Miércoles, 15 Mayo 2019 00:00

Salarios y dólares juegan su partido en un año electoral distinto - Por Daniel Fernández Canedo

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La inflación también está en la cancha. A horas de que el Indec difunda el dato de abril, el Gobierno espera menos de 4%.

 

El Gobierno deja trascender que ahora no le preocuparía la indexación de los salarios en las paritarias que quedan por cerrar. La gobernadora María Eugenia Vidal hizo punta, actualizando los salarios docentes bonaerenses a la marcha del costo de vida.

Y en los últimos días le tocó el turno a la construcción, donde la UOCRA acordó una paritaria trimestral con ajustes por inflación. La idea de que los aumentos salariales podrían actuar como “ancla” en la lucha contra la suba de los precios es una cosa del pasado.

Una inflación impulsada por la suba de costos hizo desvanecer la idea de que los salarios, que cayeron en torno de 13% en términos reales el año pasado y que éste bajarían otro 7%, podrían ser causantes de aumentos de precios por exceso de demanda.

Que el Gobierno busque que los acuerdos de las paritarias “empaten” con la inflación es otro indicador clave de que los tiempos electorales aprietan y que, junto a la estabilidad del dólar, hay variables esenciales a tener en cuenta.

Hasta ahora, todas las paritarias que se cerraron contemplan acuerdos anuales, con cláusulas de revisión (se nivelan la inflación) y con pagos compensatorios bimestrales o trimestrales.

Los aumentos oscilaron entre 23% y 25% para los convenios cerrados entre diciembre y marzo y de 28% a 30% para los de abril. Este martes estaba cerrando Comercio, y como el resto, lo hacía con cláusula de revisión.

Faltan cerrar metalúrgicos, gastronómicos y alimentación y en el Gobierno descuentan que el cierre más difícil será el de Camioneros este mes, pero no por la indexación sino por el enfrentamiento de Hugo Moyano con la Casa Rosada.

Este año, como señala un informe de Econviews que analiza el comportamiento de la economía en los años de elecciones, “será el primero recesivo desde la crisis de 2009 y, también el primero, en el que el consumo privado llegue a octubre por debajo de los niveles del año previo”.

En esta ocasión, los salarios corren desde atrás a la inflación cuando “le habían ganado ampliamente en 2007, 2011, 2013, 2015 y 2017”. El cambio no es menor.

Con caída en la actividad económica, el Gobierno aspira a que gane espacio la idea del italiano Roberto Cardarelli, jefe de la misión del FMI para la Argentina, que al salir de una reunión con dirigentes de la CGT, y repitiendo las palabras del ministro Nicolás Dujovne, consideró que la inflación “debería bajar” y que “lo peor ya pasó”.

El partido para bajar la inflación se está jugando en estos días. A horas de que el Indec difunda el dato del aumento del costo de vida de abril, el Gobierno espera menos de 4% (¿será 3,6%?) y los analistas privados se juegan por un 4,1%. Si es menor a 4%, el alivio para Dujovne y para el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, será significativo.

Sandleris viene bajando desde las alturas la tasa de interés casi todos los días. Las Letras de Liquidez (Leliq) que se usan para reducir la cantidad de pesos en circulación ofrecen ahora 71,63% anual. Un rendimiento altísimo pero que intenta acomodarse a la nueva situación cambiaria.

El comportamiento del dólar- su estabilidad es esencial para pensar que la inflación pueda ceder a niveles del 2% mensual- fue acorde en la Argentina con los movimientos del resto de la región.

El fortalecimiento del dólar a nivel mundial como consecuencia de la guerra de aranceles entre las dos principales potencias económicas debilitó a las monedas emergentes, aunque este martes se notó una recuperación.

Los alcances de la disputa comercial EE.UU.-China son imprevisibles, aunque las primeras consecuencias para los emergentes fueron la devaluación de las monedas y la debilidad de los precios de las materias primas, aunque en la última jornada se notó un cambio de comportamiento.

El arma de China para esta guerra es que tiene 1,2 billón de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, lo que lo posiciona como un financiador privilegiado. Se trata de una pelea de gigantes que tiene en vilo al mundo y en la que la Argentina, como el resto de los emergentes, sólo es tomadora de consecuencias.

En un contexto de alta incertidumbre, dentro y fuera del Gobierno, los operadores valoran la posibilidad que obtuvo el Banco Central para intervenir en el circuito cambiario, aunque todavía no lo habría hecho en operaciones al contado.

Un dólar mayorista de $44,97 como el del martes acumulaba una suba de sólo 9% desde fines de septiembre del año pasado.

Esa la mayor calma cambiaria la que le permite al Gobierno el intento de alinear dos variables clave del año electoral: salarios y dólar y encarar, por ejemplo, un proyecto de ley para recortar los impuestos a la construcción.

Los remezones de la crisis, además, han decantado en discursos económicos más moderados. Referentes del peronismo y el kirchnerismo coinciden en que lo peor para el país sería volver a caer en default y nadie estaría planteando seriamente en desconocer la deuda pública. En las próximas semanas se verá cuánto de todo eso le creen los mercados.


Daniel Fernández Canedo

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