Domingo, 07 Julio 2019 00:00

¿Será el dólar la carta ganadora de Macri? - Por Alcadio Oña

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La calma del dólar.

 

Si algo explica que la calma del dólar pueda sonar a bendición ese algo asoma, nítido, en el salto del 120% que el demonio pegó de abril 2018 a mayo 2019 y en los cimbronazos de todo tipo que fue encadenando. Pero como el horizonte todavía luce difuso, la calma dispara las preguntas de siempre: ¿compro ahora o espero a ver si baja un poco más, o me quedo en el plazo fijo para aprovechar la tasa de interés?

De este mundo necesitado de buenas noticias y de piezas agarradas con alfileres habla, justamente, la última movida del Banco Central. Celebró que desde mayo se hubiese “verificado una significativa reducción de la volatilidad cambiaria” y, al mismo tiempo, dejó al descubierto, casi patente, que la inestabilidad cambiaria continúa gobernando sus decisiones. O cuanto menos las contornea.

Recortó la tasa de interés y aflojó el torniquete monetario, aunque en pequeñas dosis y sólo durante julio, el mes previo a las PASO. Mezcla de cautela y de temores, entre agosto y octubre el BCRA corregirá los desvíos que las medidas les provocaron a sus rígidos planes, de modo que pronto las cosas volverán al punto en que se encontraban a fines de junio.

Nadie descubrirá nada si afirma que la Casa Rosada está definitivamente jugada a la paz cambiaria y, sobre todo, a una que sirva para enfriar el proceso inflacionario. Lo que está menos claro, aun en el mejor de los supuestos, es que la paz cambiaria vaya a resultar por si sola una carta electoral imbatible frente a otras de signo contrario.

El último sondeo que el BCRA hizo entre medio centenar de estudios especializados dice, en efecto, que la inflación declina desde junio. Del 2,6% hasta el 2,2% en diciembre, pasando por un 2,5 y un 2,4%, pero nunca por debajo del 2%.

Falta comprobar si los consumidores consideran a estos números un verdadero repliegue de la inflación, incluso en un país acostumbrado a ver los precios por las nubes. La misma prueba vale para el 17,5% que se acumularía durante el segundo semestre, según la encuesta del Central.

Hay eso y bastante más que eso de por medio. La anhelada estabilidad del dólar compartirá escenario con una recesión que va para dos años seguidos y que al cabo de 2019 sumará tres sobre cuatro, o sea, con una crisis económica en muchos sentidos cristalizada y teñida de costos sociales que cada vez dejan menos casilleros vacíos. Frente un combo semejante parece conveniente no quedar atado a una sola carta electoral, aunque luzca muy atractiva.

Por de pronto, el Gobierno ha salido a jugar otras cartas que apuntan directo a activar demanda y consumo. Entre ellas, los planes Ahora 12; el 0 km dedicado a las terminales; el Argenta y el Procrear. Todos apoyados en subsidios estatales.

Ahí tenemos de un lado una oferta de bienes en la que figuran viviendas, automóviles y artículos para el hogar, textiles y electrónica. Y del otro, beneficiarios que van desde los jubilados y pensionados, hasta quienes cobran beneficios familiares y la Asignación por Hijo.

“Para el Argenta de los jubilados, la ANSeS ya tiene listos 30.000 millones de pesos que va a poner sobre la mesa de un solo golpe”, anticipa alguien que está al tanto del operativo. “La idea detrás de una medida tan específica -dice- es generar un impacto fuerte al interior de un universo electoral amplio y debilitado”.

Agrega un consultor, a propósito de empresarios que son clientes suyos: “El envión que le dieron al Ahora 12 se nota en el comercio de electrodomésticos, que ha empezado a moverse durante días antes muertos como lunes, martes y miércoles. Y también entre los textiles, pero el consumo masivo sigue sin levantar cabeza”.

Se trata de sectores muy golpeados, algunos bajo rigurosos procesos de achicamiento y donde el grueso de los bienes que se comercializan ahora no son producción sino desagote de existencias.

Es, clarito, el caso del plan 0km en junio. Las ventas de las terminales a las concesionarias subieron 30,6% contra mayo, pero la fabricación cayó 20,3%. Luego, el sistema de subsidios permitió reducir parte de un stock calculado en unas 200 mil unidades sin el más mínimo repunte productivo. De todos modos, las empresas piden más.

No hay nada aquí que pueda ser asimilado a un programa estratégico, ni tampoco la pretensión oficial de que así sea. Hay un intento de moderar la recesión, de ver si es posible torcer la tendencia: corto plazo puro, con el foco puesto en octubre.

El telón de fondo son las estadísticas de la economía real, que siguen resistiendo interpretaciones orientadas a revestirlas de un maquillaje alentador.

Este jueves tocó caída del 6,9% en el índice de producción industrial de mayo respecto de mayo del año pasado, la número trece consecutiva, y otra del 9,8% para los primeros cinco meses. De los 16 sectores analizados por el INDEC, 14 anotaron cifras negativas y sólo 2 positivas.

Contra este cuadro tupido chocan el alza del 0,6% que hubo sobre abril y la versión según la cual allí aparece un cambio de tendencia. ¿De qué tendencia hablan, si para abril respecto de marzo el mismo método había dado crecimiento del 2,3%? Esto es, empeoró en lugar de mejorar.

Todas las hipótesis valen en este juego de datos, pero una, vale más que el resto. Plantea que el verdadero cambio ocurrirá cuando la población sienta que la economía comenzó a repuntar y tiendan a amainar los temores a perder el empleo.

Dicen varios analistas, casi a coro: “El optimismo del mercado crece. Ven un Macri fortalecido y con fuertes chances de ganar”. El optimismo también se llama altísimas tasas de interés, rendimientos que han llegado al 21% en dólares.

Pero, así como algunos inversores entran otros toman ganancias y se van, y no son precisamente de los chicos. Se entienden, entonces, la cautela y el apego del Banco Central a la rigidez monetaria. El brinco que el dólar pegó este viernes le dio la razón a Guido Sandleris, el jefe de la entidad.

Algunos analistas afirman ahora que “el mercado está reordenándose”. Y como nada luce al fin claro, la vista sigue puesta sobre las PASO del 11 de agosto, sobre un resultado que se proyectará a octubre y, según cual fuese, sacudiría al dólar.

Ninguna casualidad, el macrismo empuja a fondo el voto propio en las primarias, mientras la gobernadora Vidal no para de arengar a su tropa. Ocurre que las encuestas pintan un panorama por lo menos incierto para Buenos Aires y sobre todo en el potente GBA, justo allí donde el malestar económico aprieta y donde el Gobierno se juega gran parte de su porvenir.


Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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