en el último trimestre de 2018 (que registró una caída de 6,2% interanual), el valor agregado bruto del sector agricultura y ganadería fue uno de los pocos que creció (3,7%), junto con el de pesca (14%). En el mismo período, el Indec registró además un repunte de 8,2% interanual en las ventas de maquinaria agrícola en unidades, con subas en tractores (13,7%); sembradoras (12,7%) e implementos (28%) y una baja en cosechadoras (20%). Estos "brotes verdes" -según el léxico oficial de 2016- probablemente expliquen el interés que despertó Expoagro, con su despliegue de nuevas tecnologías en equipos y servicios para el campo.

No obstante, varios especialistas del sector advierten una mayor cautela entre los productores agrícolas medianos y pequeños. Las incógnitas no pasan tanto por la meteorología sino por el mal clima económico y la incertidumbre política preelectoral, que influyen en las decisiones de inversión. A esto se agregan los interrogantes que rodean al conflicto comercial entre Estados Unidos y China y su impacto sobre los precios de la soja.

De ahí que la pregunta del millón se base en las proporciones de cosecha que venderán o retendrán los productores sojeros y son la clave para calcular la oferta de divisas durante la "temporada alta" del mercado cambiario. Por caso, Juan José Piano, vicepresidente y CEO del banco homónimo, acaba de estimar en un reportaje con El Cronista Comercial, que entre 50% y 60% de la cosecha se va a vender en los próximos tres o cuatro meses, será suficiente para contener al dólar y los productores invertirán en maquinarias. Por su lado, en el sector señalan que, fuera del agro pampeano, las ventas serán más fraccionadas ("de a puchos"), se destinarán primero a pagar deudas, luego al equipamiento más necesario, y que probablemente se limite la compra de pickups, así como la inversión en inmuebles en centros urbanos tras el boom de 2016 y 2017. Al menos, hasta que se aclaren las perspectivas políticas.

El factor económico de este clima incierto es que parte de la mejora cambiaria real que significó la fuerte suba de 100% del dólar en 2018, fue carcomida por la reimplantación de retenciones a la exportación, la suba de costos energéticos, de combustibles y fletes y el aumento de la inflación. Las altas tasas de interés son un capítulo aparte, ya que el estiramiento de la cadena de pagos redujo el capital de trabajo y hay dificultades para el descuento de cheques, no sólo por el encarecimiento del costo financiero. La situación es diferente en las explotaciones más grandes (superiores a las 10.000 hectáreas) que suelen cubrir riesgos cambiarios con contratos a futuro y financiarse en dólares a tasas de 6% a 8% anual. Este mecanismo permitió mayores ventas de trigo, que se destinaron a inversiones en siembra de la cosecha gruesa. Aun así, no faltan sorpresas, como la imprevista decisión de Jair Bolsonaro de habilitar un cupo de 750.000 toneladas para importar trigo desde los Estados Unidos sin arancel extrazona, que representa casi 13% del volumen exportado por la Argentina el año pasado y que puede enrarecer el mercado brasileño.

Las perspectivas tampoco son homogéneas en las economías regionales. Según el informe de CREA, en la vitivinicultura la fuerte devaluación no fue suficiente para paliar los aumentos en agroquímicos, combustibles y tarifas eléctricas. A su vez, la existencia de un stock de vinos equivalente a 4,5 meses de consumo deprime los precios y afecta la colocación de las nuevas uvas en el mercado. Con menor producción (-8,5%) y consumo (-6%), una salida es la exportación de mostos y vinos a granel, mientras Mendoza y San Juan anunciaron una licitación para reducir el exceso de stocks.

La lechería también sufre una baja de producción, de 10%, atribuible a las lluvias de enero, los problemas de SanCor y el desfasaje entre costos en dólares y precios en pesos, que complica el abastecimiento interno de leche fluida y el repunte de exportaciones en polvo. No obstante, hay espacio para nichos con mayor valor agregado. Nestlé acaba de inaugurar una línea en su planta de Villa Nueva (Córdoba) para ingresar en la producción de 10 millones de litros anuales de leche líquida esterilizada para tres de sus marcas (Nesquik, Nido y NAN), con una inversión superior a $480 millones que incluye el uso de 100% de energías renovables a partir de 2020 en sus cinco plantas y su oficina central en la Argentina. También trabaja en el desarrollo de leche orgánica y semimaterna para 2021.

Estos contrastes hacen perder de vista el peso de las 30 cadenas de valor agroalimentarias de la Argentina y su transformación estructural en lo que va del siglo XXI. A tal punto que representan 29% de la producción de bienes (PBI excluidos servicios), 27% del valor bruto de producción, 57% de las exportaciones y 31% del empleo, según un reciente trabajo de la Secretaría de Agroindustria coordinado por el especialista Agustín Lódola y con datos del período 2001/2015. Es una suerte de preludio de la próxima difusión de los resultados del Censo Nacional Agropecuario 2018, que están siendo procesados por el Indec y que permitirán precisar la actual estructura del sector tras un vacío estadístico de 20 años.

Néstor O. Scibona
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Ilustración: Agdamus

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