Jueves, 01 Agosto 2019 00:00

Dujovne sueña con una fotografía sin sorpresas hasta las PASO - Por Fernando González

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El ministro no anunciará nuevas medidas de reactivación. Y se ilusiona con el futuro de proyectos como Vaca Muerta.

 

No va a haber cambios en la economía hasta las PASO. La idea es llegar al 11 de agosto sin sorpresas. Ese es el credo que recitan en estas horas en la Casa Rosada y en el ministerio de Hacienda, que lidera Nicolás Dujovne. Ni el debate tuitero por el déficit fiscal que el ministro libró con Alberto Fernández hace dos semanas. Ni la batalla por las segundas marcas, que inició Cristina exhumando arcaísmos como Pindonga y Cuchuflito, y que le respondió el Presidente defendiendo a las Pymes. Ni el enroque Leliqs por jubilaciones, con el que el candidato presidencial del Frente de Todos intentó atemorizar a los mercados. Una jugada con la que el kirchnerismo busca detener el repunte de Mauricio Macri golpeando sobre su fortaleza de los últimos tres meses: la quietud del dólar y el freno de la inflación.

Por ahora, la decisión es que no haya una respuesta desde el máximo nivel del Gobierno a la provocación de Alberto. Dujovne cree que el candidato de Cristina quedó atrapado por sus imprecisiones y que la estrategia del Banco Central resistirá la prueba de fuego de los días previos a las PASO. Tampoco planea lanzar medidas sorpresivas que ayuden a reactivar el consumo. Nada que pueda modificar el compromiso con el FMI de reducir el déficit fiscal. Las facilidades del Anses para quienes tengan problemas con las cuotas de los créditos UVA no tienen costo fiscal, jura el ministro. Lo mismo que la reedición del Plan Ahora 12, que financian los bancos. Y como los subsidios concedidos a las automotrices para bajar el precio de los autos lograron aumentar un 30% las ventas de los OKM, el ministro está convencido que los $ 1.000 millones de inversión estatal volverán a través de la recaudación impositiva. Los candidatos del macrismo tiemblan mientras caminan los barrios en busca de los votos de los enojados y los desencantados. “Nico quiere que ganemos la elección con un paquete de caramelos”, se quejan por una campaña a la que consideran de una austeridad exagerada.

De todos modos, Dujovne está convencido de que la victoria le sonreirá al oficialismo como lo hizo en 2015 y en 2017. Y espera que la baja en las tasas de interés de los Estados Unidos que acaba de conocerse le permita un respiro al dólar en el camino a las urnas que tiene su primer examen en apenas diez días. La medida de la Reserva Federal era esperada por Macri y por todo el Gobierno. No va a modificar en el corto plazo ninguna variable de la economía real pero permite despejar un poco más la incertidumbre de un período preelectoral que venía hasta hace poco tiempo con expectativas fronterizas con el terror. El tipo de cambio no más allá de los $ 45 y el riesgo país cercano a los 800 puntos es la fotografía con la que sueñan en el oficialismo. El resto es el festival nervioso de las últimas encuestas y el impacto que pueda provocar en la sociedad y en los mercados el sondeo esclarecedor de las primarias.

Para soportar esa tensión, Dujovne intenta empaparse del buen clima que reina en los sectores que menos sufren la recesión y el bajón productivo. Esa es la explicación de la conversión de la secretaría de Agricultura en ministerio, que Macri oficializará el sábado en las tribunas amigables de La Rural. Y es la razón de la movilidad del ministro por algunas regiones del país. El martes, arrastró su optimismo proverbial hasta Neuquén y acompañó al presidente de YPF, Miguel Gutiérrez, y al secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, a visitar las instalaciones de Vaca Muerta. El yacimiento de shale gas y petróleo no convencional es lo más parecido a un trailer cinematográfico de la Argentina potencia que anunció Juan Domingo Perón en su regreso de los años '70 y demora su despegue desde hace medio siglo. Desde entonces se han sucedido los gobiernos, una interrupción institucional por la fuerza y también las desilusiones.

El ministro recorrió las torres de perforación que revolucionaron el mercado del gas y del petróleo mundial cuando se lanzaron a explorar las rocas de los pozos horizontales. Y se detuvo a mirar las máquinas que les inyectan agua y arena para fracturar esas piedras del desierto de Neuquén hasta que se convierten en combustible. Después de un arranque errático en 2012, YPF dio un salto de productividad a partir de 2017 y este año alcanzará una inversión de U$S 2.300 millones asociado a Chevron en el yacimiento Loma Campana, a Schlumberger en Bandurria Sur y a la malaya Petronas en La Amarga Chica. Si a eso se le suman los U$S 2.000 millones que invierten el resto de las compañías en esta zona de 30 mil kilómetros cuadrados, se llegará a U$S 4.3000 millones. Una cifra inesperada que debería conducir al país por el camino de regreso al superávit energético.

Pero el gas de Vaca Muerta necesitará muy pronto más conductos que lo lleven a los centros de producción. Por eso, Lopetegui abrió el miércoles la licitación del primer tramo del gasoducto que llegará hasta Saliqueló, en la provincia de Buenos Aires. Costará unos U$S 800 millones y debería inaugurarse en mayo de 2021. Luego comenzará la construcción del tramo siguiente por otros U$S 1,200 millones que llegará hasta el gran polo industrial de San Nicolás. Para tener noción del retraso que desde hace décadas enferma a la Argentina en términos de infraestructura sólo hay que recordar que el último gasoducto (el que llega a Loma de la Lata) lo comenzó a construir en 1988 Gas del Estado, durante la gestión lejana de Raúl Alfonsín. El país del general Mosconi lleva 31 años sin poner en marcha una obra imprescindible para todas aquellas sociedades bendecidas con el tesoro del gas y del petróleo bajo su suelo.

Los sobres con las ofertas para la puesta en marcha del gasoducto se abrirán el 20 de septiembre. Cuarenta días después de las PASO y treinta siete antes de las elecciones presidenciales. ¿Seguirá Vaca Muerta siendo una política de Estado si el kirchnerismo regresa al poder? La respuesta a ese interrogante encierra el dilema del fracaso argentino. Cada gobierno que llega demoniza los errores, pero también las virtudes de la gestión anterior. Con algunos cambios, Macri continuó el arranque que Vaca Muerta tuvo durante la etapa de Cristina. Sería una tragedia económica que ese y otros polos de desarrollo se detengan gane quien gane dentro de dos domingos.


Fernando González

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