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Viernes, 17 Mayo 2019 00:00

Febriles reuniones por el impacto preelectoral del riesgo económico - Por Marcelo Bonelli

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El contenido de un diálogo de Mauricio Macri y Roberto Lavagna fue comentado en una reunión entre el enviado del FMI y un grupo de banqueros.

 

Roberto Lavagna fue directo: “No puede ser que Arcor pierda plata y el Banco Macro gane 3.000 millones de pesos”. Mauricio Macri lo escuchó paciente y le respondió: “Roberto, estas tasas son transitorias y de emergencia para contener la crisis”. Ocurrió hace unas jornadas. Y fue la última comunicación que ambos tuvieron por el diálogo político.

El Presidente estaba solo en Olivos y Lavagna en su chacra de Cañuelas. El exministro metió el dedo en la llaga: ya el propio Guido Sandleris les había pedido a los banqueros que no publiciten las fuertes utilidades que dejan las Lelic. Fue en una cumbre en el Banco Central con banqueros líderes. Sandleris le dijo al titular de ADEBA, Javier Bolzico, que la difusión de esos números perjudicaba políticamente al Gobierno.

ADEBA respondió con un informe hermético: esas ganancias son ficticias por la inflación. El documento dice que un ajuste por la inflación transforma esa ganancia del Banco Macro en una pérdida de 800 millones de pesos. El contenido del diálogo entre Macri y Lavagna fue comentado durante una reunión entre técnicos del FMI y un grupo de financistas.

Roberto Cardarelli la mantuvo apenas llegó a Buenos Aires y la organizó el titular del JP Morgan, Facundo Gómez Minujin. Fue un almuerzo en oficinas del Morgan del que participaron varios “popes” de distintos Fondos de Inversión. Minujin se fue antes. Cardarelli trató de explicar primero el giro copernicano que pegó, al aceptar la intervención del BCRA en el mercado de cambios. El emisario admitió que tuvo que claudicar en sus convicciones por presión de la Casa Blanca y evitar un lunes negro en Argentina. En la reunión se abordó el escenario electoral y una cuestión sensible: la eventual renegociación del acuerdo con el FMI y de los vencimientos del año próximo.

Cardarelli fue pragmático. Declaró que el organismo podría aceptar una reprogramación de la deuda “principal”, pero nunca de los intereses. Dijo también que para eso, Argentina tendría que lograr otra bendición política de Trump. Y agregó que el FMI desea -y trabaja para- un triunfo de Macri, pero que “no se asusta” con la vuelta de Cristina.

Wall Street dice lo contrario: hay informes secretos que proyectan un dólar a 70 pesos, si vuelve Cristina. Cardarelli lo dice porque fue testigo -hace unos meses- de que Axel Kicillof tiene una desafiante arenga pública, pero en privado es moderado. La última semana, Kicillof viajó a Washington para garantizar el pago de la deuda: “Nadie quiere un default en Argentina”, dijo.

En Wall Street tienen muy calado al ex ministro. Durante su poco exitosa gestión, fue muy benévolo y benefició a los acreedores externos. Primero les reconoció una fabulosa deuda y le pagó 10.000 millones de dólares a la expropiada Repsol. Cerró mal el arreglo y ahora, por su impericia, hay un multimillonario juicio contra YPF. También acordó un leonino contrato con el Club de París: estableció una fecha de cierre arbitraria en el convenio y elevó el monto a pagar en 4.400 millones de dólares. El convenio con el Club de París es -increíblemente- aún secreto y confidencial. Nunca fue elevado al Congreso, y así se vulneraron leyes de la Argentina.

El gobierno de Cambiemos tampoco se animó a difundirlo y guarda su contenido. Todos los ministros y titulares de BCRA ocultan -hasta ahora- la información. La versión de los banqueros internacionales es que Kicillof incluyó en su acuerdo “deuda nueva” y que así benefició a varios grupos privados que tenían obligaciones propias con el Club de París.

Para evitar un escándalo los ministros de Cambiemos decidieron que el convenio siga ilegalmente como “confidencial”. La Auditoría General de la Nación estaría evaluando pedir informes a Nicolás Dujovne. Es un tema urticante: había una deuda a renegociar de 5.300 millones de dólares y se pactó un acuerdo por 9.700 millones.

El encuentro de la cúpula de Cambiemos -el miércoles- fue franco y directo. Alfredo Cornejo dijo sin rodeos que no confía en las encuestas positivas que Marcos Peña siempre muestra para anestesiar los planteos. Cornejo tiene una relación difícil con Peña y con Macri.

Dijo sin dudar: “Existen chances de perder en octubre”. Y agregó: “No hay que confiarse en el rechazo a Cristina, porque también es grande el rechazo a Macri”. Peña contestó desplegando un sinfín de números positivos, fruto de los abultados contratos -31 millones de pesos- en las encuestadoras. El trabajo lo coordina Mora Jozami.

María Eugenia Vidal también descree de esa visión de la Jefatura de Gabinete. Existen nuevos cortocircuitos entre Peña y Vidal. Ya se abandonó la idea del “Plan V” y fue el propio Macri el que lo enterró: “¿Quién garantiza que, si me bajo, María Eugenia puede ganar la elección?”. Pero ahora se instaló otra opción: el llamado “Plan P”.

Los máximos dirigentes de Cambiemos -incluso Macri- quieren armar una fórmula presidencial con un peronista como vicepresidente. Federico Salvai -la mano derecha de Vidal- sondeó y le habría hecho un ofrecimiento al propio Juan Manuel Urtubey. Su nombre surgió porque este fin de semana se cayó una idea que tenía el Presidente: ir a la reelección con Juan Schiaretti como compañero de fórmula. Schiaretti trabaja en otra cosa: convocará a los gobernadores y líderes del Peronismo Federal y Democrático para llamar a internas que bendigan un candidato presidencial.


Marcelo Bonelli

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