Miércoles, 07 Agosto 2019 00:00

Guerra de monedas: ¿es éste el "cisne negro" que puede alterar el proceso electoral? - Por Sergio Berensztein

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Era evidente que la agudización del conflicto entre China y EEUU iba a generar repercusiones. Lo más importante es ver cómo puede impactar en el escenario no solo de las PASO sino también de las generales de octubre.

 

El renovado proteccionismo de la era Trump, la pérdida de peso relativo de los organismos multilaterales y la crisis de los refugiados ponen de manifiesto los problemas y consecuencias negativas que trae aparejada la globalización. Con la agudización del conflicto comercial entre Estados Unidos y China, y la posterior la devaluación del yuan, la fase crítica por la que atraviesa la globalización se ha profundizado en las últimas horas. En consecuencia, los mercados del mundo tiemblan.

Las guerras de monedas no son nada nuevo. Históricamente, ante la imposición de sanciones comerciales, los países afectados que intentan exportar devalúan sus monedas para compensar los costos sufridos y ganar competitividad por medio del tipo de cambio. Lo que presenciamos no es más que la comprobación de algo que los historiadores económicos saben desde hace muchísimo tiempo.

Al margen de la mecánica o de la lógica desde el punto de vista del sistema internacional, lo más importante es cómo puede impactar en el escenario electoral. Quiero referirme a ambos aspectos, a la lógica internacional y al eventual impacto justamente en esta última semana antes de las PASO, pero, sobre todo, de cara a las elecciones de octubre. Lo primero es que pueden cambiar los líderes, las etapas o los protagonistas, pero por algo la historia nos permite claramente entender episodios que muchas veces no se repiten en su totalidad, pero nos dan claves para comprender y para predecir comportamientos y resultados.

Era evidente que la agudización del conflicto comercial (recordarán que hace poco Donald Trump anunció más aranceles o sanciones adicionales a China), iba a generar algún tipo de retaliación, es decir, de respuesta por parte de China, en esta dinámica de guerra donde lo comercial invade el tipo de cambio. Ambas cosas hay que mirarlas como las dos caras de la luna: las sanciones comerciales afectan a las exportaciones de un país y éste busca compensar esa pérdida ganando competitividad, haciendo más baratas, en todo caso para los consumidores de los países que imponen las sanciones, los productos que son objeto de sanciones comerciales.


Por eso, están muy vinculados ambos aspectos: la guerra comercial con la guerra de monedas. Pero se preguntarán ¿cómo se queja Trump de la devaluación si en alguna medida él promovió esto con sus medidas unilaterales de sanciones comerciales? Es la lógica de la guerra donde siempre la culpa la tiene el otro. Trump viene anunciando la manipulación del tipo de cambio chino hace tiempo y en todo caso esto comprueba su hipótesis. Esto nos demuestra que en la guerra cuando es “palo y palo” nunca hay fin, porque siempre existe la posibilidad de tener un palo más grande, una sanción más fuerte, un ataque más abarcador, generar más daño en el otro.

Lo ideal es buscar una negociación pacífica y evitar el conflicto, sentarse y llegar a un acuerdo distinto, que contemple los intereses de ambas partes, que siempre es más complejo, pero peor y más caro es continuar la guerra. Ante esto, ¿cómo han reaccionado todas las monedas del mundo? En general ha habido devaluaciones en todos los países emergentes y, por ejemplo, hemos visto caer el real en Brasil, lo que demuestra que no sólo únicamente la moneda argentina fue la que se depreció como resultado de esta guerra comercial.

Esto es importante porque hasta ahora la capacidad de mantener relativamente estable el tipo de cambio modificó el escenario electoral doméstico de forma muy significativa. La imagen del presidente Macri aumentó muchísimo a partir de abril y el clima cambió completamente, no fue posible controlar la inflación, pero sí que se siga acelerando y de hecho se desaceleró gracias a la capacidad del Banco Central de utilizar incluso los recursos del Fondo Monetario para evitar esa volatilidad que teníamos antes.

Éramos conscientes de que teníamos chances de que hubiese volatilidad ya sea por el comportamiento típico de los argentinos que antes de las elecciones preventivamente compran dólares o por el resultado de las PASO el domingo, en caso de que no fuera tan favorable al oficialismo. Pero había chances de escenarios de volatilidad relativa del tipo de cambio y hasta el episodio de la guerra de monedas la respuesta convencional del Banco Central es que tenía recursos suficientes.

Al estar frente a un escenario internacional distinto, la pregunta es si sigue el Banco Central con los recursos suficientes como para asegurar estabilidad del tipo de cambio o esta modificación global efectivamente altera aún más nervios y produce una turbulencia sistémica adicional que puede poner en juego esa capacidad del Banco Central de manejar esta incertidumbre. Es decir, lo que estamos viendo ahora con el yuan, ¿modifica o no el escenario base que teníamos donde el Banco Central (gracias a la flexibilidad del FMI) tenía los recursos suficientes para frenar una eventual corrida del dólar y asegurar a los ahorristas que, con algo de movimiento, ya que puede pasar de 42 a 46, el dólar no se dispararía?

Son variaciones en el margen teniendo en cuenta las maxidevaluaciones que hemos visto en otros países, son devaluaciones, especialmente las que tuvimos ayer, parecidas a las de otros países emergentes. Esta es una primera incógnita que conviene tener en cuenta porque solamente el tiempo nos podrá ayudar a evaluarla, ya que dependerá del comportamiento de los inversores y de los ahorristas.

Sin ser un especialista en mercado, en principio los inversores sofisticados siguen todos los mercados y entienden que esto es un movimiento global y no una cuestión idiosincrática específica de la Argentina. El principal riesgo aquí es que los ahorristas argentinos, que todavía tenían pesos en cajas de ahorro, en la cuenta corriente, en plazos fijos o acciones, es decir que tenían activos en pesos, que demandaban pesos, se asusten y en esta guerra de monedas sientan que quedarse en la moneda doméstica es riesgoso y que demanden dólares. Es decir, que el estímulo para la dolarización no sea solamente el proceso electoral, sino que se agregue un factor adicional, que insisto no en los inversores profesionales sino en los ahorristas locales les haga modificar sus ganas de quedarse en pesos.

Ahora ¿esto puede modificar el resultado de las elecciones? Por supuesto que no lo sabemos, pero podemos especular que hasta ahora cuando hubo volatilidad efectivamente el resultado ha sido que para Macri era un gran inconveniente y que su imagen quedaba erosionada. De hecho, su imagen se recuperó a partir de fines de abril, cuando se frenó la volatilidad. ¿Necesariamente pasará ahora lo mismo? Dependerá muchísimo de la capacidad del gobierno de explicar lo que está ocurriendo, de la capacidad de comunicar a los ahorristas de que el mundo vive un cimbronazo y que no tiene que ver exclusivamente con la Argentina, la guerra comercial fue avanzando y generando riesgos sistémicos y éste es uno de ellos, pero puede revertirse; que se tomarán las cartas pertinentes en el asunto y se cooperará con otros países para influir en que China y Estados Unidos se sienten a negociar… Es decir, hay mucho que se puede comunicar y hacer para calmar a los mercados más allá de lo que pueda hacer el Banco Central, porque aquí hay una cuestión, además de lo material, más intangible o simbólica, que es la confianza. Hay una función fundamental de los gobiernos que es pedagógica: es explicar.

Todos estos movimientos de economía política internacional, guerra de monedas, guerra comercial, son muy sofisticados y el ahorrista promedio no tiene porqué conocerlos en profundidad. Con lo cual, es muy importante que el gobierno tenga voceros creíbles, funcionarios en particular, que puedan salir a explicar esto, traer calma y no sólo por una función estrictamente electoral para favorecer al gobierno, sino para evitar turbulencias que alteren un clima electoral donde estábamos empezando a discutir algo de política y no estamos metidos en un caos sistémico que aturde a la gente y genera comportamientos defensivos por miedo.

Estamos ante una gran oportunidad para que el gobierno muestre que tiene argumentos. Me parece muy poco lógico y hasta cobarde decir que no hacen falta argumentos para votarlo. Creo que la democracia requiere un proceso deliberativo, aunque la gente también después vota con el corazón y no solamente con el bolsillo, vota con emociones. Pero renunciar a la argumentación, a la explicación y a la pedagogía es renunciar a una de las cosas más interesantes que tiene la democracia y que es el proceso de aprendizaje. De todos, individual y colectivo, y, sobre todo, comprensión de problemas complejos y de la capacidad limitada que tienen los estados no solamente periféricos o acotados en su capacidad de acción, emergentes, sino también países centrales que no tienen mucho por hacer en este contexto donde dos potencias se están enfrentado con estos conflictos de características comerciales y también monetarias.

Así que no renunciemos a la democracia, no renunciemos a la argumentación. Es una gran oportunidad incluso para que la oposición dé su visión al respecto, para que todos nos cuenten qué opinan de este conflicto y cómo lo enfrentarían si son gobierno. Porque es fácil criticar, pero obviamente hay que estar sentado en el medio de la trinchera y reaccionar ante un contexto de tanta incertidumbre y volatilidad.


Sergio Berensztein

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