Domingo, 04 Agosto 2019 00:00

¿Y para cuándo el fin de la recesión? - Por Alcadio Oña

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Pronostican un segundo trimestre con crecimiento.

 

Todo muy mesurado, con frases del tipo “leve repunte de la actividad”, “se reduce la caída interanual” o “el consumo masivo desaceleró su caída”. Ni desbordante de optimismo ni innecesariamente amargo, así es el panorama de la economía real que traza un informe del Ministerio de Producción y Trabajo.

Cuenta en uno de los primeros párrafos: “Con los últimos datos (de mayo-junio) , la probabilidad de salir de la recesión es la más alta calculada desde principios de 2017”. Y proyecta, de seguido, que “en el segundo trimestre la economía volvería a crecer luego de cinco períodos de bajas entre trimestres”.

Dos conclusiones surgen nítidas de esos comentarios, y ambas descolocan a quienes corren más rápido de lo que verdaderamente van las cosas.

Una plantea que así el fin de la recesión pueda estar más cerca que nunca, todavía falta algún tiempo para salir del pozo. La segunda conclusión es una cuenta: partiendo de abril del año pasado, arroja 15 meses consecutivos con la economía en el tobogán.

Pero si el punto es cuándo podría declararse el fin del cuadro recesivo, una regla básica advierte que son necesarios dos trimestres de crecimiento al hilo y, tratándose de este año, al repunte del segundo trimestre debería continuarle el de julio-septiembre. El resultado da que la salida formal de la recesión se produciría hacia octubre y la real, en el momento en que la población sienta que las cosas han empezado a cambiar.

Queda claro, además, que en el juego de apuestas sobre qué letra expresaría mejor la recesión ganaron quienes pusieron la L, o sea, una caída vertical de la actividad seguida de un proceso de recuperación bastante largo. Perdieron los que pronosticaron una V, o letras con formatos que significaban caída también vertical pero repunte rápido.

Nada hay de juego, por cierto, en el pantano donde están metidas la economía y las consecuencias que van atadas a la economía. Estamos hablando ya de otro año marcha atrás, después del parate de 2018, al que había precedido el de 2016 y los de 2014 y 2012. Sintetizado, el conteo anota que, de los últimos nueve años, cuatro fueron de crecimiento y cinco de retroceso.

Entre la cantidad y variedad de datos incluidos en el panorama del Ministerio de Producción resaltan varios que informan sobre el bajón del consumo masivo, lo cual equivale a decir que el principal motor de la economía funciona a media máquina, incluso a menos que media máquina. Señalan: . Caída promedio del 8% durante el primer semestre de este año, añadida a otras en fila, aunque de menor magnitud, para 2016, 2017 y 2018. Cuatro períodos redondos.

. Ahora, las ventas de enero a junio. Cantan: repliegue del 30% en el llamado comercio de cercanía, del 10% en híper y supermercados y del 7% en autoservicios. Almacenes y mayoristas, sin cambios.

. Dentro del consumo, desagregados por productos y siempre con signo negativo, sobresalen el 13% en congelados; un 12% en lácteos y 11% en bebidas. Cuidado del hogar dice 9% y cuidado personal 4%.

Con mucha información tomada de consultoras privadas, una pirámide del informe oficial revela cómo está repartiéndose el retroceso del consumo masivo entre las capas sociales. A la clase baja inferior le toca un 12% y el rojo más intenso; el 7% a la baja superior; otro 7% en las media alta y alta y un 9% en la considerada media típica.

La misma pirámide permite ver, además, que las dos capas de abajo, o sea, las de menores ingresos, tienen adentro a la mitad de la población. La media-media, un 28% y las dos de arriba, el 22%.

Detrás de todos los números hay otros números que los explican, aun cuando los golpes que reflejan no sean parejos y existan excepciones a la regla. Casi veinte puntos porcentuales es la ventaja que la inflación le sacó al salario promedio en los últimos doce meses. Agregado, el poder de compra de las familias (empleo y sueldos) marca caída del 11% durante el primer semestre.

Cerca del ministro Dante Sica ponen fichas, ahora, a las mejoras en los ingresos y la demanda que llegan asociadas a las paritarias. Tanto porque calculan que el 90% de las negociaciones ya ha concluido, como porque empezarán a tallar las compensaciones o cláusulas gatillo derivadas del impacto que la inflación les provocó a los aumentos pactados.

Jugará aquí el 70% que el consumo privado representa en el PBI. Y, también, que el aporte de la inversión al crecimiento será nulo: las últimas estadísticas del INDEC señalan desplome del 24,6% y una participación en el Producto Bruto que se ha reducido a menos del 10%, el registro más bajo en años.

Las exportaciones crecen, pero hasta ahora no en la magnitud que se esperaba ni en la que sería necesaria para mover el amperímetro. Implican 15,6% del PBI y suben apenas 2,4% en el primer semestre, lo cual deja al descubierto que el impacto de la devaluación resulta modesto comparado con la escasa competitividad de la producción nacional.

Visto el cuadro completo, se entiende por qué el Gobierno resolvió ampliar la cantidad de bienes incluida en el plan Ahora 12. Lo mismo vale para la prórroga a agosto, quizás hasta septiembre, del programa de subsidios para la compra de autos 0km, sin distinguir si son fabricados en la Argentina o importados.

A propósito, una información de estos días cuenta que julio contra junio los patentamientos crecieron 38,6%, aunque si la medida es julio de 2018 caen 26,4%. Falta conocer el efecto del Ahora 12 sobre las ventas de electrodoméstico, otro sector muy zarandeado y “muy rezagado”, según afirman las estadísticas y los comerciantes.

Junto a los créditos para jubilados bancados por la ANSeS, el paquete no sólo busca levantar la demanda y beneficiar a sectores de menores ingresos. Es también una movida con un perceptible aroma electoral.

El problema es que no todas las cosas son siempre del color que uno quiere, tal cual se vuelve a comprobar con la divisa color verde. Sea por factores externos o por cuestiones internas, o por una mezcla de ambos, lo cierto es que el dólar subió 3% en la semana y acumuló 5% en apenas quince días. Demasiado, cuando la proximidad de las PASO manda como nunca sostener la paz cambiaria.

Está visto, nada termina de aliviar la tarea de Guido Sandleris, el jefe del Banco Central, ni su compromiso con el Presidente en el sentido de que mantendría a raya al demonio. Aun apelando a las reservas que acumuló en compras de dólares a futuro.

Todo ocurre justo cuando las últimas encuestas señalan que los tantos de Mauricio Macri han crecido hasta casi emparejar a los de Cristina Kirchner, su verdadera enemiga en la batalla del próximo domingo. O sea, en el momento menos propicio.


Alcadio Oña

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