Lunes, 10 Junio 2019 00:00

El "plan llegar" tiene fecha de vencimiento - Por Maximiliano Montenegro

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Con la estabilidad cambiaria de mayo, el presidente Macri recobró la ilusión –corroborada por dos encuestas que en abril hacían sonar todas las alarmas para el oficialismo— de que puede llegar a octubre con chances de aspirar a la reelección en un balotaje.

 

Tras el salto cambiario de marzo (12%) con pico inflacionario (4,7%) y la volatilidad de abril, el dólar tranqui de mayo, después de que el FMI autorizó al Banco Central a utilizar las reservas, confirmó la desaceleración -lenta- de precios.

Nicolás Dujovne anticipó al Presidente que la inflación de mayo sería del 3,1%, 3 décimas menos que en abril. Nada para festejar en campaña electoral: de confirmarlo el Indec, con esa cifra la inflación acumulada anual (últimos 12 meses) llegaría al récord de 57,3% (en mayo del 2018 había sido 2,1%). Sin embargo, ese módico resultado le permitirá al Gobierno continuar el sendero de la desaceleración en junio, tanto de la inflación mensual como también la anual (en junio de 2018 fue 3,7%).

La segunda consecuencia del dólar quieto es, con los bancos pagando tasas de interés arriba del 50% anual, la estabilidad de los depósitos en pesos, ahuyentando el fantasma de una dolarización acelerada, que había asomado en los dos meses previos.

Bajo esos parámetros se entiende que la única prioridad del "plan llegar" sea el dólar controlado.

Todo lo demás es accesorio: la recesión, la tasa del 70% de las Leliqs, la imposibilidad de recuperar el consumo, la pérdida de empleos.

Con el dólar domado hay horizonte económico y político para el Gobierno. Con el dólar suelto y cero confianza en el peso es la dinámica de lo impensado, cualquier cosa podría pasar. Lo único seguro es que todo sería peor.

Los datos del REM (el Relevamiento de Expectativas de Mercado, entre más de 50 consultoras) que publicó el BCRA esta semana trazan el "mejor pronóstico" posible para Macri en el escenario electoral. Dólar en diciembre a 51,50 (el techo de la banda cambiaria), inflación acumulada en el año del 40,3% (frente a 57% anual de mayo), y una caída del PBI de 1,5%.

El pronóstico del REM es el "mejor posible" no sólo porque los consultores pecaron siempre de "optimistas" el último año, sino porque para alcanzar esos números hay una condición sine qua non. El dólar debe subir sólo 14% hasta fin de año, es decir, moverse detrás de los precios.

Para acceder al escenario "deseable" la secuencia del plan llegar puede ser vista en tres etapas:

La fase de "alerta amarilla" (abril/mayo) se superó con relativo éxito porque los "agrodólares" empezaron a llegar, se instrumentó la venta de u$s 60 millones diarios del préstamo del FMI, se logró el aval del Fondo para vender reservas, se reforzó el apretón monetario (retirando pesos de circulación, que podrían ir al crédito, con las Leliqs que compran los bancos) con la tasa de referencia en 70% y el atesoramiento de dólares se mantuvo bajo. A su vez, la inflación le siguió ganando al salario, prolongando la recesión y el derrumbe del consumo.

Ahora entramos en la etapa de "alerta naranja" (junio-agosto). Se despejó la duda Cristina: juega, pero de vice, moderando el perfil de la fórmula Fernández-Fernández. Resta saber en las próximas horas si Massa juega en ese espacio, comprometiendo a Vidal en Buenos Aires y elevando las chances de una oposición unificada. Después se verán los resultados en la PASO del 12 de agosto: cómo queda posicionado Macri, algo que marcará no sólo la campaña sino la gobernabilidad del día a día.

Con toda esa incertidumbre política se sabrá si salta el atesoramiento de dólares. En abril llegó a u$s 1300 millones (-10% respecto a abril de 2018, con el dólar a 20), frente a un promedio bajísimo de u$s 600 millones entre octubre/marzo.

Con el dólar a $ 46 no hay muchos pesos en los bolsillos, ni crédito con qué correr al dólar. Sin embargo, los depósitos y los bonos del Tesoro en pesos en manos de privados son la preocupación.

Más allá de los cálculos de cuántos pesos podrían correr contra las reservas líquidas del Banco Central (unos u$s 16.000 millones), lo importante es que si se larga "dolarización electoral" y el Central debe vender dólares todo se complica: la tasa de interés sube, cualquier estímulo al consumo desaparece, la recuperación se posterga, la incertidumbre crece.

En esa dinámica, también hay que monitorear el "riesgo-país". Cuanto más alto, más difícil será para el Gobierno refinanciar la deuda de corto plazo en dólares (un stock de Letes de u$s 8000 millones que vencen hasta noviembre) y en pesos (hasta octubre vencen $ 260.000 millones en distintos títulos del Tesoro). Cuánto menos vencimientos de Letes se renueven y haya que pagar con dólares cash, menos reservas disponibles para frenar el dólar o cubrir deuda el año próximo, lo cual retroalimenta el riesgo país. Cuanto menos se refinancie de pesos, más presiones en el mercado cambiario.

Por supuesto, será clave que se desacelere más la inflación (sin ajustes tarifarios y estabilidad cambiaria) y se encamine la salida lenta de la recesión.

Pero aún en el mejor escenario (pronóstico del REM), en octubre la economía estaría todavía 4 ó 5% abajo (empleo, consumo, actividad) respecto del nivel previo a la crisis que estalló en mayo del pasado.

Octubre y noviembre será la etapa de "alerta roja". Lo dicho antes se agudiza. Cuantos más dólares gaste el Central durante la elección, más problemas para el próximo Gobierno.

Si ganan Fernández-Fernández deberán -aún antes si hay segunda vuelta- dar definiciones para evitar una crisis mayor: dólar, deuda, FMI, equipo económico. Deberían ser los más interesados en apostar a la estabilidad. Menos control del dólar, más riesgo de default, más allá de la voluntad de pago.

Si Macri es reelecto, ¿cuál sería el nuevo plan económico-político? ¿Confiar en el derrumbe del riesgo país y otra vez la "lluvia de inversiones"? ¿"Acelerar" en la curva de una sociedad dividida con las "reformas estructurales" sin consenso y minorías parlamentarias?

Hay desequilibrios que se están "corrigiendo". Pero el superávit comercial "por las malas" (derrumbe de importaciones) de este año es consecuencia de la profunda recesión y la megadevaluación. ¿Habrá dólares si la economía se recupera y se atrasa el dólar para anclar la inflación? ¿Es sustentable "déficit cero" con el recorte a la mitad, en términos reales, de la obra pública y retenciones generalizadas? ¿Cuál será el motor de crecimiento luego del 10 de diciembre?

El plan llegar sirve, en el mejor caso, sólo para eso.


Maximiliano Montenegro

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