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Domingo, 02 Junio 2019 00:00

Salarios nuevos y viejas incertidumbres - Por Alcadio Oña

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La baja de las actividades productivas

 

Casi todos entraron juntos en zona de recesión hacia mayo-junio, cuando el dólar empezaba a dispararse; ya acumulan de 8 a 11 meses de caídas sin respiro, muchas de ellas mayores al 10%, y no se advierte que vayan a salir pronto ni indemnes del atolladero. Por si hace falta aclararlo, se trata de las actividades productivas y del consumo y de la conexión directa que siempre existe entre ambos.

Después de que el último estimador económico del INDEC contara que en marzo sólo 3 de los 16 sectores relevados habían crecido, estos días tocó un informe sobre las ventas en supermercados, autoservicios mayoristas y shoppings. Más preciso sería decir que tocaron derrumbes del 14,5, del 16 y del 16,6%, respectivamente.

Varios datos sueltos y nada insustanciales: el consumo de carne vacuna cae al 14% y la venta de leche, al 13%; la de productos de panadería retrocede 24 puntos porcentuales contra la inflación, 26 la de verduras y frutas y 16 la de productos de almacén.

Un muestrario de cómo van postergándose compras en cierto sentido prescindibles, atadas al dólar y notoriamente a las tasas de interés, emergió al mismo tiempo desde el comercio de artículos para el hogar. Más que bajas, hubo bajones durante el primer trimestre: televisores, 40%; equipos de audio, 68%; heladeras y celulares, 31% y tablets, 56%.

A golpes de precios, una música parecida suena en las estaciones de servicio. Hasta no hace mucho, estrellas del mercado, aunque sin fundamentos técnicos apreciables, ahora se repliega fuerte la demanda de combustibles premium -un 24% la de nafta y cerca del 7% la de gasoil- y aumenta la de sus alternativas para el caso modestas, la nafta súper y el gasoil digamos común. El conglomerado completo anota, de todos modos, siete meses consecutivos para atrás.

Y como esta historia viene de consumo, ahora uno bien representativo del panorama general: el de energía eléctrica. Durante el primer trimestre, marcó caída del 10% para casas de familias; del 9,4% en la categoría comercial y del 6,7% en la industrial. Clarísimo: tarifas, recesión y ahorro forzoso.

Con tantos indicadores barranca abajo, una apuesta grande del Gobierno es que las negociaciones paritarias, hoy en pleno desarrollo, permitan que el salario recupere al menos parte del terreno perdido frente a los precios y que, de seguido, traccione demanda y actividad económica. Algunas consultoras proyectan un escenario donde las variables se cruzarán alrededor de agosto y prevén que, a partir de ese mes, empiecen a ganar los sueldos nuevos. Tarde, en el mejor de los supuestos.

Hasta ahora hay una docena larga de convenios firmados; entre ellos los de los estatales de UPCN, los metalúrgicos y los gastronómicos, el comercio, la carne y Luz y Fuerza. Juegan adicionales por única vez, compensaciones y un rasgo común a casi todos: los aumentos comienzan por clavarse en el 28%, han sido divididos en tramos y llevan cláusula de ajuste para compensar la inflación.

Un punto clave, tanto para la salida de la recesión como para las aspiraciones de los asalariados, ancla en el cuándo serán activadas las cláusulas de ajuste y se recuperará una pérdida de ingresos que viene muy anunciada. Las fechas definidas varían según los convenios; algunas caen en noviembre, otras en enero y las más alejadas en marzo.

Pero aun antes de que se llegue a esa instancia, ya estará perfilándose un escollo harto conocido que se llama inflación. Hoy en el 15,6% desde principios de año, sin ningún salto alocado el índice rondaría un 22% en junio y el 23% hacia julio. Y como hay incrementos de sueldos por tramos que para agosto acumularán el 18-19%, el saldo cantará que los precios se habrán comido parte de la mejora. En acuerdos así, la cláusula de revisión recién podrá ser gatillada en marzo.

El promedio que surja de esta mezcla de variables, bastante difícil de descifrar por cierto, confrontará con una inflación que continúa pintando imbatible: del 40% este año, según el último relevamiento que el Banco Central hizo entre el medio centenar de institutos que acostumbra testear.

Y si el resultado vuelve a dar caída del salario real, tal cual parece, se agregará a la pérdida del 12% que hubo en 2018. Así, el combo puede derivar en un consumo que quedaría al mismo nivel del registrado en la crisis de 2002-2003, de acuerdo a una estimación de la consultora especializada Scentia.

Está claro que los trabajadores no sindicalizados y el enorme ejército de empleados en negro mirarán esta película desde la tribuna. Pasará también que aquellos gremios con alto poder de fuego lograrán mejores condiciones que el resto; empezando por los petroleros de un sector hoy potente y en más de un sentido privilegiado por los subsidios oficiales.

Y si simultáneamente desaparecen empleos en cantidad, cuesta entender cómo los nuevos ingresos pueden levantar el consumo y la actividad económica y, al final del camino, evitar otro año con el PBI a la retranca. Será el tercero de los cuatro de Cambiemos y el quinto desde 2011, cuando comenzó a declinar el reinado de los súper precios internacionales de la súper soja. Demasiado retroceso junto para un solo país.

Tras una baja del consumo calculada en 4,6% para 2018, aunque más pronunciada durante noviembre y diciembre, los primeros números de Scentia sobre 2019 dicen contracción del 6,4% en abril y del 7,1% en el cuatrimestre. Visto lo que está a la vista, luce crucial entonces acertar con los remedios capaces de enfriar el proceso inflacionario, y más vale pronto que tarde.

Algo de eso ya está ocurriendo, a caballo del congelamiento de las tarifas. Falta obviamente que ese demonio llamado dólar no se despierte, lo cual tampoco suena a tarea sencilla como se comprueba demasiado seguido.

Ayudan en grande a sostener la paz cambiaria los dólares que bombean las exportaciones del complejo sojero: 6.000 millones durante el último cuatrimestre y 2.000 millones en abril. Solo que ese chorro tendería a menguar a partir de agosto, justo cuando tren electoral empiece a avanzar a fondo hacia las elecciones de octubre.

Falta además que Donald Trump la pare con los tuits que en seguidilla sacuden al mundo y, sobre todo, que lo ponen hostil para la vulnerable Argentina. De ese tembladeral habló el viernes un riesgo país otra vez al borde de los 1.000 puntos, que es igual a hablar de la desconfianza que nos toca de lleno.

Se supone que los verdaderamente presidenciables ya han armado un plan sustentable para enfrentar un cuadro que, bajo cualquier hipótesis, se presenta bien complicado, aunque acá la experiencia aconseja no andar suponiendo demasiado. Y por lo que de momento tenemos, tenemos algo que suena bastante parecido a votar a tientas o a votar según la fe de cada cual.


Alcadio Oña

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Alcadio Oña

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