Martes, 16 Julio 2019 00:00

Cómo llega la economía a las elecciones - Por Roberto Cachanosky

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Con una fuerte ayuda externa y un precario esquema macro el Gobierno parece estar logrando el objetivo

 

Si le va a alcanzar o no para ganar las elecciones se verá. Lo cierto es que hasta ahora el Gobierno ha logrado tranquilizar el tipo de cambio a fuerza de una gigantesca tasa de interés real y créditos del FMI para calmar el mercado de cambios, la actividad económica parece estar tocando un piso y la inflación está con tendencia a la baja.

El primer dato a tener en cuenta es que parece haber una estrecha correlación entre la tranquilidad en el mercado de cambios y la confianza en el gobierno.


El gráfico previo muestra la evolución del Índice de Confianza en el Gobierno que presenta mensualmente la Universidad Torcuato di Tellla en base a datos elaborados por Poliarquía, en una escala de 0 y 5, en la que 5 representa el óptimo de 100%. En 2017 el indicador se mantuvo alto, cuando el oficialismo ganó las elecciones de medio término con la fusta debajo del brazo. Entonces, el tipo de cambio se mantuvo bastante estable, pasó de $15,86 en diciembre 2016 a $17,45 en octubre del año siguiente, tomando los promedios mensuales.


Observando la evolución del tipo de cambio de 2019, a partir de abril se frena la volatilidad, el dólar se estabiliza y hay una clara tendencia a la baja. De los $47 iniciales en esta etapa ahora cotizan en torno a los $43. La combinación de una tasa de interés alta, con la venta de divisas producto del préstamo del FMI y de la liquidación de divisas por parte del campo, más la caída en la demanda por importaciones, ayudan a mantener tranquila la relación entre el peso y el dólar.

La tranquilidad cambiaria, junto con el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos hasta noviembre y la emisión cero por parte del BCRA, le permiten al Gobierno frenar la suba de la paridad nominal y con ello tener menos impacto en el Índice de Precios al Consumidor, logrando recuperar confianza de las familias y en el Gobierno, según los índices de la Universidad Torcuato Di Tella.

De lo anterior no estoy diciendo que el mercado de cambios tenga un comportamiento tranquilo a raíz de un ingreso de capitales que fortalece el peso haciendo desaparecer la volatilidad cambiaria y la continua depreciación del peso, solo marco que el Gobierno está logrando su objetivo de llegar a las elecciones con un mercado de cambios que, por ahora, no muestra turbulencias y eso lo ayuda a mejorar su perspectiva electoral.

El rol electoral de la política cambiaria

En todo caso no hay nada nuevo bajo el sol ya que el kirchnerismo utilizó mil artificios para hacerle creer a la gente que vivía una fiesta de consumo, la cual era insostenible. Recordemos que Cristina Fernández estableció el cepo cambiario a los pocos días de ganar las elecciones. No se animó a hacerlo antes de las elecciones de 2011 porque sabía que arriesgaba su candidatura y gobernó todo su segundo mandato con esa restricción a la economía. Obviamente que luego le dejó el problema a Cambiemos para desarmarlo, las ventas de futuros de dólares, el atraso cambiario y en las tarifas de los servicios públicos.

Estas estrategias de pisar el tipo de cambio y las tarifas de los servicios públicos no son nuevas, José Ber Gelbard lo hizo en 1973 con la famosa inflación cero que desembocó en el rodrigazo de 1975. La tablita cambiaria de Martínez de Hoz duró hasta casi el final del mandato de Videla y solo devaluó un 10% en febrero de 1981 a pedido de su sucesor, Lorenzo Sigaut, pero en 1981 el tipo de cambio terminó disparándose. Raúl Alfonsín hizo algo parecido, primero con Bernardo Grinspun, luego con el Plan Austral, pero en particular con el Plan Primavera. Es decir, no es nuevo eso de querer generar una confianza artificial en el peso o, dicho de otra manera, una tranquilidad ficticia en el mercado de cambios.


Por el lado de la actividad económica, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec, un indicador que anticipa el comportamiento del PBI muestra que la caída se desaceleró rápidamente en abril al hacer la comparación interanual. El IGA de Orlando Ferreres y Asociados, que es un indicador similar al EMAE, mostró en mayo una suba del 0,3% respecto de un año antes; y del 0,8% con relación a abril.

Finalmente, el aumento del IPC que venía con subas del 4,7% en marzo tiende a desacelerar su crecimiento al 2,5% mensual. El porcentaje de inflación que en cualquier país normal tienen en un año, en la Argentina se lo festeja si se logra ese rango en un mes.

En definitiva, los indicadores económicos marcan que el Gobierno está logrando su objetivo de llegar a las elecciones con una inflación más baja, un mercado de cambios sin turbulencia y una actividad económica que deja de caer. En unos casos por mejoras reales por la buena cosecha y en la mayoría de las variables por artificios que solo sirven para la campaña.

Condición necesaria, pero puede ser insuficiente

No tengo idea si esta estrategia económica le va a alcanzar para ganar las elecciones luego de desperdiciar casi 4 años en no intentar cambiar el rumbo, aunque sea en el discurso económico. Cambiemos se dejó influir por políticas progres de redistribución del ingreso y poco o escaso estímulo a la atracción de inversiones para sostener el crecimiento de largo plazo.

Pero la cuestión de fondo es qué va a pasar con Argentina luego de las elecciones. Si gana el kirchnerismo volviera al poder, desconocemos si volverán a haber elecciones libres y transparentes. En el caso que ganara el kirchnerismo debatir la política económica pasaría a ser algo irrelevante porque estarían en juego libertades civiles elementales.

La mayor lucha se va a dar en ese campo y no en el económico, aunque el económico va a ser complicado y no sería despreciable la hipótesis de que Cristina Fernández de Kirchner trate de usar a Alberto Fernández como su Celestino Rodrigo. Ella sabe que no va poder hacer el mismo populismo que hizo a partir del 2007 porque el contexto económico es totalmente diferente.

Y si gana Cambiemos desconocemos si vamos a perder otros 4 años con gradualismo o se lanzará a realizar las reformas estructurales. Y en caso de lanzarse a llevar a cabo las reformas, si tendrá la suficiente fuerza política como para hacerlas pasar por el Congreso.

La semana anterior, en esta columna, hacía mención al error que cometió el Dr. De la Rúa al no apoyar el recorte de gasto público de USD 1.600 millones que en ese momento proponía Ricardo López Murphy. Ese error implicó caer en una crisis económica e institucional que se llevó puesto al presidente y derivó en un caos económico que agudizó el peronismo con Adolfo Rodríguez Saá y luego Eduardo Duhalde. El ajuste que vino luego con la devaluación, la pesificación, el corralón, la llamarada inflacionaria y cambiaria fue infinitamente mayor a la que proponía Ricardo López Murphy en marzo de 2001.

Mauricio Macri cometió el mismo error de Fernando de la Rúa, no hacer lo que tenía que hacer en su momento. Se argumentará sobre las condiciones políticas, sociales, etc. pero lo cierto es que el costo político e institucional de no hacer lo que había que hacer en su momento puede ser tan alto como el que ahora está pagando Cambiemos, que está haciendo lo imposible por ganarle a un kircherismo que demostró ser uno de los gobiernos más autoritarios, corrupto e ineficiente que tengamos memoria.

Un gobierno tan malo como el del kirchnerismo hoy no debería ser un rival de importancia para Cambiemos, pero sus groseros errores gradualistas transformaron al kirchnerismo en un competidor electoral. En definitiva, haber errado en las decisiones económicas, hoy está poniendo en juego, ni más ni menos, que el futuro de la democracia y libertades civiles en la Argentina.

Roberto Cachanosky

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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