Domingo, 28 Abril 2019 00:00

¿Da para 6 meses con el dólar a los saltos? - Por Alcadio Oña

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El dólar entró en el terreno de la volatilidad.

 

Titulado Ultima oportunidad para tomar cobertura cambiaria, el informe de una consultora de primera línea acertó un pleno con la recomendación que el lunes pasado les dio a sus clientes endeudados en dólares. Un pleno, en realidad, si no hubiese ocurrido que la velocidad de los acontecimientos se llevó puesto al consejo.

Justamente porque expresa los notables sacudones del momento, tiene sentido decir lo que decía el reporte. En seguidilla, que la calma que hasta entonces mostraba el dólar era transitoria, que se ingresaba en un período de volatilidad cuyos puntos extremos se alcanzarían a partir de julio y que, por todo eso, quienes tuviesen obligaciones en divisas debían aprovechar la ocasión y hacerse pronto de las divisas que los pondrían a resguardo.

Está claro que la consultora la pegó con el pronóstico, tan claro como que el pronóstico envejeció en apenas 48 horas. Aún en baja, el dólar cotizó a 43,69 pesos el lunes y a 43,52 el martes, pero ya el miércoles empezó a volar descontrolado y así quienes no pudieron comprar a tiempo, hoy están peor que antes. O debieron pagar $ 47 para tomar “la cobertura cambiaria” que la consultora aconsejaba.

Tal cual ocurre cada vez que el país anda escaso de dólares, o sea, bastante seguido, otra cuenta de abril consistió en ponerle una ficha grande a la soja. Sumada a los US$ 60 millones diarios que subastaría el Tesoro Nacional y al regreso del superávit comercial, el comentario entre analistas financieros afirmaba que “vendrían varias semanas tranquilas con moderada apreciación del peso”. Error: de nuevo, la incertidumbre pudo más.

Después de un miércoles complicadísimo, las pruebas de la desconfianza y de la especulación emergieron, brutales, el jueves, cuando el indomable billete verde llegó a subir 6,5% en cosa de minutos. Con una batería de decisiones de apuro, incluida la de levantar la tasa de interés al 71% y la de convertir a la ANSeS en operadora del mercado de bonos, el Banco Central logró capear el temporal. Los frutos del operativo se pusieron feos al día siguiente, pese a una tasa ahora del 72%.

Todo dejó flotando un interrogante del porte de una montaña: ¿se repetirán cimbronazos semejantes? O mejo dicho: ¿será posible convivir con ellos de aquí a las elecciones de octubre, esto es, durante casi seis meses y sin que nada se quiebre en el camino?

Dice un especialista que ha visto pasar unas cuantas, si no idénticas similares a la de estos días: “Y sí..., nuevos cimbronazos habrá seguro. Aunque esta vez sucedió algo extraño. El efecto sobre los bonos fue enorme y comparativamente menor el impacto sobre el tipo de cambio, que en un trance así pudo haber escalado a 50 pesos”.

Sigue: “Todo está atado con piolines. Y muy atado a encuestas como las de Isonomía, que encima es una encuestadora que suele trabajar para el Gobierno”.

Un dato y una interpretación a cuento del sondeo. El dato es que ubicó a Cristina Kirchner nueve puntos arriba de Mauricio Macri nada menos que en el ballotage. Y la interpretación, que algún sector del macrismo que no ocupa la Casa Rosada hubiese usado la muestra para sembrar miedo acerca de lo que puede venir si lo que ahí se cuenta sucede de verdad. Con este cuadro a la vista, los jefes de Isonomía salieron como bomberos a relativizar el resultado de su propio trabajo.

Poco cambia que se repiquetee con la letanía del problema político, como diciendo Cristina Kirchner sin decirlo expresamente. Y si ese es un problema, hay otro de la misma especie: los gruesos, sistemáticos errores económicos cometidos por el Gobierno hicieron que se le volviese en contra su propia estrategia, la de agitar el fantasma de la ex presidenta para polarizar con la ex presidenta.

Planteada en términos cada vez más precisos, la cuestión ha quedado clavada en un punto: el riesgo de que Mauricio Macri no pueda vencer a Cristina Kirchner, a alguien cuyo plan fue el de quedarse quieta y en silencio. De ahí brotan especulaciones en varios sentidos, ninguna de las cuales favorece justamente a la imagen del Presidente.

De este mundo es que los saltos del dólar, amablemente llamados volatilidad cambiaria, le pegan a una inflación que ronda el 50% anual y justo cuando el Gobierno ensaya un modelo que pretende aquietar las aguas. Precios fuera de caja, recesión, caídas superiores al 10% real en las ventas de supermercados, más bolsillos flacos, más... así suena a monumental la tarea de mejorar el humor de los electores. El de los propios y el de aquellos que sin serlo se busca acercar a Cambiemos.

Nicolás Dujovne avanza hacia el déficit fiscal cero comprometido con el FMI; las cuentas externas lucen bastante bien, gracias a la devaluación y al desplome de las importaciones provocado por el parate económico, y el BCRA cumple a rajatabla la consigna de la emisión cero. El punto es que esto vende poco aquí dentro y que afuera domina la incertidumbre sobre el pago de la deuda.

Sin comprometer una sola palabra suya, Cristina Kirchner ha sacado a la cancha a varios de sus alfiles. Aseguran que mantendrán el objetivo del déficit cero, aunque piden más tiempo, y que continuarán el acuerdo con el Fondo, pero con un plazo mayor al actual; también, que de ninguna manera figura el default entre sus planes y que piensan renegociar la deuda sin patear el tablero.

Gestos al fin, orientados al frente externo. Pero viniendo de donde vienen, difícilmente consigan instalar la idea de que existe una Cristina diferente a la que se conoce. Se verá andando, si aparece la oportunidad, y como siempre mandarán los hechos.

Hoy por hoy, la pelota sigue picando en el campo del Gobierno. Y ante la falta instrumentos que puedan garantizar cierta estabilidad cambiaria, las miradas vuelven a posarse en el FMI y, más concretamente, en que le permita al Central intervenir vendiendo reservas antes de que el dólar supere la banda de $ 51,5.

La pregunta es si aun así aflojará la presión o si todo lo que venda se lo comprarán.

Respuesta de otro especialista: “Tal vez pase algo de éso. Pero vale la pena intentarlo, con operaciones fuertes, por sorpresa y capaces de hacerles perder plata grande a los especuladores. Nada de mostrar las cartas a través de ventas prefijadas y siempre cuidándose de gastar reservar sin ton ni son”.

Sigue, ya con un comentario bien de mercados alterados: “Comprarán quienes operen a largo plazo y vean rendimientos del 15 o del 16%. La novedad, creo, es que han empezado a aparecer fondos buitre, que van sobre bonos de oportunidad pensando en un desenlace que les permita ganar mucho dinero”.

En cualquier caso, el punto es que el BCRA esté capacitado para dar peleas semejantes y que, según algunos analistas, deje de lado limitaciones autoimpuestas. Sería clave, además, que la Casa Rosada abra el juego a nuevas consultas y que desde luego las tome en cuenta, pues lo que hay luce insuficiente.


Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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