Domingo, 05 Mayo 2019 00:00

Cláusula dólar en los Productos Esenciales - Por Alcadio Oña

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Renegocian algunos de los precios acordados con fabricantes y supermercadistas.

 

Había, hay todavía, un dólar implícito y una regla no escrita dentro del plan Productos Esenciales. El dólar es de 51 pesos y la regla no escrita dice que si pasa de ahí, empiezan a renegociarse algunos de los precios acordados con fabricantes y supermercadistas.

Ese par de datos no explica todo, pero deja entrever lo que siguió y sigue. Para comenzar, 51 pesos era también el techo de la banda cambiaria y una cláusula clave convenida con el Fondo Monetario: recién cuando fuese superado, el Banco Central podía intervenir para frenar o intentar frenar al dólar. Mientras tanto tenía las manos poco menos que atadas.

Todo muy apretado, tal cual se nota.

El plan Productos Esenciales arrancó el pasado lunes 29 de abril, tras una semana previa en la que el tipo de cambio escaló hasta orillar los $ 47 y quedar muy próximo al límite. Luego, tambaleaba la estantería y resultaba imperioso conseguir que el FMI levantara la barrera, de modo aliviar la presión sobre el dólar y de darle oxígeno al acuerdo de precios. Cosa que efectivamente ocurrió, durante un sábado y un domingo cruzados de negociaciones entre Buenos Aires y Washington.

Cuentan cerca del ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, que la decisión de pactar con 18 grandes empresas proveedoras y 7 grandes supermercados va atada a una pieza imprescindible: la capacidad que ellos tienen para sostener tanto los precios como el abastecimiento a lo largo de 180 días. Si se prefiere, hasta las presidenciales de octubre.

Y aun cuando nieguen que se trate de un plan antiinflacionario, asoma el intento por enganchar el Productos Esenciales al kirchnerista Precios Cuidados, que en opinión de varios especialistas ha logrado penetrar muy bien en el mundo de los consumidores.

Nada elimina de todos modos la regla no escrita de los $ 51. Esto es, que si el dólar supera ese valor habrá listas que comenzarán a ser recalculadas, sobre todo las de aquellos productos exportables o de alguna manera ligados al tipo de cambio. La apuesta oficial consiste en mantenerlo por debajo de los 50 pesos, y mucho más que pensando sólo en la suerte de los 64 productos esenciales.

No hace falta ninguna espera, si el punto pasa por enfrentar a la muy antigua, aceitada conexión dólar-precios. La conexión funciona bastante parecida a una máquina, donde una variable empuja a la otra y la otra empuja a la primera, sin solución de continuidad.

Un ejemplo bien reciente: desde abril de 2018, cuando empezó a despertarse de una temporada en paz, el billete verde acumula una suba del 124%, impresionante e impar, salvo excepciones que mejor olvidar. La inflación se anotó con un para el caso modesto 61%, elevadísimo de todos modos y con el costo de los alimentos a la cabeza.

Alrededor del 4% -un 4 redondo o 4,1%- habría dado el índice de abril, según informes que se manejan en despachos oficiales importantes. Un 4% impresentable frente al 3,75 de Brasil, el 3,2% de Paraguay y el 2,6% de Chile; los tres por debajo del 4% y del 4% anual, conviene precisar.

Así ya habremos llegado al 16% cuatrimestral y a un 56% anual. En el medio, una apuesta del Gobierno plantea que, como hacia fines de abril la inflación se desaceleró, mayo anotaría un poco más de 3% y junio andaría en torno del 3%. Las hipótesis descuentan obviamente un dólar aliado.

En tren de apuestas, dos del FMI notoriamente fallidas. En el primer reporte sobre el acuerdo con la Argentina había proyectado 20,2% para este año y 30,9% en su muy reciente segundo reporte.

Bien fresco, de este viernes, el relevamiento de expectativas que el Central realiza entre medio centenar de estudios canta 40%. El anterior decía 36% y 29% el de enero.

Surge evidente por donde se mire que los precios aún marchan desatados. Y ponerlos en caja antes de que se aproxime octubre es prioridad absoluta del Gobierno, porque sabe de sobra que la inflación figura con mucho al tope de las preocupaciones de la gente.

Dice un analista del palo oficial: “Macri está compitiendo contra las expectativas que él mismo genera”. Parece un galimatías, pero quiere decir que el Presidente seguirá en problemas si no consigue remontar la desconfianza que su gestión provoca y, al revés, que saldrá del atolladero si logra mostrar un horizonte que a los ojos del electorado luzca más alentador.

Algo semejante afirma un analista últimamente alejado de la política: “La Argentina enfrenta una crisis sistémica que viene de lejos y frente a ella el Gobierno no tiene mucho para hacer. Eso sí, con las aspiraciones reeleccionistas intactas Macri debe dar vuelta las expectativas y presentar indicios concretos de que es capaz de gobernar mejor”.

De vuelta al bendito dólar y supuestamente con la venia del FMI, el Banco Central ha informado que puede arbitrar por si mismo “el monto y la frecuencia (de las ventas), dependiendo de la dinámica del momento”. También, traspasar la oferta de divisas pactada con el Fondo en caso de que precise “contrarrestar episodios de excesiva volatilidad” del tipo de cambio.

Puesto en limpio, desaparecen las licitaciones y los montos preanunciados y aparece el factor sorpresa. Esto es, en lugar de revelarle sus cartas al mercado, ahora el Central jugará con las cartas tapadas y, si cabe, hará que los especuladores pierdan plata.

Pesa mucho aquí una variable ciega, ciega o diferente según quien la estime, y definitivamente crucial. Se trata nada menos que del verdadero poder de fuego que el BCRA tiene a tiro, ante las previsibles tensiones cambiarias que llegarán a medida que el clima electoral vaya calentándose.

La entidad acaba de declarar reservas brutas por US$ 71.663 millones. Suficiente para enfrentar cualquier contingencia, salvo por un detalle que suena a bastante más que un detalle: el número que cuenta no es ese sino el stock de reservas netas, disponibles luego de descontar el paquete de divisas que no son propias y que debe mantener inmovilizado.

Llegado este punto, salta eso de la variable ciega. Según las sumas y restas de los consultores, las cifras en danza van de US$ 18.000 millones a 25.000 millones y hasta 32.000 millones. Demasiadas inciertas, demasiado poco útiles.

La información real vale oro en polvo, dentro de este mundo de jugadores súper entrenados en el arte de sacar ventajas de cada dato. Se sobrentiende que Central la tiene y que jamás la va a difundir. Puede suponerse que el FMI también la tiene.

Concentrado en el rumbo del dólar y en bajar la fiebre inflacionaria, el núcleo del poder ha pasado a segundo plano algo que no debiera ocupar ese lugar: una recesión prolongada que parece no encontrar piso. Manda, al fin, aquello que puede retener votos propios y dejar de espantar votos probables.


Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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