Viernes, 07 Junio 2019 00:00

Bajar la inflación es la clave para extender el efecto agro - Por Fausto Spotorno

Escrito por  Fausto Spotorno
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Tras la crisis de balanza de pagos que Argentina experimentó en 2018, la actividad económica cayó más de 6,5% entre febrero y diciembre de 2018.

 

Desde entonces, las altas tasas de interés, la volatilidad del tipo de cambio y la elevada inflación impidieron cualquier recuperación durante el primer trimestre.

Sin embargo, en este segundo trimestre se observa alguna mejoría en muchos indicadores económicos, producto del fuerte crecimiento de la cosecha agrícola. Para comienzos del tercer trimestre los efectos de la expansión agrícola se irán desvaneciendo y ya, para la época de las PASO, habrán desaparecido.

La única forma de que se sostenga cierta recuperación en el tercer trimestre como para llegar con cierta calma a las elecciones, es que la inflación baje lo suficiente como para que los salarios y otros ingresos personales comiencen a ganarle. Pero este camino está lleno de obstáculos.

Entre las negociaciones paritarias, los ajustes salariales que las empresas han hecho, los aumentos automáticos de las jubilaciones, los ingresos familiares están creciendo a un ritmo cercano del 2,5-3% mensual, en estos últimos meses. Si eso lo ajustamos por la caída del empleo, podríamos hablar de 2,3-2,8%. Sin embargo, la inflación mensual viene siendo superior al 3%. En abril, según nuestra estimación (IPC-OJF) el incremento de los precios al consumidor habría sido de 3,4%. Si bien esta cifra está por encima del incremento de los ingresos familiares, lo cierto es que viene bajando.

Si la tendencia actual de desaceleración en la inflación y mejora en los salarios se mantiene, es posible que los ingresos personales comiencen a ganarle a la inflación durante el tercer trimestre y como consecuencia, podríamos comenzar a observar una recuperación del consumo, respecto del piso en el que está hoy. Ello no significa que los salarios recuperarán todo lo que perdieron, sino que empezaran a dejar de perder y que de a poco comenzarían a recuperarse.

Si esto se da así, entonces una vez que los efectos de la cosecha se hayan desvanecido, podríamos comenzar a ver que el nivel de actividad se sostiene por el consumo. Naturalmente, esto podría ser más efectivo si la tasa de interés pudiera bajar, pero esto no es tan fácil de hacer como parece. Porque todo el panorama que acabamos de plantear está lleno de riesgos y obstáculos.

El primer obstáculo es la percepción de riesgo/falta de credibilidad en la moneda argentina y en los activos financieros locales. Hoy la política del BCRA se basa en el congelamiento de la base monetaria, lo cual implica que el Banco Central no pueda emitir nada, ni para comprar reservas, ni para pagar los intereses de la deuda de corto plazo que el Banco Central tiene con el sistema bancario (Leliqs). Así que no puede bajar la tasa de interés, porque para hacerlo tendría que reducir su interés por colocar deuda en los bancos y la única forma de hacerlo sería emitiendo dinero.

Si lo hiciese, la tasa de interés bajaría, pero probablemente el dólar y la inflación subirían, lo cual impediría que los salarios le ganen a la inflación. En ese contexto, si bien la menor tasa podría alivianar el crédito, no está tan claro que una tasa de interés que se baje artificialmente reactive a la economía. Al menos, no mientras la demanda de dinero siga baja como lo está hoy.

Esto último revela uno de los principales riesgos que se plantea en la actual situación económica: la debilidad del peso. En los últimos meses observamos que la demanda de dinero ha estado cayendo y ello revela que los riesgos de una corrida contra el peso no han sido eliminados. Al final de cuentas, existe la posibilidad de una fuerte emisión monetaria el año que viene, dado que el stock de Leliqs es alto y crece rápidamente, a lo que se le suma las dudas sobre la capacidad de financiamiento del próximo Gobierno, lo cual incrementa la posibilidad de que haya una emisión monetaria para este fin. No es de extrañar que ante este potencial escenario una parte del mercado haya reducido su tenencia de pesos y, por lo tanto, tenga dudas.

Lo mismo sucede con el elevado riesgo país que muestran los bonos argentinos. El riesgo país raspando los 1000 puntos es una señal de dudas sobre la capacidad o voluntad de pago de la deuda argentina (el mercado no está muy seguro de la voluntad de pago de algunos candidatos).

Tanto la debilidad del peso como el elevado riesgo país reflejan que los mercados financieros y monetarios, le están asignando una elevada probabilidad a un escenario alternativo, en el que puede haber una suba del dólar (que se observa en la fuerte dolarización de las carteras), una aceleración inflacionaria y hasta un default en el futuro. Si la percepción de que un escenario así pueda hacerse realidad se incrementa, entonces nos encontraríamos en una condición completamente opuesta a la que planteamos inicialmente. La inflación se dispararía, lo mismo el tipo de cambio y la mejora que se estaría viendo en los indicadores económicos gracias al agro quedaría abortada en el tercer trimestre.

Este es el contexto en el que se desarrollará la economía en los próximos meses y más importante aún, las elecciones presidenciales. Lo cual puede agregarle nuevos condimentos a este contexto que hoy se presenta muy dicotómico.

Fausto Spotorno

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